Iba para pintor, pero en su camino se cruzó la filmografía de Francis Ford Coppola y su vida dio un brusco volantazo. Algo que confirmó cuando descubrió al resto de los autores que conformaron a finales de los 60 el denominado Nuevo Hollywood, como Martin Scorsese, William Friedkin o Peter Bogdanovich. A los 25 años, ganó el León de Plata a la mejor dirección en el Festival de Venecia con Cuestión de sangre (LittleOdessa) (1994), su primera película, protagonizada porTim Roth, Edward Furlong y Vanessa Redgrave. Allí ya se encontraban algunos de los temas recurrentes en su filmografíacomolos lazos familiares. Y también cuestiones de estilo, como esa predilección por la narración a través de los diálogos y la construcción de espacios mediante la cámara.

Desde entonces ha firmado títulos imprescindibles en el cine 'made in USA' de las últimas dos décadas como La otra cara del crimen (2000), La noche es nuestra (2007) o Two Lovers (2008), en la que trasladó de una manera magistral el espíritu de la novela breve Noches blancas, de Dostoyevski, a las calles de Nueva York, que le han confirmado como el director más europeo entre la generación de directores americanos en la que podría figurar su amigo Paul Thomas Anderson, también defensor a ultranza del cine rodado en 35 milímetros. Sin embargo, en su último proyecto, Ad Astra, ha tenido que abrazar la tecnología digital para retratar una verdadera odisea en el espacio que comienza en la Tierra, pasa por la Luna y Marte y acaba en Neptuno.

Tras colaborar en cuatro ocasiones con Joaquin Phoenix, ahora su estrella es Brad Pitt, que también ejerce como productor del film. El film está ambientado en el futuro y el actor interpreta a un astronauta, que como un moderno Ulises debe emprender su propia Odisea. En este caso no es por los mares, sino en el espacio, y el objetivo no es volver a casa, sino encontrar a su padre, un veterano explorador espacial (Tommy Lee Jones) que lleva tres décadas perdido entre las estrellas. Un film con referencias a su amado Coppola, a Stanley Kubrick o al Solaris de Andréi Tarkovski.

 

 

Hace dos años, cuando estaba presentando Z. La ciudad perdida ya hablaba de sus ganas de hacer Ad Astra, ¿por qué le obsesionaba tanto este proyecto?
Kurt Vonnegut escribió en 1959, mucho antes de las expediciones lunares, Las sirenas de Titán, un libro muy interesante que comienza explicando que los seres humanos siempre hemos mirado hacia afuera. Como si hubiéramos tirado una piedra al espacio a ver qué había, y lo único encontráramos fuera muerte, sin sentido y comedia barata. Y pensé que era una forma muy hermosa de empezar. En esta película encontré la forma de exponerme a mí mismo, que es lo que siempre quiero, pero en el entorno de un viaje espacial que funciona perfectamente como contraste. Ese contraste hace que mi intimidad sea aún más poderosa, y esa es la idea que me ha obsesionado durante todo este tiempo. 

 

Y también vuelve a haber en esta película un viaje...
En el caso de Z. La ciudad perdida me acuerdo que pensé que aquellos conquistadores europeos que llegaron a América debieron tener la misma sensación que si hubieran ido a Marte. Un nuevo continente que en el siglo XVI era algo desconocido y peligroso como un planeta lejano.

Francois Duhamel

 

¿Hasta qué punto fue importante la entrada de Plan B, la productora de Brad Pitt, a la hora de desarrollar una producción más grande, distinta a las que está habituado?
Brad ha sido una figura decisiva en esta película. Ha colaborado mucho y yo he intentado también como director ser muy abierto y cooperar... Los productores de Plan B son muy importantes y se les da muy bien su trabajo, pero durante el rodaje no tuvieron tanta influencia, porque estaba trabajando todo el rato directamente con Brad, de una forma muy íntima y cercana. Por ese motivo la maquinaria de la productora no estaba tan presente.

 

¿Siempre tuvo claro que, además de productor Brad Pitt, sería el protagonista del largometraje?
No, la respuesta a tu preguntas es que nunca puedes escribir el guion pensando en un actor. Si lo haces así y no lo quieren hacer te vas a deprimir o incluso vas a querer dejar de hacer esa película. Intento crear los personajes a través de la imagen de gente conocida, en este caso en la de los grandes astronautas americanos, o de grandes estrellas del cine clásico. Digo: “Esto le vendría genial a Spencer Tracy”. Pero actores del pasado. Si luego da la casualidad de que consigues un actor fantástico, genial.Es verdad que puedo haber escrito en alguna ocasión pensando en Joaquin Phoenix, con el que he rodado varias películas, o en Marion Cotillard, pero es que los conozco muy bien. Pero, en general, trato de evitarlo.

 

Es una pequeña broma, pero puede ser uno de los directores que más primeros planos ha rodado de Pitt y nunca le saca en pantalla comiendo, algo que suele ser habitual en sus personajes.
En esta película es que la alimentación es distinta, porque está en el espacio (risas). Yo creo que los primeros planos, dentro de la historia del cine, son una de las grandes bazas de los realizadores. Piensa en la primera vez que un director, que ahora mismo no recuerdo quién, hizo un primer plano. La gente debió pensar que dónde estaba en ese momento el cuerpo. La cámara capta más de lo que puede captar una persona que se sitúa frente a otra, para los directores es nuestra gran baza y un gran arma. Por eso la gran pantalla tiene ese poder tan increíble.

 

Aunque cambie de género y abrace la ciencia ficción, en esta película sigue estando presente ese interés suyo por las relaciones familiares, en este caso padre-hijo.
Llevas toda la razón. En parte es una cosa que sale de forma inconsciente. Cuando hago una película no me propongo hacer la misma otra vez (risas). Pero al final el resultado parece el mismo. Es extraño, porque aunque el contexto sea nuevo, diferente, cuento cosas parecidas, trato de ser personal... Pero el hecho de que el entorno sea distinto, consigue que todo parezca nuevo. Es un reto, porque a veces uno no se gusta como persona y se cansa de expresar sus relaciones más íntimas. Pero es lo que me gusta hacer. Y es raro, porque, por ejemplo, mi relación con mi mujer es maravillosa y muy saludable. Y también con mis tres hijos. Somos una familia muy unida y ese nivel de confianza hace que nuestra relación no sea interesante. Los conflictos son mucho más interesantes (risas). Igual por ahí viene mi interés en las relaciones familiares.

 

La banda sonora de la película es de Max Ritcher, pero por momentos parece que puede sonar The End, de The Doors, en Apocalipsis Now o la banda sonora de 2001, una odisea en el espacio, que creo que son dos de las grandes referencias de la película.
En el caso de la segunda película, el viaje espacial se presenta en un tono más verosimil. Y cuando decides hacerlo así tienes que aceptar algunas normas o bien subvertirlas. Porque, por ejemplo, en el espacio no hay sonido. Kubrick ya había hecho muchas cosas de estas y yo no me podía limitar a repetirlas. Lo que sí he hecho es tomar prestados algunos elementos de otra gente.

 

¿Por ejemplo?
De esos compositores de música minimalista de los 60. Por ejemplo, el sonido de fondo que acompaña todo el principio de la película es en realidad Tommy Lee Jones diciendo “I love you, my son” en un loop continuo. Y esto aparece de forma continua en la cinta. Quizá me han inspirado en esto también las dos películas que dices, pero no pasa nada porque hay que robar de los mejores (risas).

 

Ad Astra se ha presentado en Venecia, un festival donde usted recibió un premio importante siendo muy joven, ¿tuvo que luchar mucho para que ese premio no pusiera su ego por las nubes?
Para empezar, te voy a responder que soy una persona que tiene muchos defectos, pero uno de ellos no es el ego (risas). Así que no he necesitado que nadie me ponga de nuevo los pies sobre la tierra. Te voy a contar una historia graciosa. Cuando era universitario pensaba que era el mejor, que era increíble, y entonces sí necesitaba que alguien me bajara los humos. Pero llegó mi primera película. Tenía grandes actores, que se portaron muy bien conmigo. Todo parecía fácil y yo pensaba que era un genio. El 5 de marzo de 1994 fui a ver el primer montaje de la película y te puedo decir que es lo peor que he visto en mi vida (risas). Mi ego no se ha recuperado de ese shock. A mí nadie tiene que bajarme los humos porque mucha gente me ha dicho: “¿Eres James Gray? Pues tus películas son espantosas. Qué malas películas haces”. Me lo dicen continuamente (risas). Así que tranquilo conmigo, no me van a tener que bajar los humos. Soy muy corriente, de andar por casa.

Francois Duhamel