Se acaba de celebrar una nueva edición del festival Burning Man. Miles de personas han vuelto a reunirse en un remoto rincón del desierto Black Rock de Nevada para compartir durante unos días una metrópoli temporal dedicada a la comunidad, al arte la expresividad y la independencia. El tema inspirador de este año ha sido la Metamorfosis.

La historia de este festival se remonta al verano de 1986 cuando un par de amigos quemaron una estatua de dos metros y medio de altura en una playa de San Francisco, creando así una insólita tendencia que con el tiempo daría pie a uno de los eventos más originales del calendario festivalero. Su crecimiento desde entonces ha sido exponencial y actualmente se ha convertido en inspiración para otros muchos festivales repartidos por todo el mundo.

 

Una manera distinta de vivir

Dada la repercusión que tuvo aquella improvisada hoguera y que paulatinamente ha ido adquiriendo ha ido adquiriendo a lo largo del tiempo, el Festival Burning Man se celebra actualmente en el corazón del desierto Black Rock City, en Nevada, Estados Unidos. En cada edición ha ido aumentando el número de asistentes hasta superar hoy en día los 60.000.

La cita tiene lugar entre el último domingo de agosto y el primer lunes de septiembre. Este año las fechas lo han situado en el calendario desde el 25 de agosto al 2 de septiembre. De nuevo en las cálidas arenas del desierto han acogido a un público fiel que acude a este festival que no es de música, ni de atracciones, ni de entretenimiento, ni una feria monotemática, con el fin de escapar de la rutina diaria, de las obligaciones y del voraz capitalismo y dejar volar su imaginación y desarrollar su creatividad. Burning Man se define a sí mismo como una `metrópoli temporal´ dedicada al arte, la autosuficiencia y la libertad de expresión.

 

Una de las características más destacadas de este festival anual es que arquitectos de todo el mundo concurren con sus proyectos más creativos y plantean, junto artistas, creadores y diseñadores, instalaciones y pabellones excepcionalmente originales. Esto es posible en parte a que en donde tiene lugar el festival, Black Rock City (BRC), no es un pueblo en sí, o un municipio. No tiene gobierno ni una autoridad que lo regule, así que solo existe durante la semana en la que se desarrolla el encuentro. Una ciudad temporal construida por y para los asistentes al festival

 

La Metamorfosis como concepto guía

BRC elige cada año un motivo y todos los que quieran participar en él con una instalación o un diseño deben ajustarse a este requisito. No es muy complicado, ya que dada la total libertad que rodea todo el planteamiento de la convocatoria, casi cualquier propuesta se admite. Las personas que acuden al desierto montan todo tipo de artilugios e ideas, desde coches adornados artísticamente, monumentos, construcciones. Lo más parecido que tenemos en España podrían ser las Fallas valencianas, pero en este caso la creatividad y la modernidad van muy por delante de la tradición.

 

Otra curiosidad que hace único a este festival es que algunos de los proyectos presentados por artistas, arquitectos y diseñadores de cualquier rincón del planeta entran en un sistema de crowdfunding a través de la web del BRC para sacar adelante su creación e instalación. Muchos se presentan como simples bocetos, otros como imágenes creadas con realidad virtual y algunos, los menos, como obras en proceso de construcción en el taller de su creador. Muchas de ellas, además, terminarán ardiendo en inmensas hogueras. Y no puede faltar, lógicamente, una pira para ese Burning Man, la estatua destinada a arder el último día, que dio nombre al festival y que puso en marcha toda esta inigualable fantasía. Por cierto, ha crecido y hoy en día puede llegar a medir hasta 32 metros de altura.

El escenario de este año estaba inspirado en la entrada del Santuario Fushimi Inari en Japón. Sus puertas Torri dieron pie a unos arcos de madera para crear un paisaje lineal por el que se accede a una gran sala llamada El Templo de la Dirección. El diseño era obra del arquitecto estadounidense Geordie Van Der Bosch.

Junto a todas esas muestras artísticas e instalaciones, también hay carpas para rituales supuestamente ancestrales o simplemente curiosos y divertidos, pistas en donde acróbatas plantean performances circenses muy cercanas a los espectáculos del Circo del Sol, cabinas de DJ´s, zonas de relax o de compartir experiencias… Todo lo que la imaginación y la libertad permiten concebir y crear es posible hallarlo en este marco. El público, los auténticos `burning men´, se pueden encontrar cualquier cosa sobre la que interactuar. Un espacio donde cualquier cosa es sorprendente y el margen para experimentar es infinito.