Para James McAvoy (Glasgow, 1979), la de actor fue vocación sobrevenida, algo que se cruzó en su vida de manera inesperada y le hizo cambiar de planes. Escocés de familia católica, McAvoy tenía firmes intenciones de ir al seminario y formarse para ser sacerdote. En concreto, quería ser misionero, una dedicación en la que veía la perfecta oportunidad de dedicar su vida a recorrer el mundo. Sin embargo, empezó a cambiar de planes en cuanto comprendió que viajar era para él mucho más importante que la religión en sí, señal inequívoca de que no tenía una vocación demasiado sólida.

Otras ideas fueron cristalizando poco a poco en él hasta que la actuación se cruzó en su camino por accidente, cuando el director David Hayman fue a su colegio a hablar de la industria cinematográfica. El joven James quedó tan prendado de la charla que se acercó al director al final de la misma para pedirle trabajo. Hayman cogió el guante y le contrató para la película en la que estaba trabajando por entonces, The Near Room (1995).

Fue en Band of Brothers (2001), la miniserie de HBO producida por Steven Spielberg y Tom Hanks lo que le hizo saltar a la fama y que no pararan de llegarle ofertas como La Crónicas de Narnia (2005), The Last King of Scotland (2006) o Expiación, junto a Keira Knightley. El resto es historia, con capítulos tan destacados como la saga de los X-Men o sus colaboraciones con M. Night Shyamalan en Glass y Split.

En esta ocasión interpreta a la versión adulta de Bill, uno de los miembros del Club de los Perdedores de It, novela de Stephen King cuya primera parte dirigida por Andy Muschietti batió records de recaudación en taquilla. En It : Capítulo 2, James une fuerzas con el club, ya adulto, de perdedores junto a Jessica Chastain, Jay Ryan, Bill Hader, Andy Bean, Isaiah Mustafah y Jason Ransone.

 

Leyó usted la novela de King siendo aún muy joven. ¿Qué impresión le causó?
En efecto, la leí de jovencito. Pero volví a leerla cuando tenía 38 años, por lo que mis recuerdos recientes han sustituido a los más antiguos. La recordaba como una simple historia de terror y me encantó descubrir, ya adulto, que era mucho más que eso. De hecho, me recordó un poco a grandes películas sobre el paso de la infancia a la adolescencia como Stand by Me, Los Goonies o Breakfast Club, con esos niños que despiertan a la vida rodeados de adultos frustrados que se preguntan por qué sus relaciones no funcionan. El libro tiene tintes de comedia y hace un retrato muy interesante de la América rural. Leyendo el libro, se nota que Stephen King vive allí y sabe bien de lo que habla.

 

Los chavales de la novela tienen en común tanto su carácter de marginados como una cualidad muy llamativa, la imaginación. ¿Perdemos esa cualidad en cuanto crecemos o solo se transforma y se queda, de alguna manera, en letargo?
Creo que eso tiene mucho que ver con la tendencia a los niños a vivir centrados en sí mismos. No tienen grandes responsabilidades ni preocupaciones prácticas, así que miran en su interior, y ahí dentro hay un universo infinito para explorar. Cuando nos vamos haciendo mayores miramos más hacia el mundo que está ahí afuera debido, sencillamente, a que tenemos que ocuparnos de más cosas y esto nos obliga a centrarnos cada vez menos en nuestra vida interior. Es como tener que pasar de una paz interior a lidiar con todo lo demás. No pienso que tengamos menos capacidad imaginativa, pero sí mucho menos espacio y tiempo para desarrollarla.

 

¿La profesión de actor no es idónea precisamente para eso, para seguir cultivando la imaginación?
Sin duda. En cierta manera, mi trabajo es como un juego. He crecido, pero sigo jugando. La imaginación es muy importante. Es lo que nos separa de los animales, ¿no crees? Tenemos la habilidad de crear y proyectar ideas y conceptos que acaban dándonos forma. Es la esencia de la humanidad.

 

It: Capítulo 2 es una película que transciende el género de terror. Derry es una ciudad adormecida que está al margen de lo que está pasando. ¿Cree que en cierta forma se puede extrapolar a nuestra sociedad actual?
Si te soy sincero, no creo que esa fuese la intención del autor. Pienso que cuando Stephen King escribe sus libros, intenta plasmar su experiencia en la comunidad en la que vive y conoce bien, pero no creo que conscientemente esté intentando mandar ningún mensaje de lo que ocurre en Estados Unidos en su conjunto. No creo que sea una especie de analista, sino más bien un observador curioso de esos fenómenos y esos ambientes de los que hablan sus libros.

 

¿Es la suya una profesión que permite conocerse mejor a uno mismo y, hasta cierto punto, ser mejor persona?
No sabría decirte, pero sí es cierto que los actores nos pasamos la vida pensando por qué los personajes que interpretamos hacen las cosas que hacen. Así que, por ende, acabas examinándote a ti mismo. Contestando a tu pregunta, te diría que tal vez sí. Estudiamos mucho el comportamiento humano, lo cual puede que sea bueno o no. En general, para mi, creo que ha sido bastante saludable. Me fascina lo que hace reaccionar a la gente. Puedo entender que para algunos no sea muy saludable. La actuación te puede jugar una mala pasada, pero también ser un ejercicio muy terapéutico.

 

¿Cuál es su momento favorito de la película?
Cuando Bill (mi personaje) se enfrenta a sus demonios. No te quiero revelar lo que pasa porque te arruino la escena. Luego tuvimos una escena todos los perdedores, que al final no sale en el filme, pero que es uno de los momentos más especiales que he sentido en toda mi carrera, cuando estábamos en la piscina con todos ellos.