Aunque hace semanas que terminó el rodaje de En el corredor de la muerte, Miguel Ángel Silvestre (Castellón, 1982) aún no ha conseguido quitarse de encima ese acento “cubano de Miami” que caracteriza a su personaje en la serie. Pablo Ibar, hijo de padre vasco y de madre cubana, fue condenado por un triple asesinato y lleva 25 años en prisión en Florida (Estados Unidos), gran parte de ellos, concretamente 16, los pasó en el corredor de la muerte, desde donde siguió defendiendo su inocencia. Hace poco recibió una buena noticia, pasó de esperar su muerte a la cadena perpetua. A sus 46 años, la mayoría de ellos privado por completo de libertad, su lucha sigue.

El relato de los hechos lo reconstruyó Nacho Carretero, autor también de Fariña, en un libro con forma de apasionante crónica periodista. Y ahora tiene su adaptación televisiva en la serie que se estrena el próximo día 13 de septiembre, y en la que Silvestre hace frente a uno de los personajes más intensos de su carrera.

Se nota que Pablo Ibar ha dejado huella en el actor, no solo por el acento sino también por la intensidad con la que habla de caso, por cómo se emociona cuando recuerda el sufrimiento del protagonista y también por la forma en la que se agarra, siempre que puede, a la esperanza de ver a Pablo lejos de la cárcel, con su mujer y el resto de su familia, y en España, que es donde él quiere estar.

Enrique Cidoncha

 

¿Qué conocía del caso de Pablo Ibar antes de leer el guion?

Había leído en las noticias cosas sobre el proceso que él estaba viviendo, pero de una manera muy vaga. Tampoco tenía un juicio concreto sobre el caso. Aunque me cuesta tener juicios en la vida ante la la incertidumbre. Pero sabía poco. Entonces me llega la propuesta de Bambú, la productora, para hacer el casting y comienzo a ver vídeos de él, pero sin tener la corazonada de que lo iba a hacer. Pensé que si me cogían ya tendría tiempo. Primero mandé una prueba desde Los Angeles, la vio Carlos Marqués-Marcet, el director, pero estaba lejos de lo que él quería...

 

¿Qué le dijo?

Que le gustaba la expresión, pero que necesitaba trabajarlo más. Cogí un vuelo, vine para Madrid e hicimos una prueba de cuatro horas y media en Lavapiés. Una semana después me dijeron que sí, que quería trabajar conmigo, y en ese momento ya decidí hablar con Nacho Carretero, el escritor del libro, que yo ya había leído previamente. Nacho es el que más le conoce, es el que más tiempo ha pasado con él. Recuerdo que me mandó una imagen por WhatsApp, que le había mandado una forense facial, en la que se veían diferencias entre Pablo y la foto del asesino. Hay diferencias entre ellos, una cicatriz que no tiene, una mandíbula más ancha... Pero sobre todo de espaldas no se parecen, él me enseñó una foto de ambos desde la nuca y él no tiene las orejas tan separadas como el asesino. Son varias cosas por las que se puede defender que no es Pablo, aunque lleve el mismo corte de pelo y ese bigote tan típico de la época. A partir de todo lo que sabe Nacho sobre el caso, me vi dispuesto y dije “adelante, vamos a hablar sobre la inocencia de Pablo” y estoy muy contento de esa decisión.

 

En el libro no se juzga si es culpable, se cuenta la historia y se habla de las posibles irregularidades en la investigación y en el juicio, ¿tiene la serie el mismo objetivo?

Igual que ahora están saliendo a la luz documentales o series como Making a Murderer (2015) o Así nos ven (2019), se trata de ver los errores o manipulaciones que puede llegar a haber en un vídeo. Y qué relación tiene eso con lo que está sucediendo culturalmente en el momento y cómo eso influye en una decisión. Pablo vive en una época en la que, justo antes, había sucedido lo de O. J. Simpson. De alguna manera la gente piensa que se ha cometido un error liberándolo. Eso afecta de una manera negativa en otro caso. La gente estaba crispada y necesitaba culpables. Yo tengo esperanzas. Me llamó mucho la atención cómo la familia celebraba la cadena perpetua y no la pena de muerte tras la última sentencia. Pensé lo importante de esa pequeña victoria, que les hacía sonreír ante semejante justicia que están viviendo. Me puso la piel de gallina.

Diego López Calvín

 

Él ha pasado 25 años en prisión, gran parte de ellos en el corredor de la muerte, y sin embargo nunca ha tirado la toalla.

No, no lo ha hecho. Estudiando a fondo, viendo sus vídeos, analizando otros casos... Pienso que si eres culpable llega un momento en el que tiras la toalla. La vida de la gente que más quieres deja de ser vida en el momento en el que entras en prisión. Porque no solo es Pablo el que está en prisión, también está su padre, su mujer, su madre que en paz descanse, su hermano... todos ellos están prisión. Si eres culpable, llega un momento en que confiesas. La única manera de aguantar tanto tiempo en la cárcel es porque crees firmemente en tu inocencia y quieres que se te recuerde como inocente. Podía haber negociado, pero para él es más importante su honor y demostrar que es inocente.

 

¿Intentó hablar con Pablo Ibar en algún momento?

Justo en la preproducción lo solicité, entonces se encontraba en prisión preventiva esperando al juicio. Estaba fuera del corredor de la muerte, pero solo podía hablar con el abogado ni quiera con la familia. Era imposible ir a verlo. Me sentí tentando de hablar con su familia, pero mi madre me dio un buen consejo. 

 

¿Cuál fue ese consejo?

Me dijo que ellos estaban pasando por algo muy duro, que se estaban jugando la vida de su hijo, y yo entendí que no era el momento de hablar con ellos cuando estaban pasando uno de sus mayores calvarios. No me parecía bien llegar y decir: “¿Cómo es vuestro hijo?”. Hablé mucho con Nacho y vi mucho material audiovisual de él. De esa manera intenté captar su energía y esa forma tan peculiar que tiene él.

Diego López Calvín

 

¿Cómo se lo definió Nacho Carretero?

Me dijo que era una persona muy sencilla y también bastante transparente. Que no es especialmente emocional, no tiene una personalidad con picos. Es más modesto y sencillo, algo muy vasco, que es donde están sus orígenes. Esa capacidad para vivir las emociones desde un lugar más sencillo. Siendo de madre cubana y teniendo ese rollo cubano, quizá esa otra parte le viene del padre vasco.

 

En la serie, usted realiza un trabajo increíble con el inglés y el acento cubano, ¿cómo desarrolló a ese nivel el personaje?

Lo primero que hice fui ir a Cuba por el tema del acento, y tuve la suerte de dar con un actor cubano con el que leí las escenas y también improvisábamos. En la serie la improvisación ha sido importante. Intenté trabajar a fondo este tema para llegar a ese acento cubano de Miami que tiene él, y que es tan peculiar. Él no vivió en Cuba, pero creció con una madre cubana.

 

Aunque se tratara de un decorado, ¿da angustia sentirse físicamente en el corredor de la muerte?

Quiero ser muy honesto con las sensaciones que tuve. A pesar de ser un rodaje duro por lo que estábamos contando, mi prisión tenía solo tres paredes. La cuarta pared de mi prisión era la cámara. Con Jacobo Martínez de director de fotografia, con la persona encargada del foco, con la que movía la cámara... Son tres personas de las que yo recibo mucho cariño directo. Es una de las relaciones más bonitas de mi profesión. Son tres personas que en ese momento te dan mucho amor, y viven un instante muy privado contigo. No podría decir que me pareció un lugar asfixiante. No me puedo llegar a imaginar, ni de cerca, cómo es estar encerrado entre cuatro paredes, donde solo recibes una energía árida y hostil.

Enrique Cidoncha

 

Al director de la serie, Marqués-Marcet, le conocemos por películas muy intimistas, la última Los días que vendrán (2019), ¿cómo ha sido trabajar con él en un relato que tiene bastante de thriller?

Nunca se anticipa al resultado, le gusta buscar el momento incluso en el proceso de ensayos. Buscamos mucho el intentar apuntar hacia cosas que queríamos. Es cierto que en tele se rueda a ritmo frenético, pero siempre hacíamos tres tomas diferentes que luego él ha descubierto en el montaje. 

 

Y, para terminar, ¿el final de Pablo va a ser en la prisión permanente donde se encuentra ahora o va seguir la lucha por demostrar su inocencia?

Yo ahora tengo la esperanza de que en el próximo juicio caerá la ficha y que la evidencia podrá frente a cualquier tipo de manipulación, como que no hay ADN, las diferencias en la foto, la falta de pruebas... Y Pablo estará donde tiene que estar, que es fuera. Y donde él quiere estar, que por lo visto es en España.