Con la excepción de Los exiliados románticos (2015), una road movie que transcurre por carreteras francesas al ritmo de las canciones de Tulsa, el resto de la filmografía de Jonás Trueba se desarrolla en las calles de Madrid. Desde su ópera prima, Todas las canciones hablan de mí (2010), el director ha convertido lugares (muy reconocibles) del centro de su ciudad en un personaje más de sus historias de amores imposibles, (des)encuentros, conversaciones y, sobre todo, infinito amor por el cine. En su quinto largometraje, La virgen de agosto,  ha vuelto a sacar su cámara a la calle, pero en este caso su objetivo, además de los personajes y los espacios, son las fiestas que durante agosto se celebran en la ciudad. 

San Cayetano, San Lorenzo y, finalmente, La Paloma, por eso no es una casualidad que la película se estrene el día 15, son las celebraciones que tienen lugar durante la primera quincena del mes entre Cascorro, La Latina y Lavapiés. Es decir, el centro mismo de Madrid. Entre barras que los bares sacan a la calle, ruido de vasos al brindar, el calor asfixiante que irradia el asfalto, la magia del verano, música de verbena y el encuentro inesperado con amigos del pasado y amores del futuro se mueve su protagonista, una mujer que ronda los 30 años y que necesita encontrarse a sí misma. La interpreta Itsaso Arana, que también firma el guion, y que está llamando, desde ahora mismo, a las puertas del Goya. 

Hablamos con el director sobre su carrera, su familia y su forma de entender el cine a propósito de la película con la que consiguió dos premios (mención especial del jurado y Fipresci) en el reciente festival de Karlovy Vary en la República Checa.

 

Diez años después de debutar en el cine, ¿le persigue aún la sombra de tener un padre director (Fernando Trueba), una madre productora (Cristina Huete) y un tío escritor y director (David Trueba)?

Es algo que realmente los demás proyectan sobre ti. Yo me lo he intentado tomar con humor y deportividad (risas). Siempre he pensado que cualquier prejuicio que pudiera haber hacia mí por ser 'hijo de' puede generar una sospecha razonable. Por eso he intentando hacer mis películas sin tener una especial obsesión por distanciarme o diferenciarme de mi padre. Es más una cuestión periodística, una primera pregunta para una entrevista (risas). Claro que existe un peso y lo habrá siempre. Yo me dedico al cine y antes que yo lo han hecho otras personas en mi familia, eso me hace pensar hasta qué punto he elegido yo hacer cine. Siempre estoy a vueltas con mi vocación. 

 

No se trata entonces de una sombra.

Es algo más. Es un peso, está ahí y va a estar siempre.

 

¿Recuerda algún consejo especial que haya escuchado en su casa?

Mi familia no empujó nada para que yo hiciera cine. Y mi padre es poco de consejos, es muy poco pretencioso. Cuando hice mi primera película insistió en que durmiera bien, que intentara ir descansado al rodaje, que era importante. Pero más allá de eso... (risas). En casa ha sido todo muy natural. Comencé a hacer pequeños cortos y chorradas con una camarita de mi padre, luego mi abuela me regaló un Hi-8 y ahí empecé. Siempre he sentido que lo hacía de una manera natural.

 

Pero supongo que ver a su padre en 1993 recogiendo un Oscar por Belle Epoque debe ser un recuerdo importante de la infancia.

Me pilló en una edad complicada, como con unos 12 años. Y me impresionó mucho. Mis padres estaban allí, en Hollywood, pero en nuestra casa se juntaron muchos amigos y familiares. Recuerdo mucho a mi abuela, la madre de mi padre, la emoción que tenía. En cambio mi abuelo se había ido a dormir (risas), porque siempre fue muy ajeno a esto del cine. En los Oscar mi padre dijo eso de “me gustaría creer en Dios, pero solo creo en Billy Wilder” y, claro, mi abuelo que era muy católico tuvo un lío. Durante los siguientes meses se tuvo que ir disculpando, diciendo “no ha dicho que no crea en Dios, ha dicho que le gustaría creer” (risas). El 'I would like' fue para él fue muy importante... Luego mi padre le ha quitado importancia. Se celebró bien, los amigos se emborracharon, pero no se ha sacralizado porque los Oscar son bastante absurdos.

 

El amor por el cine sí se lecontagio en casa.

Sí, y es algo sobre lo que he reflexionado mucho. Se me transmitió de una manera muy natural, de manera poco ordenada y nada dogmática. Recuerdo que mi padre grababa películas en Betamax y luego en VHS de la televisión. Yo tenía acceso a un montón de películas que había en el salón de mi casa y él me recomendaba, pero sin empujar mucho.

 

Y algún momento en el que dijera, “acabo de descubrir el cine”.

Quizá lo he magnificado en mi cabeza, pero una noche mi padre me dijo que estuviera pendiente de darle al “REC” para grabar una película y que quizá me gustaría. Era Laura, de Otto Preminger. Al final de ver la película, algo hizo 'click' en mi cabeza, había visto películas a lo loco, pero en ese momento tuve la sensación de que había alguien detrás, que alguien la había creado.

 

Su primer film transcurría en lugares muy parecidos, en el centro de Madrid, a los del debut de su padre, Ópera prima (1980) ¿ahí sí hay una conexión?

Siempre me ha gustado esa sensación de películas que dialogan con otros autores. Y en este caso, pienso que Ópera prima es una película a la que mi padre quita importancia, porque piensa que es algo entre amigos, como de broma. Pero yo pienso que tiene cosas esenciales de él que en otras películas no está de forma tan evidente. Y yo me he acercado a eso, a ese tipo de cine pegado a nuestras calles y a nuestros bares. Luego mi padre se ha alejado de eso, ha tendido a hacer cosas más clásicas, de época e incluso rodando en otros países. Su ciudad, Madrid, le dejó de interesar muy pronto. Pienso que trato de enmendarlo con mis películas.

Jorge Fuembuena

 

Desde luego, la ciudad es una parte muy importante de su obra.

Siempre digo que Madrid es un accidente para mí, aquí me ha tocado nacer y me considero muy privilegiado. Cuando más la vivo y más la descubro, más me gusta. Tiene unas cualidades muy fuertes, más allá de sus carencias. Es mi sitio natural. Filmo esta ciudad porque es la que me ha tocado, supongo que es lo natural. E intento devolver con mis películas algo de lo que me da la ciudad.

 

Y ahora filma las populares verbenas de agosto, ¿ha tenido alguna experiencia parecida a las que vive su protagonista?

 La película intenta reflejar sensaciones que yo he tenido algunos agostos quedándome en Madrid y acabando en las verbenas de una manera inevitable. Cualquiera que se queda este mes en Madrid está abocado a las verbenas. Dicho esto, tampoco soy un loco de la fiesta (risas). Pero con el tiempo lo vas valorando más. Hay encuentros, ciertas noches mágicas, amigos y amigas que conoces una noche y que se quedan ahí. La película intenta captar la excepcionalidad de esos días.

 

En este caso firma el guion con su actriz principal, ¿cómo ha sido el proceso?

Cuando escribo con alguien me gusta que seamos dos personas encerradas en el mismo espacio, horas y horas escribiendo. Con Itsaso ha sido un proceso de escritura intensiva, muy orgánico. Yo había hablado mucho de cine con ella en el rodaje de La reconquista (2016), donde era la protagonista, y descubrí que tenía un gusto más radical y asentado que el mío. Tiene las cosas muy claras y eso me admira de ella. Previamente, yo ya admirada su trabajo en el grupo teatral 'La tristura', como creadora escénica y como actriz. Diría que ella no sabe hacer las cosas si no es absolutamente de verdad, no puede estar impostada.

 

Habla de escribir sus trabajos, ¿pero se ve aceptando un proyecto de alguna plataforma de las que ahora están produciendo tantas series?

 Curiosamente, ahora me han ofrecido cosas. No me suele pasar, porque creo que piensan que voy a lo mío. Pero no es así. Me alegra cuando alguien me ofrece algo, estoy abierto a todo. Pero no me considero virtuoso como director de cine, no creo que pueda hacer un encargo pensando que lo es.  Ahora tengo un poco crisis con todo esto, de las cosas que me han ofrecido algún proyecto es interesante, pero no sé si soy la persona adecuada. Enseguida se me ocurren directores que lo harían mejor.

 

Antes citaba la frase de Billy Wilder que dijo su padre, ¿usted a quién pondría en lugar de Dios?

Yo creo que mi padre en ese momento sabía que estaba en Hollywood y él entendía que decir eso tenía algo de simbólico en ese contexto. Aunque yo sé que hay otros directores que admira igual como Jean Renoir. Yo tendría que verme en una situación parecida (risas). Me costaría elegir. Pertenezco a una generación en la que la cinefilia es de otra naturaleza. Mi padre creció con la comedia americana y en pleno franquismo, donde esas películas tenían otros significados. Quizá si tuviera que quedarme con uno solo, aunque hay varios y los voy a traicionar, quizá eligiría a Jonas Mekas. Es el cineasta que me vuela la cabeza, que amplió mi visión del cine con la idea de filmar la amistad y las cosas que te gustan. Pero no solo por su cine, sino por su vida, la lección de anteponer las cosas buenas a las malas. Es un director que te da ganas de vivir, de enamorarte, de beber, de reír, de admirar... Me gustan los cineastas transmisores, como también es Truffaut. Me encantan los creadores que te descubren otras cosas, no solo a ellos mismos.

 

En el título de su película hay una virgen, ¿levantar una película en España tiene algo de milagroso?

Pues sí, cada vez que terminamos una película miro hacia atrás y tengo mucho orgullo. Pero miro hacia adelante y pienso lo difícil que va a ser hacer otra. Pero esto es una cuestión de obcecados. Sacar películas adelante en este país, sin el apoyo de las grandes cadenas, solo lo hacemos gente con mucha perseverancia y obcecación. La obcecación tiene más importancia que el talento en este país.