La comedia se queda en la pantalla. En las distancias cortas y sin cámaras de por medio, Christian Clavier (París, 1952), es una persona cordial, pero de una seriedad escrupulosa. Hablamos con él en el hotel URSO de Madrid sobre la película que estrena hoy, Un verano en Ibiza, de  Arnaud Lemort (El amor es cosa de dos) , una comedia con algunas escenas francamente divertidas.

En ella, Clavier da vida a un podólogo parisino que se desvive por complacer a los hijos de su novia, y por eso accede a veranear con ellos en Ibiza, tratando así de ganarse el favor de todos. Sin embargo, su destino vacacional le parece una "isla de yonquis, música insoportable y tarados”, aunque el menos sí se muestra dispuesto a disfrutar de su paisaje paradisiaco a orillas de un precioso mar azul. En Ibiza hay de todo, y la película lo exhibe muy bien.

NICOLAS SCHUL

  

Bienvenido a España. Ahora que ya ha rodado aquí Un verano en Ibiza, ¿qué piensa de los españoles? ¿Qué destacaría de nosotros?

Es una pregunta muy amplia. Tengo una muy buena opinión sobre los españoles. Franceses y españoles somos primos hermanos. Somos europeos. Hay una cultura y un sentimiento de calor, de simpatía. Y entre el sur de España, el norte, Madrid, las Islas Baleares, etc... Son regiones muy distintas con culturas y tradiciones distintas, pero hay la misma simpatía en la gente. Sí, los españoles sois muy simpáticos. A mi parecer, comunicarse con vosotros resulta muy fácil, porque sabéis hacerlo fácil. Tampoco conozco demasiado bien el país y es posible que la mía sea una visión superficial, pero es lo que puedo decir. 

 

Un verano en Ibiza es una comedia muy ligera con algunos momentos muy divertidos. ¿Por qué se decidió a hacerla? 

Por varios motivos. Por un lado, está el marco, que es Ibiza. Todo el mundo tiene una idea de Ibiza, cierta o no. Hay muchas Ibizas posibles. Por otro, me interesó que se tratase de la historia de una familia recompuesta, que es la problemática que plantea el guionista y director Arnaud Lemort. Los personajes son muy reales y tienen la necesidad de hacerlo bien en su nueva vida.  Mi personaje se propone hacer cosas que no le gustan porque lo que quiere es ser aceptado por los hijos de la mujer a la que quiere y con la que está rehaciendo su vida. Esa, sin duda, es una situación típica de hoy en día. 

 

¿Qué tal fue el rodaje?

Muy divertido. Simpático. ¡En Ibiza! Los rodajes que tienen lugar en sitios vacacionales son mitad fiesta, mitad trabajo. 

 

Usted ha hecho  de Astérix en la gran pantalla. ¿Cuál sería su poción mágica para afrontar la vida?

¿Cuál es mi poción mágica? Ninguna. No tengo. No hay poción mágica que sirva en la vida real. Hay que espabilar y tratar de hacer lo que se puede. Por eso me gusta tanto la comedia. La vida es perfectamente trágica, por lo tanto, no creo que haya pociones mágicas para superarla. Hay que asumirla. Y encontrar momentos de placer cuando podamos. Para mí, ese placer consiste en hacer comedia

 

¿Cuáles son sus grandes influencias, actores y cómicos que le inspiran?

Los actores que son muy sinceros, muy sinceros. Los que interpretan con sinceridad, tanto comedia como drama, encarnando a los personajes. Con ellos tenemos la sensación de que son los personajes. Hay muchos, pero son los que consiguen representar esto.

NICOLAS SCHUL

 

En el Astérix llevado a la pantalla, usted es AStérix y Gerárd Depardieu es Obélix. ¿Son ustedes buenos amigos en la vida personal?

Sí, somos amigos .

 

¿Suele encontrar a sus amigos en el mundo de la interpretación?

No, no necesariamente. No todos. Pero Gerárd sí. Es un buen amigo. Es un gran actor. Es un hombre apasionante. Es extraordinariamente interesante y le tengo mucho aprecio. 

 

Ha hecho otra película magnífica, Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, de Philippe de Chauveron, cuya segunda parte se estrena en España en Navidad. En ella es un padre católico y conservador que tiene cuatro hijas: una casada con un musulmán, otra con un judío, otra con  un chino, y la cuarta está a punto de casarse…  ¿Esa película es un alegato en favor de la tolerancia?

Es otra vez la problemática que plantea Philippe de Chauveron, el realizador y guionista. Él vive un matrimonio mixto, con hijos que son mestizos. Es decir, que en esta película se sincera, habla de algo que le toca muy de cerca. No sé si es un himno a la tolerancia, porque afirmar algo así tal vez sería exagerado. Es una diversión. Pero, en cualquier caso, sí. Está muy claro. ES una película en que se celebra el mestizaje, la mezcla.

NICOLAS SCHUL

 

También ha hecho otra saga muy exitosa en todo el mundo: Los visitantes, de  Jean-Marie Poiré,  una película que se desarrolla siglos atrás. Los seres humanos, ¿hemos evolucionado mucho o seguimos prácticamente igual en las cosas importantes?

Depende. En cuanto a la técnica, las cosas han evolucionado muchísimo. Tenemos el teléfono móvil, etc… En cuanto a la manera de pensar,  creo que no hemos evolucionado tanto. 

 

Ahora que ha rodado una película en España, en Ibiza, que es una parte muy internacional de España, pero España, al fin y al cabo, ¿le gustaría rodar con algún director español?

Sí, sí. Me encantaría. Siempre es interesante rodar con alguien de otra cultura porque nos da una perspectiva distinta de las cosas. Pero no hablo español, por tanto, es difícil (sonríe).  

 

¿Es usted admirador de Pedro Almodóvar, como la mayoría de los franceses?

Sí, claro. Es un genio. Del cine y de la escritura.

 

Por último, señáleme una interpretación que le guste especialmente. 

La de Peter Sellers en El guateque, de Blake Edwards.

NICOLAS SCHUL