Quizás se debiese a su sólida formación académica, lejos de la intuición desordenada de mucho autodidactas. El caso es que Eduard Olivella, nacido en Barcelona en 1948 y licenciado en Historia del Arte, planteó su trabajo fotográfico desde la riqueza intelectual y conceptual y se propuso ya muy joven ejercer de testigo y memoria gráfica frente a los diferentes colectivos humanos con los que interactuó y su entorno urbanístico, plasmando sus momentos históricos y sus movimientos culturales.

La suya fue, casi desde el principio, una fotografía de carácter social.

 

Observador desde múltiples ángulos

El trabajo fotográfico de Eduard Olivella habla de realidades poéticas de la naturaleza, del paisaje, las personas, de los momentos… A veces eran simples barcas varadas en la playa durante el invierno y bañadas por un sol suave y tamizador. En otras ocasiones se trataban de flores sujetas a un destino inapelable.

Fotógrafo vocacional desde edad muy temprana. Olivella empezó a dedicarse a este campo con seriedad e intensidad en 1968. En su aproximación a este campo trabajó varias facetas, desde los aspectos teóricos y de especulación hasta la aplicación más práctica del medio fotográfico. 

Su inquietud por conocer y dominar el arte de la fotografía le llevó a ser profesor, conferenciante y crítico y a impartir numerosos cursos y talleres en los que participó muy activamente en reuniones y seminarios en los que debatía apasionadamente sobre los aspectos más complejos y polémicos del mundo fotográfico. De hecho, Eduard Olivella fue uno de los grandes promotores de la fotografía y de su uso como herramienta básica e imprescindible en el ámbito de la memoria y la creación de archivos.

Durante más de cinco décadas de trabajo y alrededor de 50.000 fotografías, Olivella dejó patente su enamoramiento con una disciplina artística a la que aportó una mirada que traspasaba lo evidente y una concepción que iba más allá del simple testimonio de un momento. Para él, había una identidad histórica en cada clicde la cámara que debía ser conservada para estudio y análisis de un tiempo concreto. Su labor no fue solo la de retratista, la de autor, gran parte de su trabajo lo desarrolló como investigador y crítico del medio.

 

Alta escuela

Vinculado desde su comienzo con el Centro Internacional de Fotografía de Barcelona, la primera escuela de fotografía que hubo en la ciudad condal y de la que salió toda una nueva generación de fotógrafos que se vieron envueltos en la proliferación de una mirada teórica, estética y artística de la denominada fotografía documental. Muchos de ellos eclosionaron en la década de los ochenta y aportaron una renovación narrativa y armónica con respecto a generaciones anteriores, como la de Ramon Masats, Oriol Maspons o Catalá-Roca, por citar algunos ejemplos.

Con una fuerte influencia de la escuela alemana de los años treinta, Eduard Olivella desarrolló una fotografía pura, centrada en diversas temáticas, principalmente en los interiores. Una concepción original de lo que significa el espacio y el tratamiento de la luz, capaz de visualizar lugares que pasarían desapercibidos para otras disciplinas artísticas, pero no para la fotografía, para su fotografía. Un artista dotado para descubrir a través de la luz y las sombras, los fragmentos y las atmósferas, rincones que no existen a simple vista. Su interés por la arquitectura, que le llevó a crear grandes reportajes y retratar a las personas que ocupan esos lugares y dibujar una geografía urbanística y humana que siempre estaba conectada con el entorno histórico y cultural que nace esa unión.

 

Un poeta que cambió la pluma por una cámara

Su formación en Historia del arte le proporciona un análisis que va mucho más allá del simple fotógrafo o de interesado por la fotografía y considera esta como una visión de la realidad muy relacionada con la poesía, tal y como demostró en diversas series realizadas entre 1988 y 1989 en las que empleaba la palabra y el documento gráfico, usando negativos de Polaroid y de película Lith sobre papel ortocromático, lápices y tintas.

En estas, como en muchas de sus fotografías, queda patente la conexión entre la obra de Eduard Olivella y la literatura. Palabras convertidas en imágenes, sensaciones y reflexiones personales traspasadas a un retrato. A veces paisaje, a veces edificios, a veces la misma naturaleza sujeta a su esencia. Una obra conceptual que le convirtieron en un sujeto diferente, un buscador incansable de nuevos lenguajes para la fotografía, esos que le podían permitir recoger sus inquietudes, sus impactos. La poesía hecha imagen.