Los personajes femeninos en la obra de Federico García Lorca luchan y viven por el amor, sangran y mueren de amor. Su amor protagoniza la XVIII edición del programa Lorca y Granada en Los Jardines del Generalife, el anual encuentro del genial poeta con uno de los espacios más mágicos de esta ciudad, su ciudad.

Todo empezó en 2002 con la representación de Bodas de sangre y año tras año, verano tras verano, se han sucedido espectáculos organizados por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía. Más de 600.000 granadinos y visitantes procedentes de todos los rincones del mundo han convertido este encuentro con la figura y la obra de Federico García Lorca en un hito internacional, tanto a nivel artístico como técnico.

A lo largo de estos 18 años se han presentado visiones del poeta y de su legado cada año más complejas, diferentes e interesantes. Propuestas que han respondido a obras universales de Lorca, como Yerma, Poeta en Nueva York o Romancero gitano, así como representaciones en las que la música, el baile, el vestuario, etcétera, se han puesto al servicio de los escritos, del sentir y de las emociones del inmortal escritor y su legado, su trascendencia y su profundidad humana atemporal.

 

Toda una tradición

También han podido disfrutarse en este marco espectáculos como Flamencolorquiano, que se representó el pasado año con gran éxito, una sucesión de estampas coreográficas, musicales y escénicas con bailes y cantes flamencos –granaínas, seguiriyas, soleares, fandangos…- basados en textos de Federico. En general, creaciones con mayúsculas que han surgido del talento de figuras como Antonio Gades, Cristina Hoyos, Rafael Amargo o Rafael Estévez y en las que han colaborado artistas como Carmen Linares, Antonio Canales, Juan Andrés Mayo o Loles León.

J.M.GRIMALDI

Para rendir este homenaje tanto a Granada como a uno de sus hijos más ilustres, el recinto elegido es un sitio lleno de magia y belleza: los Jardines del Generalife. Allí, ante un público que cada estío ha completado el aforo, la música, la palabra, las imágenes y la danza han gozado de la libertad del poeta y del embrujo del lugar.

Este año el espectáculo estará protagonizado por Marina Heredia y llevará el título de Lorca y la pasión, un mar de sueños. Nacida en el barrio del Albaicín, Marina pertenece a una familia de artistas, ya que es hija del cantaor Jaime Heredia “El Parrón” y nieta de Rosa Heredia “La Rochina”. La cantaora ha grabado un puñado de discos y ha colaborado con artistas como Miguel Ángel Cortés, Raúl Alcover, Juan Habichuela, Nacho Cano, Mónica Naranjo o José Manuel Zapata, además de realizar diferentes espectáculos desde 2001, algunos junto a Pepe Habichuela (De Graná en 2008) y Luis Eduardo Aute (La música de los espejos).

 

La pasión del amor según Lorca

En esta edición, Marina pone voz a las diferentes visiones del amor femenino que tan profundamente describió Lorca en sus textos. La cantaora reflexiona sobre cuatro de ellas, las que se plantean en las obras El público, La casa de Bernarda Alba, Así que pasen cinco años y María Pineda.

El amor fue un pilar fundamental en la vida de Federico García Lorca. Amó mucho, a muchas personas y de maneras muy diferentes y buscó con todo su corazón que le amasen. De ahí que se convirtiese en un factor tan importante en su obra. Este proyecto es una reivindicación del amor, un amor cambiante, diferente y poliédrico que se presenta siempre en diferentes modalidades, a través de diferentes personajes de la obra lorquiana. Su representación es un modo de devolver a la vida al escritor. 

Una lectura transversal de ese enigmático y enrevesado universo lorquiano a través de una representación multimedia en la que el cante y el baile se unen con imágenes, una escenografía con grandes pantallas y el máximo aprovechamiento posible de las riquezas que otorga el Teatro del Generalife, incluyendo sus árboles y la platea, gracias a una sorprendente iluminación que integra todos estos elementos al tiempo que los dota de un importante protagonismo.

 

Cuatro obras en una

El público: El primer cuadro se basa en esta obra teatral y su protagonista es Julieta, quien representa el amor romántico, en contraste con el amor cruel, violento e insaciable representado por una manada de caballos. Una reivindicación de la vertiente más sensual del amor, la más deseada, frente al amor robado y violentado. Julieta, saliendo de la tumba grita “Yo lo que quiero es amar. Amar, amar…”. El amor en oposición a la violencia masculina, enfrentado a ella, dominándola y cortando sus crines.

La casa de Bernarda Alba:  el segundo acto arranca con unas campanas que tañen a muerto y Bernarda convirtiendo su casa en un sepulcro. Así será durante los ocho años que debe durar el luto por su parido. A través de la figura de Poncia, una gran desconocida dentro de una de las obras más famosas de Lorca, se expresa una reivindicación del amor carnal. Un amor terrenal y realista bien asentado en la tierra. Su final es trágico, con Bernarda exigiendo silencio y con un vestido colgado en un globo en forma de corazón (la base del cartel del espectáculo). Una falsa y trágica virginal.

Así que pasen cinco años: ese mismo vestido cae sobre un maniquí, protagonista del siguiente cuadro. De esta forma se demanda la atención sobre el amor materno, un amor convencional y apegado a la tradición. Un amor que desea un hijo como máxima expresión de su culminación.

María Pineda: finalmente es el amor ideológico y político, un amor pleno por la libertad, que clama y exige independencia para la mujer. Un amor a prueba de corrupciones, totalmente desinteresado que nunca se rinde ni se doblega. Un amor dispuesto a llegar hasta el final, hasta las últimas consecuencias. Es, en definitiva, el amor que Lorca expresó en su tiempo por la libertad, herida por los hombres y condenado a la soledad y la muerte.