Hace aproximadamente un mes se difundió la noticia de que unos hackers habían obtenido 18 horas de música sobrante de las sesiones de OK Computer, el mítico álbum de 1997, y pedían rescate por devolverlas al grupo. Los miembros de Radiohead no tardaron en reaccionar: anunciaron que la música robada estaría disponible para ser escuchada de manera gratuita, y también  a la venta a cambio de una cantidad que iría destinada a financiar al grupo ecologista Extinction Rebellion.

La historia en sí podría formar parte de alguno de los discos del grupo, y su resolución no puede ser más radiohead. Lo que sí resultó llamativo fueron algunas reacciones en redes sociales. “¿18 horas de Radiohead improvisando? Gracias, pero que se las queden los ciberpiratas”. Un hecho que hasta hace unos años habría sido tratado con un respeto sacro –ese exceso de solemnidad con el que ha tratado siempre todo lo relativo al que tal vez sea uno de los grupos más influyentes de los 90-, ahora daba pie para bromas que pueden resultar crueles. O no.

ALEX LAKE

 

Reincide en solitario

Un poco antes de que saltara este asunto, Yorke anunciaba la edición digital de su tercer álbum en solitario –la versión física se pone hoy a la venta-. Un disco llamado ANIMA que fue sido anticipado por una misteriosa campaña de marketing que desembocó en el estreno de un fascinante corto dirigido por Paul Thomas Anderson y emitido en Netflix.

El revuelo que suele acompañar a todo aquello que tiene que ver con Yorke o cualquiera de sus proyectos no fue el habitual. Metidos como estamos cada vez más dentro del mundo de ciencia ficción que Yorke y Radiohead han ido esbozando desde hace dos décadas, ciertos ruidos empiezan a quedarnos lejanos. Ese mismo mundo que nos empuja a que olvidemos a los lúcidos e incluso nos burlemos de ellos. Ese contexto en el que la excelencia es un concepto que dura la temporada de una serie o la gira de un álbum. Ese mundo poblado por usuarios asfixiándose en información, contagiados por el miedo a perderse algo. Black Mirror nos ha ido advirtiendo de los peligros del universo paralelo que hemos construido y ahora parece que la serie también ha terminado siendo víctima de la autoindulgencia, que no es más que otro de esos males contemporáneos. ¿Está ocurriendo lo mismo con Thom Yorke?

Que cualquier movimiento artístico suyo o de sus grupos ya no implique un leve seísmo cultural es algo que no debería sorprendernos. El pop de raíz anglosajona tiende a ser poco más que otra porción en una oferta cada vez más globalizada. Los tiempos cambian y los grupos, por mucha historia que hayan hecho, no son inmunes a eso.

A Radiohead le ha perseguido siempre el paralelismo con Pink Floyd, que fueron una de las bandas definitivas del rock de los años 70, hasta que se encontraron repentinamente inmersos en una época que ya no los necesitaba. Semejanzas sonoras aparte, no está nada claro que el momento actual no siga perteneciendo también a artistas de la índole de Yorke. Artistas libres y sin compromisos de ningún tipo a pesar de sus vínculos con la industria del entretenimiento y los jugosos beneficios que generan.

 

ALEX LAKE

Es una categoría en la que también podría entrar Björk, aunque se suele tener menos paciencia –o más condescendencia- con sus excentricidades y sus vericuetos artísticos por el simple hecho de que es una mujer. Con Yorke hay más prudencia, pero no olvidemos que ha sido su propio público el que le ha conferido –o aceptado- ese halo de santidad y asepsia que ahora parece dar algo de risa a los más cínicos.

No se puede estar cambiando las reglas del juego siempre, pero no todo el mundo puede presumir de haberlo logrado en más de un tramo de su carrera. Radiohead lo hicieron renunciando a grabar secuelas de Creep, filmando vídeos apabullantes, internándose en experimentos que cautivaron al gran público, creando una lenguaje y una dinámica propias, revolucionando las tácticas de la edición musical.

 

Críticas ociosas

Ningún artista tiene por qué estar exento de posibles críticas, pero criticar a Yorke por ejercer de sí mismo resulta ocioso. Nadie usa este argumento en contra de, por ejemplo, Tom Waits. El único motivo comprensible sería que el artista se haya vuelto perezoso y se dedique a crear música irrelevante, por debajo de su propio listón. Y no es ése el caso de ANIMA.

Si hay un disco en solitario de Yorke que pueda ser calificado de redondo es este. Los anteriores, Eraser (2008) yTomorrow’s Modern Boxes (2014) no dejaban de ser obras de un creador buscando su propio espacio más allá de una banda con un peso específico demasiado grande. ANIMA ofrece  más que apuntes y experimentos. Es una obra completamente formada y puede que también la más accesible de su autor.

Pero en la galaxia Yorke, accesible no significa lo mismo que si hablamos de Madonna. ANIMA necesita su tiempo para ser digerido y asimilado porque no rompe con los postulados de su autor. Yorke no deja de fijarse en la vanguardia electrónica ni renuncia al minimalismo que tan bien potencia su falsete. Pero ha hecho una obra que no es un capricho ni un divertimento ni una extravagancia. Es un buen disco para un mundo que sigue necesitando mucho obras y artistas así.