Imagine montar una pequeña galería, casi como afición, y que un tal Joan Miró se pase por allí casi de casualidad, le guste lo que ve, y decida apadrinar el proyecto. Eso es lo que le pasó a Pep Pinya en 1969, cuando abrió la galería Pelaires en una callecita de Palma de Mallorca.

"Aquello ocurrió de forma inesperada, mis padres no contaban con eso, y su intención no era vivir de la galería", explica su hijo, Fede, actualmente al cargo de la pinacoteca. Y sigue: "Y ahí empieza una andadura inesperada pero maravillosa, con artistas como Tàpies, Saura, Chillida, Blai Bonat, o hasta Camilo José Cela. Era un lugar de reunión, más que un lugar donde se exponían cuadros, porque por allí recalaba gente del cine". Sobre Miró, apunta: "Un dato anecdótico pero curioso, era que por entonces se le conocía como 'el marido de doña Pilar', era conocido en circuitos internacionales, pero no aquí". Y añade: "La situación política de ese momento no era la más propicia para apostar por arte de vanguardia, por eso mi padre tenía otros negocios y para él esto no era más que un entretenimiento".

En la época franquista Picasso estaba prohibido en España, pero Pinya logró en Madrid un permiso del Gobierno Civil para exponer su obra en su galería. "Al final, los 'grises' que vinieron a controlar todo aquello, acabaron remangándose y ayudándonos a colocar los cuadros. Si hubieran existido los móviles, no se habrían dejado hacer fotos, porque se les caía el pelo si aparecen los dos aguantando un Picasso".

Medio siglo da para mucho

Pinya hijo reconoce que los tiempos han cambiado mucho en estos cincuenta años. "Hoy hay muchos más artistas a nivel mundial, hay 87 ferias al año, antes mi padre solo iba Arco, hoy estamos cada semana en una parte del mundo. Mi padre no vendió hasta que tenía la galería abierta 12 años, y ahora el arte tiene una dependencia de la economía exagerada. Lleva trabajo encontrar el equilibrio entre calidad artística y rentabilidad". No se limitan a descubrir artistas y vender su obra. También reciben encargos como, por ejemplo, llenar de arte exquisitas viviendas de la isla, como el espectacular chalet Infinity que Sotheby’s International Realty vende por 16,6 millones de euros.

Con motivo de su 50 aniversario, la galería ha hecho una selección de las obras de artistas que han pasado por allí. "Muy injusta, porque solo es una pequeña representación. No entrarían todas", matiza Pinya. En total son 26 piezas de nombre como Pier Paolo Calzolari, Günther Förg, Rebecca Horn, Marisa Merz... Y Joan Miró, claro está.