La oferta cultural y museística en Euskadi es muy digna de ser tenida en cuenta. Además de magníficas ciudades, un entorno natural imponente y una gastronomía popular excepcional, la comunidad ofrece al turista un buen número de pequeñas colecciones en las que se exhiben muestras muy significativas de la cultura local, su particular historia o la vida de algunos de sus personajes célebres.

Estos museos de un tamaño bastante menor al de las pinacotecas o exposiciones más famosas, lo que permite visitarlos en un corto periodo de tiempo; están situados fuera de las habituales rutas turísticas, por lo que llevará al viajero por caminos secundarios y a conocer otros lugares y otros paisajes; y por último, atesoran el encanto que vuelcan sobre ellos los vecinos de la localidad, sus propietarios o familiares. Aunque hay muchos más, estas son las siete recomendaciones de PORT.

 

1 Laboratorium de Bergara

Inaugurado en septiembre de 2015, el Museo Laboratorium nació con el objetivo principal de difundir la importancia de la ciencia y la educación como campo de desarrollo de la innovación, el desarrollo y el avance tecnológico. Tiene su sede en el palacio de Errekalde, vivienda del Conde de Peñaflorida, en el centro de un bello jardín inglés con especies botánicas de varios continentes.

La localidad de Bergara, en la comarca de Debagoiena, al sudoeste de la provincia de Guipúzcoa en la cuenca alta del río Deba, está considerada como la cuna de la ciencia en el País Vasco y todo gracias a su Real Seminario que, hace ya unos 250 años, un grupo de curiosos ilustrados apostó por un proyecto que culminó con el descubrimiento del wolframio. El museo alberga importantes colecciones científicas de química y física y también de zoología con animales de todo el mundo. Una colección única por la antigüedad y la relevancia histórica de los objetos expuestos pertenecientes a un fondo de más de 3000 piezas: fósiles, minerales, objetos científicos, instrumental de laboratorio, modelos anatómicos humanos y ejemplares de zoología, la mayoría de los siglos XVIII y XIX.

También propone programas científicos para adultos, talleres didácticos, colonias científicas de verano y visitas al centro histórico y excursiones naturalistas.

 

2 Museo de Automóviles Clásicos

Sorprendente y coqueto museo situado a tan solo 30 kilómetros de Bilbao. En plena naturaleza y ocupando el espacio de una torre medieval reconstruida, la llamada Torre Loizaga, esta exposición alberga la mayor colección de coches Rolls-Royce del mundo, la única de esta marca en toda Europa en la que exhiben todos los modelos fabricados entre 1910 y 1998.

Los alrededores ya de por sí merecen la pena. Ubicado en la localidad de Galdames, en Vizcaya, su promotor fue el empresario y artista Miguel de la Vía, quién sobre unas ruinas medievales inició un proyecto de reconstrucción respetando al máximo la naturaleza y el entorno. Todo esto desembocaría en un sueño convertido en realidad, un lugar en el que dar cabida a su pasión por los coches y albergar una colección de coches antiguos y clásicos, reconocida internacionalmente como una de las mejores colecciones privadas del mundo. Además de los elegantes Rolls-Royce hay míticos modelos deportivos de marcas como Lamborghini o Ferrari junto a un precioso camión de bomberos. Conviene asegurarse de los horarios de visitas antes de acudir.

 

3 TOPIC

El museo TOPIC, iniciales de Tolosa Puppet International Center, es también conocido como el museo de los títeres y las marionetas y es uno de los lugares más curiosos de todo Euskadi. Está situado en la que fuera antigua capital de Guipúzcoa, la bonita localidad de Tolosa, y fue inaugurado en noviembre de 2009. TOPIC es más que un museo, es un proyecto singular, atractivo e interesante que apuesta por la originalidad, la imaginación y la innovación, ya que es el único centro integral para el arte de la marioneta en toda Europa y se ha convertido en un centro de referencia y encuentro para los titiriteros de todo el mundo.

Como museo, su afán consiste en acercar al público al territorio del arte de los títeres, desde lo tradicional a los creadores contemporáneos, así como su función educativa y su aportación a los medios audiovisuales, cine, televisión, etc. El visitante puede comprobar personalmente que no tiene nada que ver con otros museos, ya que es un gran almacén lleno de cámaras secretas y mágicas, de muñecos y decorados, de recuerdos y de proyectos. Además, es un plató, un escenario y un laboratorio. No es un simple escaparate.

En sus 3.600m2 TOPIC alberga una importante colección de marionetas procedentes de todo el mundo y basadas en diferentes técnicas de manipulación. En total, más de 1850 muñecos de Asia, África, América y Europa donadas por particulares y por compañías que han pasado por el Festival de Marionetas, así como préstamos o depósitos de importantes coleccionistas. Destacan las interesantes creaciones de la segunda mitad del siglo XX, una colección de sombras chinescas del XVIII y XIX o de hilo, también chinas, del siglo XIX. TOPIC acoge un museo permanente y exposiciones temporales, un centro de documentación, un espacio escénico con aforo para 250 personas, una sala de producción, montaje o ensayo y salas para talleres y cursos.

 

4 Museo Cristóbal Balenciaga

Ya solo por su ubicación merece la pena. El Museo Cristóbal Balenciaga se encuentra en la preciosa localidad de Getaria, en la comarca guipuzcoana de Urola Costa, que comprende las localidades de Zarautz, Orio, Zumaia y Aia. Un elegante edificio en construido en un lugar prominente y con vistas al mar y al bello pueblo de pescadores en donde nació el genial diseñador de moda.

El museo ofrece un recorrido por la vida y los diseños de Balenciaga, una colección ligada a la trayectoria profesional y al perfil humano del célebre diseñador, que dominó la alta costura del siglo XX. Durante la visita se puede acceder a la colección de fondos formada en gran parte gracias a la colaboración de personas vinculadas al modisto. La labor de la galería es preservar e incrementar estas colecciones y acercarlas al público.

Pero el museo va más allá y propone al visitante la oportunidad de conocer los tesoros de Getaria, la vinculación entre Elcano, otro ilustre natural de la localidad, visitas danzadas, en las que la danza y Balenciaga unen su arte. Un lugar perfecto para realizar una visita tranquila y disfrutar también de las exposiciones temporales. Siempre entre telas e historia. 

 

5 Txakolingunea

Dicen que Bakio es la cuna del txacolí. Situada en la costa de Vizcaya, esta localidad linda con Bermeo por el este, con Munguía por el sur y con Lemóniz y Maruri por el oeste. La agricultura y la ganadería han soportado tradicionalmente la economía de sus habitantes y en especial el cultivo de la vid en sus emparrados, favorecida por el microclima existente en Bakio, su proximidad al mar y la calidad de sus suelos.

De ellas sale el famoso vino vasco, suave, afrutado y joven, conocido como txacolí, y su variedad perteneciente a la denominación de origen Bizkaiko Txacolina, una de las tres existentes en Euskadi. Una tradición que en esta localidad se remonta al siglo XIV y que lógicamente ha llevado a la construcción de un museo a la misma entrada del pueblo, junto al frontón, el Txakolingunea, que viene a significar "lugar del Txacolí".

En él el visitante puede conocer a través de audiovisuales los secretos de este vino, descubrir sus propiedades e incluso realizar una cata para adquirir una serie de nociones básicas y descubrir que además de la habitual modalidad de blanco también existen variedades de rosado u “ojo de gallo”. Un museo perteneciente a la Red de Museos de la Costa Vasca y a la Red de Museos Enogastronómicos de Euskadi que ofrece visitas guiadas, talleres infantiles de verano y una interesante exposición. Merece la pena pasar por allí y conocer la zona.

 

6 Caserío Museo Igartubeiti

Este caserío representa como ningún otro lo que se podría denominar la Edad de Oro del caserío vasco. Tuvo su momento de esplendor a principios del siglo XVII, en 1630, cuando fue ampliado y transformado para adaptarse a las nuevas formas de vida y trabajo, aunque estos cambios apenas afectaron a su estructura original. Ésta, en la que destacan los postes de una sola pieza, los dobles postes centrales, los cierres y los cabrios, los suelos, todo de madera excelentemente conservada, y el lagar de sidra le convierten en uno de los más interesantes del País Vascos y reflejo de los valores culturales, históricos, arquitectónicos antropológicos y simbólicos de esa época.

El museo se encuentra en un espacio inigualable, en un alto, en la localidad guipuzcoana de Ezkio-Itsaso, con un entorno de inmenso valor paisajista. En 1992, la Diputación Foral de Guipúzcoa adquirió el caserío Igartubeiti para evitar su desaparición y tras una complicada y ejemplar restauración, recuperó la imagen histórica que tuvo a principios del siglo XVII y pasó a ser un museo en el que se recrea la vida de los antiguos caseríos.

En su interior, se puede revivir cómo era la vida en una de estas construcciones hace cuatro siglos, con su mobiliario y herramientas originales, su iluminación e incluso con los olores que lo impregnaban. Se completa la exposición con un Centro de Interpretación y un huerto ecológico. 

 

7 Albaola

Este es un lugar muy particular que tiene como motivo principal la construcción de la réplica exacta del ballenero San Juan. Se trata por tanto de uno de los proyectos culturales más importantes de Euskadi, un museo factoría en el que se está construyendo un ballenero vasco del siglo XVI con los mismos recursos que estaban disponibles en esa época. Está situado en un entorno de gran valor natural, en Pasaia, en el noroeste de Guipúzcoa, en la región de Oiartzun. Un lugar precioso, con un muelle pesquero y comercial, el tercero más grande del País Vasco después del puerto de Bilbao y el de Bayona.

Albaola se ha convertido en algo más que un museo, ya que a través de la construcción de la réplica del ballenero San Juan, representa de forma fiel y dinámica la forma de vida del pueblo vasco del siglo XVI. Y lo que es más interesante, es que este proyecto está vivo y cambia de aspecto según va avanzando. Siguiendo los métodos y materiales tradicionales y respetando totalmente el proceso de construcción, la reproducción de la nave, de 28 metros de eslora y 7,5 de manga, es un desafío colosal.

Para ello, se está utilizando la madera de 200 robles obtenidos en los bosques de Sakana-Barranca, que históricamente ha abastecido a los astilleros vascos. Igualmente, para los mástiles y vergas se ha recurrido a 20 abetos de grandes dimensiones, algunos de hasta 35 metros, procedentes del bosque de Irati. Además, 560 metros cuadrados de paño y 6 kilómetros de sogas de cáñamo, así como el alquitrán necesario para la impermeabilización del casco.

Las instalaciones están creadas con materiales reutilizados y madera y albergan todo tipo de elementos para conocer con detalle la aportación de los balleneros vascos, que viajaban hasta Terranova para cazar estos animales, en el desarrollo de la zona, así como el nexo entre el mar y las distintas facetas del pueblo vasco. Un museo vivo que cambia de año en año, de visita en visita.