Digámoslo de entrada, The Divine Comedy no es una banda. Es una fantasía musical puesta en escena por un músico irlandés llamado Neil Hannon. Su andadura comienza a finales de los años 80 y nunca tuvo mucho que ver con ninguna de las corrientes pop con la que se cruzó en el camino, salvo un breve episodio en el que el pop independiente soñó con arreglos orquestales, con la grandeza de Scott Walker y la sensualidad del pop francés de los 70.

Pese a todo, Hannon gozó de algunos éxitos en Inglaterra, que no le impidieron seguir su propio camino. Exquisito, atemporal, irónico y abierto a más influencias sonoras de lo que parece, el eterno beau brummel del pop alternativo británico saca ahora nuevo disco, Office Politics, y anuncia una gira española para presentarlo en otoño, con fechas en el Bime Live! de Barakaldo, Valencia, Barcelona y Madrid los días 2, 3, 4 y 5 de noviembre. Esto es lo que Hannon nos contó sobre su nuevo álbum.

 

Ha grabado un disco que habla de la vida cotidiana en una oficina. Me pregunto si en realidad la oficina no es una metáfora para hablar de la vida.

En realidad, no lo es. Me apetecía mucho hablar sobre la vida en una oficina, sobre la dinámica de las relaciones que se forman en un ámbito así. ¿El motivo? Ni idea. Supongo que todo viene del hecho de que jamás he formado parte de un equipo que trabaje en un despacho. Para mí, es un escenario completamente fantástico. No sé cómo funciona pero me atrae mucho. Por eso decidí usarlo como eje para este disco. Es como dar vida a una fantasía. Soy consciente de que a priori no es el tipo de temática que el fan de Divine Comedy espera, pero al final consigo que forme parte de mi universo artístico.

 

Entonces, un despacho es para usted como la cuna de todos los males del capitalismo.

Algo así. Más bien diría que es la representación de los males de la vida moderna. Cuando hablábamos del futuro, nunca imaginé que sería así. Quiero decir que cuando tenía diez años y veía escrito en alguna parte una fecha como 1982, fantaseaba al respecto, porque me parecía muy lejana y misteriosa. Pero un buen día te despertabas, estabas en 1982 y no había sucedido nada drástico. Ahora vivimos en ese futuro en el que soñábamos y es una pesadilla. Soy un hombre del siglo XX, no me gusta nada la vida moderna.

 

¿Por qué?

Pues, por ejemplo, porque tengo un iPhone. Odio tener un iPhone pero no puedo vivir sin él, lo necesito. Esa es la ironía. El otro día estaba con mi novia viendo a Villagers, que son buenos amigos nuestros. Cathy [Davey, cantautora y novia de Hannon] es de las que enseguida se distrae con el móvil. Estaba en la sala, toqueteando su móvil y de repente empezaron a aparecerle anuncios de temas relacionados con Villagers. Y ni siquiera estaba grabando vídeos. ¿No es aterrador? Nuestros teléfonos escuchan lo que hacemos, son  nuestros espías. Creo que los jóvenes de ahora deberían empezar a ver películas como Blade Runner. El modelo de futuro que planteaban esas películas sí se ha hecho realidad y es espantoso. 

 

A nivel musical ha marcado un cambio considerable respecto a otros álbumes. Aquí usa usted la electrónica, el pop de cámara…

La idea era que cada canción escogiera su propio camino sonoro a través de los arreglos. Cada una de las  composiciones pedía un tipo concreto de música dependiendo del tema, de la letra. Y luego, según el orden en el que las iba colocando para que hilvanaran una historia, primaba el énfasis que las canciones se daban entre sí. La música electrónica está presente porque el tecnopop siempre me gustó. Es un contenedor de estupendas canciones y las canciones son los que finalmente importa, más allá del estilo en el que se nos presenten.

 

Es usted un buen observador y eso se refleja en sus letras y en los temas que elige. ¿Cree que además de músico es usted un buen contador de historias?

Bueno, ante todo soy músico. Cuento historias porque mi música las necesita. Si hiciese temas instrumentales, seguramente nadie me habría hecho ni caso. Lo cual nos lleva al tema del tipo de letras que hago, porque no me conformo con juntar unas cuantas palabras que rimen bien y dejarlas caer en la canción. Creo que lo que dice Divine Comedy es también un elemento representativo de mi música. Así que ya ves, al final no sé muy bien cómo explicarlo. Pero lo que sí te puedo asegurar es que no soy escritor. Nunca publicaría un poemario o un libro de relatos. Escribo simplemente porque hay que llenar una parte de las canciones que hago.

 

En Office Politics hay mucho humor, quizá más que en otros discos suyos.

Siempre lo ha habido, pero aquí era fundamental, porque esta historia no podía contarse desde la más estricta seriedad. Hubiese sido horrible. No, las situaciones que dibujo y los personajes que aparecen necesitaban ser presentados con humor e ironía. Hay quien ya me ha dicho que estaría bien hacer un musical, pero no es algo que me atraiga lo más mínimo. Soy consciente de que este álbum inspira muchas imágenes pero precisamente por eso, prefiero que el oyente imagine lo que escucha. No hace falta que se materialice ante sus ojos.

 

Antes hablaba de Villagers y también de lo poco que le gusta el siglo XXI. ¿Hay música nueva que te interese?

Me gustan mucho Arcade Fire y Vampire Weekend, aunque no sé si es lo que consideraríamos música nueva. Lo que sí sé es que la música que pueda gustarme ahora nunca me afectará de la misma manera en que lo hacía la que escuchaba de adolescente o de joven. Recuerdo mi primer viaje conduciendo mi propio coche. Fue al aeropuerto a recoger a mi hermano. Sonaban los Pixies y cuando subió y los escuchó dijo. ¿Qué es esto? Ese impacto ya no podemos recibirlo, es muy difícil. Por eso, aunque siga habiendo cosas que me gustan de la actualidad musical, me aferro a los discos, las canciones y los artistas que configuraron mi personalidad. No sé si ahora las canciones son peores que antes, pero te puedo asegurar que antes se grababan de otra manera.