Uno de los primeros discos triples de la historia fue aquel que recogía la mítica primera edición del festival de Woodstock, de la que este verano se cumplen 50 años. Publicado en mayo de 1970, siete meses después del festival, muestra las actuaciones de Jimi Hendrix, Carlos Santana, The Who, Jefferson Airplane, Richie Havens o Joe Cocker entre muchos otros. Atlantic Records se aventuró con un formato novedoso, un disco triple para hacerle sitio a más de dos horas de música. A pesar del riesgo que semejante operación implicaba, la jugada salió de maravilla. Pocos días después de publicarse, el álbum alcanzó el primer puesto de la lista de álbumes de pop de Billboard.

Sin embargo, este éxito no ha sido lo habitual con los discos triples, un formato de alta exigencia, ya que tanto el minuta je como la pulcra presentación que solían adoptar (por lo general, incluían posters, libretos y fotografías) hacían que su su precio era más elevado que el de un LP normal, lo que reducía mucho las ventas. El caso es que, antes de la aparición del CD, esta era la única manera de embutir en un mismo soporte más de dos horas de música.

Entre los triples publicados en su día hay una enorme variedad de estilos, desde grandes obras conceptuales a conciertos inolvidables pasando por derroches de ambición y egolatría auto indulgente, por no hablar de obras infladas hasta el delirio y que como mucho habrían dado para un álbum sencillo. A veces, ni eso. Hemos repasado la historia de este formato mastodántico para recuperar el puñado de álbumes triples que no deberían faltar en casi ninguna discografía que se precie.

 

All the Things Must Pass, George Harrison (Apple, 1970)

Harto de ser considerado una especie de eterno segundón, Harrison aprovechó la separación de The Beatles, para publicar este triple LP, su tercer álbum en solitario. En él dio rienda suelta a toda su creatividad eclipsada durante años por sus dos compañeros de grupo de mayor talento, John Lennon y Paul McCartney.

En esta obra de notable ambición y variedad, casi un receptáculo de todas sus ideas musicales, Harrison se mostró liberado. Incluye temas como My Sweet Lord, What Is Life, Wha Wha, Isn´t It A Pit o la que da título al álbum. En realidad es más un doble que un triple álbum, ya que el tercero es una especie de rellano un tanto innecesario, una serie de improvisaciones que el de Liverpool tal vez se podría ahorrado.

En la grabación participaron algunos amigos como Eric Clapton, Ringo Starr, Klaus Voormann o Bill Preston y la producción la llevaron a cabo el propio Harrison y Phil Spector, quien imprimió al álbum algo de su legendaria técnica de producción wall of sound. Hoy en día, este alarde de creatividad sin prejuicios está considerada como uno de los mejores discos que hicieron los componentes de The Beatles en solitario.

 

2 Europe 72, Grateful Dead (Warner Bros., 1972)

Cualquier muestra del talento de Grateful Dead merece la pena. Sobre todo, si transmite la magia que desplegaba este mítico grupo sobre un escenario. En la primavera de 1972, los Dead hicieron una gira por Europa presentando sus grandes éxitos y mostrando su capacidad para improvisar hasta el infinito durante sus conciertos. En aquellos días, un tour de este calibre era realmente costoso y la compañía pensó que se podía recuperar algo con la publicación de un disco que lo recogiera. Se grabó la gira entera, se editó y acertaron de pleno, porque el triple álbum consiguió ser disco de oro y doble platino. Un documento magnífico de una de las mejores bandas de directo de la historia de la música popular.

 

3 Wings over America, Wings (Capitol, 1976)

Paul McCartney tenía un rincón reservado en esta lista, como en casi cualquier lista de discos imprescindibles. Además tiene el récord en lo que a éxito comercial de este exigente formato se refiere, ya que de este trabajo vendió más de cuatro millones de ejemplares solo en Estados Unidos. No hay otro álbum triple que presente unas cifras similares, ni siquiera que se le acerque.

Grabado durante su viaje por Norteamérica dentro de la gira mundial Wings Over The World de 1975 y 76, el disco captura los grandes éxitos de la banda e incluye cinco canciones de The Beatles. Refleja perfectamente la perfección musical de una formación en la que destacan Paul y Linda McCartney, Denny Laine y Jimmy McCulloch. Por cierto, la portada, que parece algo simplona, es del legendario estudio de diseñadores Hipgnosis.

 

4 Lotus, Santana (Columbia, 1974)

Arrastrado por la moda de los discos triples, Carlos Santana, que en 1974 se encontraba en un gran momento de ventas y de popularidad, debió pensar que era una idea estupenda grabar un disco en Japón, en Osaka para ser más exactos, y publicarlo allí primero y en exclusividad. Luego, un año y medio más tarde, lo editó en Europa.

Grabación en directo que incluía todo avances tecnológicos de la época, como el sonido cuadrafónico y un repaso a sus temas más conocidos y también aquellos en los que más se podía lucir el gran guitarrista. Para amantes del jazz-fusion-rock-latino-funk… Y de los dedos rápidos, por supuesto.

 

5 Yessongs, Yes (Atlantic, 1973)

Máximos representantes del rock sinfónico y progresivo, los Yes empezaron haciendo canciones tirando a breves, pero según iban pasando los años, sus temas iban creciendo en longitud para incluir largos desarrollos atmosféricos e instrumentales, hasta que llegó un punto en que la oración estándar de los discos empezó a quedárseles un tanto corta. De hecho justo después de este triple en directo, del que también hay una película, publicaron el disco doble Tales From Topographic Oceans. A pesar de que su sonido no es precisamente brillante, el álbum encandiló a la crítica e incluso se vendió bastante bien. Un millón de copias en Estados Unidos, sin ir más lejos. Consta principalmente de canciones tomadas de sus discos Close to the Edge y Fragile y en la mitad del minutaje el batería es Bill Brudford, de la formación original que lo dejó todo para integrarse en King Crimson, y el resto, su sustituto, Alan White.

 

6 Sandinista, The Clash (CBS, 1980)

Nos imaginamos a Joe Strummer y Mick Jones pensando qué podían hacer para mantener el nivel después de haber publicado el magistral London Calling. Poco. O todo. Y eso hicieron, todo. Poner patas arriba todos los conceptos, aplicar cualquier sonido diferente, buscar influencias novedosas. Para este disco conformado por 36 canciones, seis por cara, recurren al dub, al folk, al reggae (del que ya eran muy aficionados), el funk, el jazz, los ritmos caribeños, el calypso, el rap…

Todo lo que tiene de innovador y de sorprendente, también lo tiene de fallido en algunos casos. Podría haber sido en espléndido álbum simple, aunque seguramente cada oyente elegiría un puñado diferente de canciones. Como ya habían hecho con su doble, que se vendió a precio de LP sencillo, este llegó a las tiendas con un precio rebajado a doble. Los Clash, empujados por el éxito, la presión y las sustancias ilegales, emprendían una irreversible cuesta abajo.

 

7 Welcome Back My Friends to the Show That Never Ends, ELP (Manticore, 1974)

En su día fueron uno de los mayores súper grupos del rock. Una formación simple, Keith Emerson, en los teclados, Carl Palmer en la batería y la percusión y Greg Lake cantando y tocando el bajo y también la guitarra en ocasiones. Sus discos ahora resultan poco menos que insoportables para cualquiera que no sea un incondicional del rock más arty y pretencioso de los 70, pero en su momento causaron furor y vendieron cerca 50 millones de discos en todo el mundo. Una barbaridad.

Este fue su segunda entrega grabada en directo y, ya puestos, pues triple. Grabado en el Centro de Convenciones de Anaheim, en California, durante su gira mundial de 1973 tras la publicación de su álbum de estudio Brian Salad Surgery, incluye solos eternos de batería y soliloquios interminables de teclados y piano a cargo de Keith Emerson. Es todo un manual de base de lo que significa el rock progresivo en su momento álgido, cuando los dinosaurios caminaban por la tierra del rock.

 

8 69 Love Songs, The Magnetic Fields (Merge, 1999)

La banda de Boston liderada por Stephin Merritt empezó hacienda indie pero cada vez más la personalidad de su fundador se fue imponiendo y pasó a ser un vehículo para dar salida a los escritos de Merrit sobre la vida, las personas y lo divino. Unas veces en plan más irónico y divertido y otras veces oscuras, pesimistas y amargas.

Para la sexta entrega de The Magnetic Fields, el señor Merrit escribía y escribía con el resultado de que tenía a su disposición 69 canciones y en eso consiste el disco, en su momento triple CD. No es exactamente un disco sobre el amor, sino sobre las canciones de amor y de ahí, y de su variada presentación estilística, su importancia. Aunque a veces parece que no hubo mucho criterio de selección, hay momentos muy inspirados y mágicos. Tal vez el problema sea escucharlo todo seguido, de una tacada.

 

Mellon Collie and the Infinite Sadness, The Smashing Pumpkins (Virgin, 1995)

Editado en dos versiones distintas, como doble CD y también como triple LP, fue el tercer disco de estudio de la banda de Chicago The Smashing Pumpkins. Presenta las mismas virtudes y los mismos defectos que hacen que este grupo sea amado y odiado. No obstante es uno de los momentos álgidos de la carrera de estas calabazas y también uno de sus trabajos más vendedores. Un disco ambicioso, bien elaborado, con aportes interesantes y apuntes de por dónde podía ir el rock en los próximos años. Corgan, Iha, Chamberlin y Wretzky demuestran una envidiable capacidad creativa que da como resultado una compacta colección de canciones. 

 

10 Emancipation, Prince (NPG, 1996)

Un artista como Prince, pequeño pero de un ego tan grande como su talento, no podía fallar en este listado. Él también probó con este formato (y con el cuádruple LP si hubiese tenido ocasión)  y lo hizo con éxito y de manera brillante. Sometido durante años a la dictadura de su contrato con una multinacional, cuando se liberó de sus ataduras lo hizo con un alarde de creatividad, aunque a veces demasiado cruda, íntima, descarnada.

El artista también conocido como Prince puso su firma en este triple LP de rhythm and blues en el que incluye brochazos de hip-hop, funk, pasión, guitarras y ritmos. Quizás no sea su obra más popular y entre sus cortes no haya un éxito del calibre de Purple Rain, pero descubre una faceta pocas veces visualizada del pequeño príncipe.