Cabe de todo, desde el compromiso más político a las actitudes más hedonistas y frívolas. La banda sonora del movimiento LGTBI cada vez es más heterogénea y admite varios estilos musicales, etiquetas para todos los gustos e intérpretes de generaciones muy distintas. Estos siete álbumes podrían sonar en cualquiera de las carroza que desfilarán estos días para reivindicar la diversidad sexual con contundencia y orgullo.

 

1 Bloom, de Troye Sivan

Un disco de pop mainstream en el que caben metáforas tan claras como “date una vuelta por mi jardín, las fuentes y las aguas están suplicando conocerte, he estado guardando esto para ti” solo puede recibirse con extático júbilo. La estrella australiana lanzó el pasado verano su segundo disco, el esperadísimo Bloom, que demostró que la generación Z viene fuerte y con ganas de romper las reglas del juego.

Un álbum que emborracha en su excitación virginal post-adolescente, repleto de himnos queer para animar los orgullos de aquí a Lima y una producción ochentera y grandilocuente que deja con ganas de más. 

 

2 Charli, de Charli XCX

Cuatro años ha tardado Warner en darse cuenta de la valía de una Charli XCX a la que pusieron la continuación del sensacional Sucker en un cajón hasta nueva orden. Dos mixtapes después que parecen venidas del futuro, la británica ya tiene confirmado su tercer disco, Charli, que llegará el próximo septiembre cargado de colaboraciones de artistas LGBTI y queer friendly como el propio Troye Sivan, además de Lizzo, Christine & The Queens (los que pudieron escuchar este tema en el Primavera Sound hablan de una bomba de relojería dispuesta a incendiar las pistas de baile de todo el mundo), Sky Ferreira y Brooke Candy. Lo presentará, además, en Barcelona y Madrid el próximo noviembre. 

 

3 While We Wait, de Kehlani

El esperado debut en largo comercial de Kehlani dejó sensaciones agridulces, especialmente por esa tendencia de saturar los discos con canciones para hinchar los números de reproducciones en plataformas de streaming. Pero separando el grano de la paja nos quedábamos con una de las mejores colecciones de R&B-pop de los últimos años. Espoleada por su inminente maternidad, la diva californiana lanzó a principios de año su tercera mixtape, que suena a viaje en el tiempo hasta la golden era del género en los noventa. Entre los hitos se encuentra Nights Like This, que es el himno bisexual de ruptura, junto al ubicuo Ty Dolla $ign, que reclaman estos tiempos de inclusión. 

 

4 Dirty Computer, de Janelle Monáe

En Primavera Sound nos dimos cuenta cuán de otro mundo es Janelle Monáe, que venía a presentar Dirty Computer, uno de los mejores discos de 2018, su retorno al mundillo discográfico después de un largo silencio de un lustro. El álbum es una exhibición de su talento y polivalencia: hay baladas de aires noventeros, flows de vértigo, bombones de pop desacomplejado de esos que factura como churros, su habitual fluidez queer, homenajes a Prince por doquier…

Es uno de esos trabajos que llegan en el momento adecuado, uno en el que los creadores negros y queer son más celebrados que nunca. La de Kansas, por cierto, no es bisexual o lesbiana como te pensabas, sino pansexual y Dirty Computer y es su regalo a un mundo al que ama sin distinciones de raza o género. 

 

5 Madame X, de Madonna

Muchos empiezan a considerar Madame X como el álbum más importante de Madonna desde Confessions on a Dance Floor, que ya es decir. La diva de Michigan, en lugar de dejarse seducir por los ritmos negros que han asaltado el mainstream internacional (ya lo hizo antes y mejor) se deja seducir solo ocasionalmente por el latineo, junto con Maluma, y más relevantemente por la música portuguesa. Y es que Madonna lleva viviendo en Lisboa desde el verano de 2017.

También supuso su reencuentro con el productor Mirwais, protagonista de sus canciones en los primeros dosmiles. Raro sería que la muy disco y algo experimental God Control no fuese la canción del orgullo.

 

6 Proto, Holly Herndon

Si el año pasado tuvimos Oil of Every Pearl’s Un-Insides, de Sopie, este año toca Proto, de Holly Herndon. Porque en materia de música electrónica experimental que subvierte las reglas las mujeres llevan la voz cantante. Este disco no trata tanto de la celebración de la sexualidad, las opciones de género y el amor libre, sino de un futuro deshumanizado y sin género.

Para este trabajo conceptual, la artista americana creó junto con Mat Dryhurst un programa que usa técnicas de machine learning e inteligencia artificial aplicadas al procesamiento de la voz poniendo especial énfasis en “la creación musical alienígena”. 

 

7 Expectations, de Hayley Kiyoko

Esta californiana empezó su carrera en la girl group The Stunners y ha hecho sus pinitos en el cine (como la Vilma de Scooby Doo, por ejemplo) antes de priorizar su carrera musical, que vivió su primer pico de popularidad hará ahora un año, cuando publicó su debut en largo, Expectations. Llegaba este en un gran momento para el pop, abierto ya definitivamente a cualquier opción sexual, más inclusivo y diverso que nunca. Y lo firmaba, nada menos, que la autora de un hit titulado Girls Like Girls y la “Jesucristo lesbiana”, que es como, con algo de broma, la han bautizado sus fans. El álbum es una exhibición de fluidez sexual, hedonismo bailable y pop desacomplejado que toca el cielo, junto con Kehlani, en canciones como What I Need