Ojalá pudiéramos tener imágenes de los conciertos de The Beatles en Hamburgo o la posibilidad de disfrutar de las primeras actuaciones de Buddy Holly, de Chuck Berry, de los Stones, de Elton John, de la Grateful Dead, de los Sex Pistols… En algunos casos, solo disponemos de fragmentos grabados con una sola cámara, a veces de mano, y a menudo con muy poca calidad de sonido y de imagen. No hay mucho más.

A finales de los 60 arrancó, y sobre todo ya en los 70 se entronizó, la época de los dinosaurios del rock, de los álbumes dobles y triples, de los macro-conciertos y, también, con todo ello las películas que recogían sus directos. En la década de los 80, cualquier banda que se preciase grababa sus actuaciones que luego distribuía en un vídeo VHS y así rentabilizaba sus giras. Por eso hay tanto material, más o menos interesante, desde entonces. Algunas películas han sobrevivido al paso del tiempo y se han convertido en clásicos de ese género cinematográfico en sí mismo que es el envasado de conciertos de rock. Ahí va la media docena que nos parece ciertamente memorable.

 

The Last Waltz (The Band, 1978)

Concierto de despedida de una de las bandas más grandes que ha dado la música: The Band. Los canadienses ofrecieron su último concierto en el Winterland Ballroom de San Francisco el 25 de noviembre de 1976 y allí estaba nada menos que Martin Scorsese, un gran melómano, para dirigir las cámaras que filmaron ese evento en el que participaban numerosos invitados de auténtico lujo, como Ronnie Hawkins y Bob Dylan, que tuvieron durante algunos años a The Band como grupo de respaldo, además de Eric Clapton, Paul Butterfield, Ringo Starr, Ronnie Wood, Muddy Waters, Dr. John, Van Morrison…

Algunas actuaciones son inolvidables, como la de Joni Mitchel interpretando Coyote, Neil Young cantando Helpless o la intervención de Dylan. Una imagen muy cuidada, un sonido perfecto y algunos detalles que documentan el concierto y la trayectoria de The Band a través de intervenciones principalmente de Robbie Robertson, su guitarrista, y del resto del grupo. El disco y la película son imprescindibles para cualquier buen aficionado a la música rock.

 

Woodstock, tres días de paz y música, (VV.AA, 1970)

Una película que en realidad es un documental sobre el Festival de Woodstock, celebrado en Bethel, Nueva York, en agosto de 1969. Ha pasado medio siglo desde entonces y viendo ahora cómo era un festival entonces cualquiera se puede preguntar cómo sobrevivieron a esos tres días. La música, sin duda. Por allí aparece un apoteósico Jimi Hendrix y la inconmensurable Janis Joplin, además de estrellas como Santana, The Who, Crosby, Stills, Nash & Young, la Jefferson Airplain, Joe Cocker o Sly And The Family Stone.

Abre el concierto (según la película) Richie Havens con una canción que proclama a los cuatro vientos los anhelos juveniles de los allí reunidos: Freedom. Todo es extraordinario, porque el documento tiene un valor único: Canned Heat, Joan Baez, Ten Years After, John Sebastian, Arlo Guthrie… La dirección corrió a cargo de Michael Wadleigh, aunque el montaje fue cosa de Martin Scorsese, que fue nominado a los Oscar por su trabajo. Premio que ganó la película al Mejor Documental.

 

Live at Pompeii (Pink Floyd, 1972)

Un film brillante y/o una locura genial. La idea de hacer una película con su música o sus conciertos venía rondando en el seno de la banda británica. El cineasta Adrian Maben lo había intentado con un proyecto para combinar sus canciones con pinturas pero éste no salió adelante y decidió marcharse de  vacaciones a Nápoles. Allí visitó Pompeya y en ese entorno, con ese silencio y entre esas ruinas, pensó que sería un lugar perfecto para la psicodelia del grupo de Canterbury. Y además, sin público, en un raro momento de intimidad entre el grupo y el entorno elegido.

Su contacto con las autoridades locales fue un profesor de la universidad napolitana que era fan de Pink Floyd. Costó, sobre todo dinero. bastante, que cerrasen el anfiteatro durante seis días, cuatro de ellos para grabar el concierto, pero el resultado es increíble. La luz de octubre, el lugar y la banda tocando en vivo, con su propio equipo para directos, su repertorio más psicodélico y algunos temas nuevos. Un viaje, casi como el que llevaban puesto Gilmour, Waters, Mason y Wright.

 

4 Stop Making Sense, (Talking Heads, 1984)

El director Jonathan Demme (Melvin y Howard, Algo salvaje, Filadelfia) fue el encargado de filmar durante cuatro noches en diciembre de 1983 la actuación en vivo de Talking Heads, la banda neoyorquina capitaneada por David Byrne. Para muchos esta es una de las mejores películas de rock de todos los tiempos y la mejor de conciertos. No se podía esperar menos de un tipo tan creativo y exquisito como Byrne.

Arranca con la irrupción de Byrne, con la guitarra acústica a cuestas y un radiocasete portátil, anunciando que va a tocar uno de sus éxitos, Psycho Killer. Aprieta un y botón suena una batería pregrabada. A partir de ahí, con cada nueva canción aparece un nuevo miembro de la banda. Primero Tina Wymouth, luego Chris Franztz y finalmente Jerry Harrison. Después llegan los músicos de apoyo y ya con todos en escena suenan los acordes de otro de sus hits Burning Down the House. Todo está pensado, hasta el famoso traje enorme que viste Byrne en un momento dado y que se ha convertido en un icono. Por cierto, fue la primera película cuyo sonido se grabó completamente con técnicas digitales.

 

5 U2 Live at Red Rocks: Under a Blood Red Sky, (U2, 1984)

A veces los elementos se conjuran para hundir un evento, pero otras lo glorifican. Eso ocurrió con este concierto de U2, en ese momento una joven banda irlandesa que intentaba conquistar América. La oficina de mánager del grupo había organizado la filmación para la noche del 5 de junio de 1983 en el anfiteatro Red Rock en Colorado, durante la gira de promoción del disco War. El tiempo no acompañaba. Lluvia torrencial durante todo el día, viento, frío. Un tiempo de perros que amenazaba con forzar la cancelación del evento o electrocutar a cualquiera de los operarios.

Sin embargo, dos horas antes de la hora previsa, el aguacero se convirtió en una fina lluvia. Bajo esa sutil cortina de agua, los chicos de U2 demostraron lo grandes que eran. Entre las inclemencias, la neblina de la humedad, las antorchas que iluminaban la velada y la pasión que con que tocaron sus canciones, el concierto fue un éxito y supuso el despegue definitivo de Bono y compañía. De este legendario punto de inflexión nace  la fama de U2 como ejemplar banda de directo, algo que aún conservan. De la filmación se encargó el cineasta británico Gavin Taylor, quien también es responsable de la película Queen At Wembley, de 1986.

 

6 Tourfilm, (REM, 1990)

Nadie puede negar la importancia de REM en la música rock. Es, sin duda, una de las bandas más importantes de los 80 y los 90 y justamente, tras publicación de su sexto álbum de estudio Green, el grupo capitaneado por el cantante y compositor Michael Stipe se habían convertido definitivamente en un fenómeno y su éxito ya era imparable. Por ello iniciaron un tour mundial de once meses de duración que incluía una gira por Estados Unidos y Canadá. Berry, Mills y Buck y Stipe ya llevaban con fuerza las riendas de su carrera y decidieron que era hora de filmar sus conciertos.

Tourfilm es una película con tintes de documental en la que no hay, como ocurre en otras del género, imágenes del grupo antes o después de subir al escenario, pruebas de sonido, viajes, etc., ni entrevistas con ellos. Solo música, solo actuaciones. Producida por Michael Stipe y dirigida por Jim McKey, la película, que básicamente está basada en un concierto en el Greensboro Coliseum Complex (GCC), en Carolina del Norte, tiene algunos puntos interesantes cinematográficamente, como que está grabada íntegramente en blanco y negro o que incluye imágenes filmadas con una cámara autónoma y material de archivo. Jim McKay también ha dirigido algunos capítulos de series como The Wire, Breaking Bad, Treme, The Good Wife y The Good Fight.