El director francés Cédric Kahn (Crest, 1966) estrena El creyente (La Prière), una película magnífica presentada en la Berlinale 2018 donde su protagonista, el joven Anthony Bajon, se alzó con un muy merecido Oso de Plata a Mejor Actor.

En este detallado relato sobre lo que supone pasar el mono de la heroína, el espectador contempla cómo un joven de 22 años que ingresa en un centro de desintoxicación en los Alpes franceses, la región en la que nació el propio Kahn, se enfrenta a una terapia basada en la oración, el trabajo duro, la disciplina, el contacto con la naturaleza y la fraternidad para superar su adicción a las drogas. Honesta y conmovedora, la película es una verdadera joya.

Esta entrevista ha tenido lugar en dos fases. La primera, hace año y medio, en la Berlinale 2018, donde el director francés de 52 años Cédric Kahn presentó a competición El creyente. La segunda, el 6 de junio de 2019, en el Instituto Francés de Madrid. 

Kahn, que no es creyente, a pesar del título español de su film, muestra en La prière con exquisita minuciosidad el viaje interior que experimenta  un chico drogadicto desde el primer momento en el que ingresa en una comunidad religiosa aislada en las montañas y habitada por drogadictos y exdrogadictos.

Nacho López - Cortesía de Surtsey Films

 

¿Por qué un film sobre la desintoxicación? ¿Conocía a alguien que hubiese pasado por esto?

No es un tema personal. Fue la curiosidad lo que dio origen a este proyecto. Y era la experiencia de estos jóvenes que me contaron testimonios de lo que habían vivido; lo que habían atravesado. Las historias de vida que me contaron eran tan ricas y, a veces, tan terribles, que me conmovieron. Porque estaban muy cerca de la muerte, y luego intentaban salvarse a través de la oración y encontrando el amor a Dios. 

 

¿Y cómo le surgió la idea de hacer una película sobre el proceso de recuperación un drogadicto?

Tras oír los testimonios. 

 

¿Cómo le llegaron a usted esos testimonios?

Es mi pequeño secreto como director. Fue un largo proceso. Primero conocí a una persona, luego a otra, y a otra, y me fueron contando sus historias. Tras un tiempo, fui a una comunidad de estas, pasé un tiempo con ellos y la idea se fue desarrollando. A veces investigo sobre algo que al final no se convierte en película. Otras veces, sí se concreta. Hago la investigación y luego decido, así que cada caso es diferente. La idea de esta película estaba, pero era solo una idea, y tras conocer los testimonios, decidí hacerla. Una vez escuchado lo que tenían que decirme, estaba seguro. 

 

¿Qué es para usted La prière, la plegaria? ¿Una unión con Dios o solo con uno mismo?

Para un creyente, obviamente, es el amor con Dios. Yo no soy creyente, así que para mí no puede ser un vínculo con Dios. 

 

¿Nunca ha rezado?

No. Bueno, una vez iba en un avión, y creyendo que nos estrellaríamos, me escondí en el baño y recé, prometiendo que si sobrevivía, no volvería a coger un avión nunca. Pero he roto mi promesa. Ahí va mi confesión (ríe). 

 

Eso es interesante. 

Para los toxicómanos, la amenaza de morir, Dios… Creo que hay algo de pérdida de la infancia. Mucha gente empieza a rezar cuando ve peligrar su vida. Creo que detrás de esto están buscando una forma de protección. Quizá en su infancia no estaban lo suficientemente protegidos y se pasaron a las drogas, y las drogas los destruyeron. Todos los toxicómanos que he conocido tienen unas historias terribles.

Nacho López - Cortesía de Surtsey Films

 

¿Sí?

Sin duda. 

 

¿Cree que el sufrimiento experimentado en la infancia está relacionada con la adicción a las drogas?

Sí que lo creo. No creo que uno se drogue solo por placer.

 

¿Problemas en la infancia o en cualquier momento de la vida? ¿Cree que el impacto es mayor en la infancia? 

No tengo una teoría, pero si juzgo a partir de lo que he visto, sí. Solo puedo decirte lo que he observado y lo que me han contado. Estas historias van entre los cero y los 12 años, así que es terrible. Muchos han pasado por adopciones. Muchos chicos abandonados y adoptados. 

 

La película llega a conclusiones muy optimistas sobre las posibilidades de los toxicómanos de dejar atrás sus adicciones. En la película, un personaje le dice al otro: “No puedo, no puedo”. Y el otro le replica: “Sí puedes. Yo he podido”. ¿Cree que esta película puede ayudar a personas que se encuentren en esa situación? 

Creo que los toxicómanos saben que hay solución, que hay varias posibilidades, ya sea través de la religión, de otras vías no religiosas, con ayuda médica, pero lo más importante que tienen que comprender, y que yo comprendí, es que tienen que estar preparados para ser ayudados. Si no están preparados, no funciona. De las drogas solo se sale si uno tiene la voluntad. Quizá tienen que sentir que están cercanos a la muerte para ser capaces de hacerlo. Pero, de nuevo, para salir de las drogas, uno tiene que querer. Es un  estado mental.  Tus pasiones, obsesiones, tienen que ser positivas.

Nacho López - Cortesía de Surtsey Films

 

¿Y este sitio existe?

Sí. Pero no puedo decir cuál es. 

 

¿Y es una comunidad que solo existe en Francia o hay muchos sitios en las montañas donde van los chicos?

En la película está reconstituido. Es un decorado con los actores. Pero hay casas como esa en toda Europa. 

 

¿Qué es lo que más le sorprendió de ese sitio?

Yo estuve ahí y lo que me sorprendió fue la disciplina. Tenía que deshacerme del móvil, del dinero, como ellos. Pero no trabajé en el campo. Mientras ellos lo hacían, yo tomaba notas. Comí su comida, que no era la mejor del mundo, y viví su rutina diaria. Disciplina. Y también me sorprendió que fueran bastante amigables. Tenían una actitud muy agradable entre ellos, y me chocaba, porque yo conocía a fondo sus testimonios. Todo está basado en la amistad. También existen sitios no religiosos donde los drogadictos funcionan como una comunidad, como amigos, y lo que hacen es intentar apoyarse los unos a los otros. 

 

¿Cómo encontró a Anthony Bajon? Es estupendo. Me recuerda a el niño de El bola, la película de Achero Mañas. 

Es un actor principiante que había hecho algunos papeles, pero no un protagonista. Hice un casting, pruebas con algunas escenas, y me encantó. Tenía 22 años.

Nacho López - Cortesía de Surtsey Films

 

¿Cómo lo dirigió?

ES curioso. Anthony, de hecho, no se ha fumado un pitillo en su vida, y la escena en la que se fuma el pitillo, es el primero que se fuma, y fue un drama. Hacer de toxicómano y no haberse fumado un pitillo en toda su vida es complicado. Fue un papel muy difícil para él. Él es muy sano, muy deportista, no fuma, no bebe, está obsesionado con el trabajo. Está muy, muy alejado de la drogodependencia. Lo más importante que le pedí fue que adelgazara porque los heroinómanos suelen ser muy delgados. 

 

Si yo tuviese alguien cercano drogadicto, le recomendaría ir a ese sitio. ¿Y usted?

Si es la única solución, también yo lo haría. Pero sobre todo si él quiere. Tiene que ser su opción. No funciona sin la voluntad. Solo funciona con los que realmente quieren salir de aquello. Eso es lo que yo creo. La única persona que se puede salvar es uno mismo. Podemos utilizar el rezo, la religión, Dios, la comunidad… la disciplina artística, son como manos tendidas, propuestas hacia alguien, pero lo único que te puede salvar es coger tú esas manos tendidas hacia ti. Tener la inteligencia y el instinto para decir: “Esta mano, la cojo”. Eso es lo que yo creo. 

 

¿Algún chico toxicómano que haya visto la película le ha dicho que ha supuesto una inspiración para él?

Cuando he presentado el film en una sala con posterior coloquio, hay muchas personas que se han conmovido con la película. Pero no sé cómo pueden utilizar eso para sus vidas personales. Dejar la droga es fácil, pero los problemas detrás de la droga son otra cosa. Un camino muy largo. Los problemas que han llevado a eso son mucho más largos en la vida, y siempre ocurre de la misma manera. Alguien se me acerca tras la proyección o me llama y me dice: “He visto tu película, me gustaría tomar algo contigo, me ha encantado tu película, me ha conmovido”. Segunda etapa:” Tuve problemas con las drogas, fue muy difícil”. Tercera etapa, les planteo si puedo preguntarles si han comprendido por qué se empezaron a drogar. Y no pueden contestar a esa pregunta. Para mí eso es fascinante. 

 

A lo mejor, desde fuera sí se ve con claridad. 

Ellos dicen: “Mi problema es la droga”, pero son incapaces de contestar por qué. Es como una maldición. Forzosamente tiene que haber una razón. 

 

De la droga, sí hay salida. 

Sí, por supuesto que la hay.