Con The Paradise Bath, Hamra Abbas ha realizado una serie fotográfica que reflexiona con poderío visual y delicadeza sobre el orientalismo, el sexo y el culto al cuerpo femenino. Si su autora no consigue venderlas, optará por destruirlas. Sencillamente, no puede llevar de vuelta a su país, Pakistán, una obra que sería considerada pornográfica por su uso de la desnudez como herramienta estética y conceptual.

De momento, las imágenes están a buen recaudo, en Venecia, donde no generan escándalo ni rehazo, en el marco de la exposición colectiva She Persists, en la que la galería HEIST muestra la obra de 21 artistas preocupadas por la emancipación de la mujer y por hacer arte vital y polémico con una clara perspectiva de género.

Se trata de una exposición muy completa. Entre las elegidas, artistas subversivas de trayectoria tan sólida como Judy Chicago y las Guerrilla Girls, pero también jóvenes pintoras, cineastas y activistas como Emilie Pugh o Rose McGowan. La relevista saudí Mashael Al Rushaid, fundadora de HEIST, y la historiadora del arte Sona Datta, estuvieron de acuerdo tanto en esta alternancia entre veteranas y jóvenes valores como en incluir escultura, pintura, cine, realidad virtual, fotografía y artes performativas, así como artistas del mayor número posible de ámbitos geográficos, de Londres a Lahore pasando por Dehli o Tokio.

La obras se han exhibido en el imponente edificio barroco del Palazzo Benzon, sobre el Grand Canal, el lugar en que la legendaria poetisa y dama aristocrática Marina Querini Benzon, una pionera del feminismo intelectual más inquieto y subversivo, reunió su salón a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Tras visitar la exposición y asistir a un animado coloquio entre algunas de las artistas y el público asistente, Al Rushaid charló con PORT sobre temas como el papel que juega el arte en las modernas políticas de género. 

 

¿Por qué reunir a semejante elenco de artistas internacionales?

Porque para nosotros era muy importante mostrar hasta qué punto el feminismo es un fenómeno global. Es la lucha de cualquier mujer del mundo que haya sido marginada o empujada a la periferia. Hay una serie de experiencia comunes que saltan fronteras culturales y políticas. Experencias como el dolor, la euforia de ser capaces de crear vida, la pérdida de un hijo, la erotización de la anatomía femenina, la transformación de las mujeres en objetos... Eso ocurre en todo el mundo. Queríamos explorar el sentimiento cultural de culpa con el que han crecido múltiples generaciones de mujeres en lugares muy lejanos entre sí. También nos intereaba captar las diferentes maneras de expresar la feminidad o la belleza de la mujer.

 

¿Por qué un título como ‘Ella persiste’?

Porque esto va de ellas, de la manera en que las mujeres son percibidas, y de ‘persistencia’, por esa batalla desigual en que las mujeres se han enfrascado para exigir sociedades más equitativas. Queríamos dejar claro que ‘ella persiste’ pese a todos los inconvenientes, porque es obstinada y sigue luchando.

 

¿Qué papel puede (y debe) jugar el arte en el debate público sobre cuestiones de género?

El arte es poderoso. Durante el Renacimiento, empezó a ser utilizado como una herramienta de comunicación de masas, para crear una conciencia colectiva. La idea era que todos los ciudadanos compartiesen un determinado relato, una forma de pensamiento común dictada por políticos y líderes religiosos. Hoy, el arte ha sido reconvertido en gran medida para convertirse en un vehículo para que cada individuo pueda expresar su propia voz, incluso elaborando un discurso contrario al de las élites. Así pues, creo que disfrutamos de un arte más democrático e inclusivo que nunca, una herramienta de transformación social. Vale la pena aprovecharlo amplificando esas voces y utilizándolas para exhibir las vergüenzas de las sociedades en las que vivimos.

 

¿Por qué traerla al Palazzo? ¿Tuvieron en cuenta la historia y lo que supone este espacio a nivel simbólico?

Estuve valorando varios lugares de Venecia, pero este me pareció el mas adecuado para lo que pretendíamos en cuanto me hablaron de Marina Querini Benzon y su fascinante historia como intelectual independiente, feminista y rebelde, una mujer que tuvo a Lord Byron o Antonio Canova como asistentes habituales a su salón. En cierta ocasión, se puso una toga que le dejaba parte de los pechos al descubierto y se paseó así, semidesnuda, por la plaza San Marco, algo completamente insólito en el siglo XVIII. No hace mucho, los herederos de Benzon apoyaron muy firmemente a la primera mujer gondolera de Venecia, así que este lugar tiene una muy sólida tradición feminista. Era una elección perfecta.

 

¿Por qué decidieron mezclar a artistas consagradas con otras emergentes o casi desconocidas?

Porque queríamos establecer un diálogo entre generaciones. Y también entre el arte establecido y el marginal. Sobre todo, nos interesaba mostrar como la tradición feminista de creadoras como Judy Chicago y las Guerrilla Girls ha encontrado continuadoras. La lucha continúa.

 

Usted ha dicho en alguna ocasión que el arte debe ser personal para ser relevante. ¿Por qué considera que dejar una impronta personal en lo que se hace tiene tanta importancia?

Bueno, nunca he querido ser de esos galeristas que exhiben en sus locales enormes cubos blancos, esas abstracciones intelectuales, cerebrales y gentrificadas que tal vez tengan un valor estético, pero no ofrecen al espectador la posibilidad de conectar con lo que ve a un nivel emocional, a través de un momento de introspección personal. Creo que el arte debe decir algo. Debe provocar sentimientos, debe transmitir algo significativo, intenso. Y debe conceder al espectador espacio para construir su propio sentido.

 

¿Cree usted que hay razones para el optimismo desde la perspectiva de la igualdad de género?

Creo que estamos en un momento crucial de la lucha feminista. Pero nos enfrentamos a una importante amenaza, que es, en mi opinión, la incomodidad creciente que algunos hombres y mujeres sienten con respecto a la palabra ‘feminismo’. Es como si sintiesen que el feminismo ha llegado demasiado lejos, que ya no significa solo la lucha por la igualdad, sino una ideología rígida y algo severa, no del toda constructiva. No es que yo comparta ese punto de vista, pero puedo entenderlo. Sin embargo, creo que es imposible impulsar una revolución mental de esta envergadura y hacerlo de una manera tan amable y tan neutra que nadie se sienta incómodo. Para compensar esa cierta severidad del discurso feminista más político hemos querido mostrar arte feminista, que puede generar adhesiones de manera más inclusiva. Porque lo ciero es que si queremos triunfar necesitamos cada vez más aliados, y tanto mujeres como hombres.