1 Rotten Peaches

Madman Across the Water, el cuarto LP de Elton John, ha pasado a la historia por el éxito hasta cierto punto inesperado (y de combustión lenta, ya que el single tardó varios meses en cuajar) de esa perla lisérgica que era Tiny Dancer. El caso es que se trataba de un álbum muy sólido, en el que John partía del country rock de Tumbleweed Connection (1970) para asomarse a universos sonoros tan en auge por entonces como el rock progresivo, la psicodelia o el soft rock en la estela de The Carpenters o Carole King.

Por ahí andaban también Razor Face All the Nasties, un par de canciones estupendas. Pero es en Rotten Peaches, tercer corte de la segunda cara, donde encontramos la más arrebatada esencia de ese Elton John oculto al que vale la pena sacar a la luz. Este medio tiempo luminoso y enérgico pero con su punto de melancolía rinde tributo simultáneo a Ray Charles y a Gram Parsons y, además, cuenta con una de las letras narrativas (sobre melocotones que se pudren al sol, ni más ni menos) más inspiradas de ese poeta del delirio cotidiano que es Bernie Taupin.

 

2 Kiss the Bride

Del cuarto álbum saltamos al decimoséptimo, Too Low for Zero, editado en junio de 1983. Por entonces, el músico de Middlesex estaba ya instalado en el éxito y sumido en una deriva narcisista que empezaba a generarle firmes detractores. De ahí que el single estrella del álbum, I’m Still Standing, fuese una canción virulenta y frenética, un ‘ahí queda eso’ en el que Elton se reivindicaba desde el orgullo del superviviente, desde el que aparca complejos y no está dispuesto a hacer concesiones porque siente que los años, la vida, el universo entero, han acabado por darle la razón.

Comparada con la exuberancia agresiva de I’m Still Standing y el clasicismo de éxito inmediato del otro single destacado, I Guess That’s Why They Call It the Blues, la festiva y burlesca Kiss the Bride puede sonar demasiado sencilla y falta de pretensiones. Pero basta con escucharla con la complicidad y el cariño que exige para descubrir en ella la joya escondida y puede que incluso la mejor canción del álbum.

 

3 Fascists Faces

Este alarde de inspiración y beligerancia, la canción más descarnadamente política del dúo John/Taupin, fue a parar a uno de sus discos de menor éxito, The Fox. John se encerró en los míticos estudios de Abbey Road para aparcar momentáneamente sus flirteos con la música disco y asomarse a la new wave británica, por entonces tan en boga. La operación se saldó con un fracaso (relativo) del que el cantante no tardaría en resarcirse con creces. Al menos, dejó en el camino exhibiciones de músculo artístico tan contundentes como esta canción, en la que se arremete con ferocidad y rabia evangélica contra toda una plétora de ‘fascismos’ contemporáneo, del anti-izquierdismo histérico de la prensa al racismo patriotero pasando por los recién estrenados gobiernos conservadores de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Si vas a fracasar, hazlo al menos con contundencia y estilo.

 

 

4 Where to Know St. Peter

Una delicia enterrado en los sótanos de Tumbleweed Connection. No queda muy claro qué intentó hacer Elton John con su voz en esta canción llena de giros inesperados, escorzos y arabescos, pero el resultado parecía a aproximarle a un folk pop de inspiración barroca, a lo Tim Buckley, en el que apenas volvería a reincidir en años posteriores. La letra de Taupin se internaba, una vez más, en vericuetos como el pecado, la redención o la pérdida de una fe religiosa que tal vez convertía el mundo en mucho más absurdo y arbitrario, pero también aportaba certezas y consuelo.

 

5 Elton’s Song

En The Fox, todo él una joya oculta, se esconde también esta hermosa y elocuente salida del armario por persona interpuesta cuya letra no fue escrita por Bernie Taupin, sino por un cómplice eventual, el cantautor y activista LGTB Tom Robinson. En realidad, más que salir del armario, John se limitó a poner un pie fuera y esperar acontecimientos.

Plañidera, suntuosa y llena de matices, esta balada aborda con lirismo pero sin grandes tapujos la atracción sexual que un adolescente siente por otro y la dolorosa confusión que ello le genera. Los versos de Robinson nadan y guardan la ropa, en un alarde de tiento, mesura y delicadeza, pero eso no evitó que la canción sufriese un veto que explica, en cierta medida, lo poco vendió The Fox y lo mucho (¡siete años más!) que tardaría Elton John en dejarse de subterfugios y salir definitivamente del armario. 

 

6 Captain Fantastic & the Brown Dirt Cowboy

Elton John en todo su esplendor, embarcándose en un álbum conceptual de resabios circenses sobre un tal Capitán Fantástico y su amiguete, el Cowboy Polvoriente, dos tipos que parecen recién salidos de una versión country y camp de Alicia en el País de las Maravillas. Bernie Taupin exhibe su portentosa imaginación en una letra que es todo un poema a la extravagancia y la aventura vital de los que se sienten distintos. Y la voz de Elton John fluye como nunca por los meandros de una canción de una riqueza deslumbrante, capaz de equilibrar a la perfección la atmósfera, la puntería melódica y el exhibicionismo instrumental.

Es evidente que al Elton John de los primeros 70 le encantaba transitar por la delicada línea que separa lo ridículo de lo sublime. Esta vez, todos sus pasos cayeron del lado de lo sublime.

 

7 Empty Sky

Una parte al menos de lo más personal y genuino que ha dado de sí Elton John hay que buscarlo en sus orígenes, cuando era todo ambición, todo candor y todo entusiasmo. Y eso que John considera, 50 años después, que su álbum de debut, titulado también Empty Sky, era “pretencioso y algo pueril”, y solo le dejó un puñado de buenos recuerdos, asociados a la experiencia de entrar en un estudio por vez primera y ver cómo las canciones que almacenaba en las repisas de su cerebro se convertían por fin en algo sólido y concreto. Pese a todo, no hay nada de pretencioso ni de pueril en esta tema que recoge la esencia del folk rock británico de finales de los 60 y lo lleva a otra dimensión, más estadounidense, gamberra y festiva.

 

8 Way to Blue

Tan oculta que ni su propio autor parece recordarla. Cuando le preguntaron por esta versión inédita de un tema de Nick Drake grabada en 1968, Sir Elton se hizo el loco, no del todo cómodo, tal vez, al recordar la adoración que sentía a los 20 años por un artista tan taciturno, melancólico y suicida como Drake. Pero la versión (o apropiación alevosa, qué más da) es bella y precisa en su humilde desgarro y nos muestra a un Elton John que daba sus primeros pasos en la música siendo dueño ya de una sensibilidad muy particular y una voz personal y cuajada.

 

9 Curtains

La otra perla de esa oda a la desmesura que es Captain Fantastic & the Brown Dirt Cowboy (el álbum) es esta balada alcohólica, religiosa y reflexiva que cierra el disco. Tal vez haya que reconocer que, pese a ser una de sus mejores canciones, es también una de las que peor han envejecido, por culpa de esos arreglos ampulosos, propios de una escena rock de la época que seguía fascinada por la tecnología de sonido y se tomaba demasiado en serio a sí misma. Pero lo que salva a Curtains y la incrusta en el recuerdo es esa larga coda final en la que Elton John se desangra dulcemente sobre el piano hasta dejarse la última gota de hemoglobina y quedarse vacío, sin aliento. Que nadie diga que me guardo nada, os lo doy todo.

 

 

10 I Feel Like A Bullet (In the Gun of Robert Ford)

Aquí el que se desangra es Bernie Taupin, con una de sus letras más sentidas y honestas. Un poema lleno de intimidad y desgarro en el que se habla de sentirse como una bala en el revólver de Robert Ford, el hombre que mató a Jesse James, o como un crío al que le han pisoteado todos los juguetes y reventado todas las burbujas.

Bernie hablaba, al parecer, de su dolorosa ruptura con Maxine Feibelman, a la que ya había inmortalizado en la inolvidable letra de Tiny Dancer. Y Elton John, consciente del hatillo de sentimientos en bruto que su cómplice le ha confiado, los envuelve en una deliciosa melodía y los canta con un mimo y una pulcritud fuera de serie.

 

11 Levon

Vale, no es precisamente una canción desconocida, sino más bien una de las preferidas de muchos de los fans veteranos de Elton John. Pero no es ni remotamente tan popular como Your SongDanielSacrificeRocket ManCandle in the WindGoodbye Yellow Brick Road y tantas otras, y hay que insistir es que es mejor que la mayoría de ellas. Toca, pues, reivindicarla.

Taupin, una vez más, da en el clavo y alimenta nuestra imaginación al hablarnos de un tal Levon, hijo de “Alvin Tostig”, que nació en la más absoluta miseria “un día de Navidad en el que el New York Times dijo que Dios había muerto y empezó la guerra”. Phil Lesh & Friends llevan ya varios años tocando este tema en directo en homenaje a Levon Helm, batería de The Band, que murió en 2012. De poco ha servido que Bernie Taupin dijese no hace mucho que el nombre del protagonista de su canción le vino a la mente por pura casualidad y que nunca pretendió ser una referencia a Helm. No hay realidad que pueda competir con una buena leyenda.