No tener miedo al paso del tiempo, a la vida que se nos escapa a cada segundo por el desguace de los relojes y los calendarios, es una insensatez. Mikel Erentxun es un tipo sensato.

- Ese miedo se llama cronofobia, lo he buscado en Google – le digo al músico en una habitación de la sede madrileña de Warner Music, llena de guitarras y pequeños cruasanes.

- Hostia, ¡qué buena palabra! Acabas de descubrir mi patología. No sabía que se llamaba así. El tiempo fluye cada vez más rápidamente, sobre todo a partir de los 50, y uno lo quiere detener y no puede. Pues lo voy a apuntar. Luego llamo a mi mujer para contárselo. Cógete otro cruasán si quieres.

Cuando Erentxun cumplió 30 años tuvo la mayor crisis que recuerda: se veía un señor mayor. Ahora, con 54 años muy bien llevados, el donostiarra está hecho un chaval: flaco y algo canoso, posa ágil aquí y allá para el fotógrafo, con su gorra, sus pantalones estrechos y sus zapatillas deportivas molonas. Un susto con el corazón hace seis años le hizo apreciar más la vida y elaborar una lista de las cosas que le quedan por hacer,  entre ellas viajar a Tokio, dormir en un iglú en Laponia o cruzar Estados Unidos en coche. Las va haciendo. "Así que tengo cronofobia…", suspira el artista para sus adentros. "Es que es terrible, es el peor miedo, a veces me quita el sueño. Pero hablar de ello y hacer bromas me ayuda a llevarlo mejor".

Luis Meyer

Eso sí, lleva a su espalda más de 25 discos, en solitario y en su etapa en Duncan Dhu. Aunque es difícil innovar en estas circunstancias, vuelve a la carga con un nuevo álbum producido por Paco Loco: El último vuelo del hombre bala. El hombre bala es el propio Erentxun, que atraviesa el tiempo como un proyectil; el nombre además tiene los aires roqueros y eléctricos por los que quiere volar en su nuevo trabajo, el primero sin la presencia de guitarras eléctricas.

“Supe del último hombre bala, creo que era un húngaro, y me gustó el romanticismo de esos que practican profesiones que ya van a desaparecer, ya casi olvidadas: el rock n roll de guitarras, tal y como yo lo concibo y lo practico, es algo ya en extinción”. El trap, por ejemplo, como el que escuchan sus hijos, dice respetarlo -“no vamos a ser como las generaciones anteriores, que quemaban los discos de Elvis”- pero reconoce que no lo entiende del todo, como es comprensible. “La juventud está en otra cosa, no usan guitarras”, dice Erentxun, “los discos los hacen en iPads en su dormitorio. Hay un choque cultural importante”.

Este trabajo cierra una trilogía iniciada con Corazones y El hombre sin sombra, que se caracteriza porque las composiciones son propias al 100% y hablan de la vida del artista quien, además, toca todos los instrumentos. Una forma de trabajar más artesanal. "A ver, en realidad no es que haya hecho una cosa totalmente innovadora y vanguardista", explica, "además, yo siempre he hecho discos bastante clásicos, pero sí he tratado de explorar lugares en los que no había estado nunca. Estoy innovando respecto a mí mismo".

El disco trata, pues, sobre el paso de tiempo, sobre el amor,  y contiene algunas pinceladas de crítica social. “Son solo algunos comentarios, como el hartazgo con los políticos que no se ponen de acuerdo, sobre todo en el tema de Cataluña. El single La vereda menciona eso y fue escrito hace un año. Y podría decir que lo he escrito ayer mismo”, comenta. Por cierto, el político del Partido Popular Borja Sémper, candidato a la alcaldía de San Sebastián, poeta de nuevo cuño y amigo del músico, ha versionado su canción Amara para hacer campaña. Y Erentxun ha apoyado su candidatura, por aquello de que es "más de personas que de partidos".

Parece, además, que Erentxun se está deslizando en la escena indie, que ya no es una etiqueta muy juvenil, a estas alturas. “Las fronteras del indie y mainstream se están rompiendo, yo estoy tocando en sitios donde antes no tocaba, festivales donde antes yo no iba: era más carne de Los 40 principales o Cadena 100, radios más convencionales”. El actual disco lo presentó en Radio 3. “Estoy contento con mi nueva piel”, dice el músico.

Entre Brando y Los Ramones

La cosa se anima cuando se le sacan al vasco, arquitecto de profesión, algunos de sus temas más queridos: las chupas de cuero y las botas. “Dicen que soy coleccionista, en realidad es que tengo más de las que me puedo poner, no es que coleccione. Pero yo digo que sí, para camuflar esta enfermedad”, cuenta. Tendrá alrededor de 50, es cierto que es difícil ponerse tantas chupas, sobre todo cuando el entretiempo entre los fríos invernales y el calor del estío dura tan poco.

Luis Meyer

- ¿No le da rabia que las chupas de cuero, sobre todo el modelo Perfecto, se hayan popularizado tanto por las grandes multinacionales textiles? Están por todas partes, las llevan hasta las ministras, cuando antes era cosa de roqueros e inadaptados.

- El sistema todo lo devora, es terrible, lo que era subversivo se convierte en moda. Ahora venden chupas modelo Perfecto en cualquier sitio y de todos los colores. En los 80 hubo otro fenómeno similar, las llevaban hasta Mecano. Yo la visto en la foto del disco, para darle un toque neoyorquino, rollo Ramones, quería emular aquella época, rollo retro 70. Aunque ahora da un poco de cosa ya ponerse esta prenda…

Según cuenta, la chupa Perfecto era una prenda técnica, ideada para motoristas por la marca Schott en los cincuenta: por ejemplo, la cremallera está en diagonal para que no le entre el viento al pilotar la burra. Así se presentó en la peli Salvaje, protagonizada por un Marlon Brando sobre dos ruedas. “Como los motoristas eran marginales, pasó pronto al mundo de rock”, dice Erentxun, y así la vistieron rockers, heavys o punks, casi todas las subculturas juveniles. 

- ¿Cuál es la cazadora de cuero más mítica?

- Pues además de la Perfecto, yo creo que la A2, que es la clásica chupa de aviador, marrón, con borreguillo en el cuello. Todos los aficionados a estas prendas tenemos que tener una. Como Indiana Jones.

Respecto a las botas, tiene gustos parecidos. “La época dorada del cuero fue entre los 40 y los 60, cuando era un elemento muy caro. Los grandes tesoros son de esas décadas llamadas pre war y post war. Por ejemplo, me gustan mucho las botas engineer de esa época, que tienen hebilla y también usaban los motoristas”, explica el músico.

Lo bueno de estas prendas es que duran mucho y aguantan bien el paso del tiempo, envejecen con solera. Como Erentxun, aunque el paso del tiempo le dé tanto miedo.