Stephen Wilkinson encarna uno de los últimos románticos de la electrónica orgánica, siempre adornando sus discos con una instrumentación acústica que no resulta nada frecuente en un contexto como el suyo.

Tras un corto devaneo con el ambient drone fantasmagórico que exhibió en el monumental álbum Phantom Brickworks (2017), una suerte de carta de amor a una Gran Bretaña ya perdida entre la niebla del tiempo, el hombre detrás del alias Bibio vuelve a pintar un exuberante tapiz que le ve picotear entre el folk, la psicodelia de los 60 y el soul de los 70 en un disco que explota toda su visión autoral, Ribbons (2019).

Es un trabajo que le ve tocar esencialmente todos los instrumentos, incluyendo a su repertorio nuevas armas como el violín y la mandolina que él, siempre autodidacta, aprendió a tocar por su cuenta. Contesta al teléfono desde su remota casa en el condado de Staffordshire, en los Midlands ingleses, que describe, con algo de sorna, como “un entorno rural pero no muy apartado de la civilización, así que no es tan silencioso como querría”.

 

Este disco se puede ver como una especie de continuación de A Mineral Love. ¿Por qué decidió regresar al sonido que venía siendo habitual en usted en la última década en lugar de ahondar en el ambient drone de su anterior álbum, Phantom Brickworks?

Para mí no es una cuestión de volver a un sonido en particular, porque mi proceso de composición es continuado y orgánico. Phantom Brickworks casi se percibió como un giro de 180 grados, al menos para el oyente, pero es el trabajo de casi diez años. Durante este tiempo también trabajé en Ribbons, por lo que este se vería más bien como una continuación de A Mineral Love. Cada vez que termino un disco, se masteriza, hago la promoción, llego a un punto en el que siento la necesidad de hacer algo diferente, que en este caso quería centrarme más en los instrumentos acústicos. 

 

Entonces, ¿cómo diría que se relacionan estos dos últimos discos? Musicalmente, temáticamente o como sea.

Creo que la atmósfera de las grabaciones se puede percibir de una forma similar, pese a que Phantom Brickworks sea más homogéneo y Ribbons más variado. Hay un tema en este disco en el que se puede escuchar unos pájaros y que está relacionado con el proyecto Phantom Brickworks. Incluso el título tiene un significado oculto que quiero que el público descifre por su cuenta.

 

Phantom Brickworks fue una de las cumbres electrónicas de 2017, un trabajo bastante influenciado por la música drone y el arte de William Basinski. Pero mientras que él recoge influencias del paso del tiempo y el espacio usted siempre ha estado más interesado en lo terrenal y natural. ¿Cómo lo explica?

Para mí es difícil hablar de esto, porque cuando creo música la hago desde un entorno aislado. Mi estudio no tiene ventanas, por lo que es como un mundo cerrado, el de mi imaginación. Me cuesta encontrar la conexión entre este mundo y el que describes de la naturaleza, pero siento que en mi música hay un deseo de pintar imágenes mentales que están relacionadas con el mundo que ven mis ojos de una manera romántica. La conexión, por tanto, es una imaginación romántica de la realidad.

 

¿Ha grabado estas canciones en el estudio casero o ha cambiado algo el proceso de creación?

 La mayoría del proceso de escritura ocurre en el estudio, pero el compositivo puede ocurrir en cualquier parte. La mayoría de las canciones de este disco empezaron en mi casa como una pieza para guitarra, pero luego las desarrollo con más arreglos. Por ejemplo, el último tema fue compuesto en el campo bajo un árbol. Eso fue el pasado verano y quería aprovechar que hacía un gran día. Todo ocurre en mi cabeza, no es que trabaje con partituras. En el caso de Phantom Brickworks, que es un álbum basado en el piano, sí lo compuse casi todo en casa, que es donde tengo el mío. 

 

Su manera de tocar la guitarra es tan alucinante como siempre, pero aún sorprende en este contexto electrónico, en un disco publicado por Warp. ¿Cómo surgió la idea de mezclar el uso intrincado de la guitarra con la electrónica?

Empezó hace unos 20 años. En 1990 o 1991 empecé a tocar la guitarra, cuando tenía 11 o 12 años. Entonces me gustaba el heavy metal, que fue lo que me llevó al instrumento. Pero hacia los 16 años fue cuando desarrollé un interés por la música electrónica y ya a los 18 años, era lo que más me gustaba. Cuando entré en la universidad, una de mis profesoras me habló de Steve Reich y me dio una mixtape que incluía su álbum Electric Counterpoint, que lo tocó con guitarra, bajo, capas y multitracking. Me atrajo mucho porque para mí sonaba a música electrónica, pero basada en la guitarra. Eso me inspiró a enfocar mi trabajo de guitarra desde otra perspectiva y olvidar mi perfil rock y blues. No tenía sintetizadores entonces, pero buscaba otras maneras de aproximarme a ella con las capas y la grabación multitracking.

 

Parece que tiene una guitarra en cada habitación de su casa. En su caso, ¿puede la inspiración ocurrir en cualquier lugar y momento?

Normalmente es así. En el pasado, cuando vivía en lugares más silenciosos, salía al jardín para grabar lo que tocaba a la guitarra. Ahora mi estudio está en un edificio separado de mi casa y está insonorizado. Me paso mucho tiempo ahí, pero también en casa. A veces grabo sketches con mi móvil de ideas que me gustan para acordarme de cómo tocarlas luego. Para mí es importante ser capaz de capturar de alguna manera esos brotes de inspiración. 

 

En este nuevo disco toca por primera vez el violín y la mandolina. ¿Cree que cualquier instrumento encaja en el universo de Bibio?

Quizá. Todos los sonidos se pueden transformar en algo diferente. Todo sonido tiene el potencial de ser usado. Soy un gran fan de los instrumentos de cuerda probablemente porque vengo de ese perfil de guitarra que comentaba. Al tocar la mandolina y el violín parto con ventaja respecto a un principiante por esa experiencia. Eso no significa que no me encanten los sintetizadores y los sonidos electrónicos. Hasta uso el clarinete en este disco.

 

Su música también tiene fuertes elementos de nostalgia emocional, de añoranza y de una romantización de la soledad. ¿Por qué le atraen estos sentimientos?

Recuerdo de muy pequeño escuchar música de Beethoven sin saber quién era. Pero recuerdo sentirme triste y esa es el primer recuerdo de haberme sentido triste escuchando música. Me cautivó completamente porque por entonces tocaba con un teclado eléctrico, y traté de recordar cómo sonaba esa pieza. Por entonces no sabía que la música podía entristecerte, o si otras personas se sentían igual que yo. Para mí sigue siendo realmente misterioso que una combinación de notas te pueda hacer sentirte melancólico y triste. Me gusta la música alegre pero siento una conexión más profunda con la melancólica. La nostalgia desde luego es un grado muy interesante de esa melancolía porque puede ser muy diferente según la persona.

 

Y aunque hay una pesadez y gravedad en estos elementos, también se le conoce por poner humor en su música, como el juego que hace entre la letra y el mugido de una vaca en The Art Of Living. ¿Cómo ocurrió eso?

Sé que Phantom Brickworks fue principalmente un álbum melancólico, pero en mis discos me gusta que haya todo tipo de humores y sentimientos. Este disco representa más lo que soy yo como persona. Me gusta la comedia y el humor, todos los aspectos de la vida, todas las emociones. Quiero que todo esto esté aquí. Este carácter juguetón del tema crea un contraste interesante respecto al resto de canciones.

 

Ha vuelto a Madlib y J Dilla en este disco, pero en este caso ha ido directamente a la fuente de su música, que consistía de clásicos del soul. ¿Se puede leer esto como una decisión consciente, casi como una declaración musical?

Mucho de esto viene de mi interés de encontrar samples atractivos. Cuando descubrí los discos de soul clásico que ellos samplearon me di cuenta de lo modernos que sonaban y quise saber más sobre lo que les atraía de esos sonidos. Acabé inspirándome más por esos samples y cómo los montaron que por los álbumes de Madlib y J Dilla. El sampling sigue siendo una forma de arte que respeto pero empiezo a disfrutar más creando algo completamente original con mis instrumentos. 

 

Sé que no concede muchas entrevistas y apenas toca en vivo. ¿Qué le lleva a mantener este perfil discreto?

Tiene que ver con una cierto grado de timidez por mi parte. No me gusta demasiado actuar en vivo y delante de la gente. No me siento a gusto sobre el escenario, me gusta mantener una cierta distancia y quiero que la gente vea y escuche la música que toco. No me quiero involucrar mucho a nivel personal. De hecho, es mi novia la que lleva mis redes sociales y yo le paso las fotos para mi Instagram. Quiero que todo se centre en mi arte y no en mi vida personal. Cuando era más joven, los músicos eran mucho más inalcanzables, podías escribir a un club de fans, pero poco más. No los podías conocer ni interactuar con ellos. Creo que eso mola, es parte de la excitación que genera la música. Son gente misteriosa a la que si quieres ver tienes que ir a un concierto. Creo que las redes sociales son una distracción. Tiene su utilidad a nivel de promoción pero creo que destroza el misterio que se puede generar alrededor de un artista.

 

¿Le interesa la idea de la música en vivo? ¿Va a conciertos de otras bandas?

No voy a conciertos, no es algo que me interese demasiado. Lo que me gusta es hacer música, esculpir sonidos, estar en el estudio creando cosas. Cuanto más mayor me hago más me estresa y más nervioso me pone. Además, creo que la música que hago está más pensada para el equipo de música que para el escenario. No es como el jazz y la música clásica que está hecha para tocar en vivo con músicos. Ribbons quizá sí es un disco más cercano a esa idea, pero me llevaría años preparar algo que me satisfaciera, y en ese tiempo podría crear un nuevo disco.