Llega con flema británica, una sencilla camisa blanca y media sonrisa. Cuesta reconocer a aquel joven barbudo y desgreñado que militó en una de las bandas de rock más grandes del mundo. Nick Mason (Birmingham, 1944) ha entrado en esa edad que muchos denominan geriátrica, pero más allá de su aspecto aseñorado, él tiene más de aquel excelso e inconformista batería de Pink Floyd que de un anciano abonado a las ayudas a la dependencia: se sube a un escenario siempre que puede, bien con su proyecto en solitario, Nick Mason's Saucerful of Secrets, bien para participar en algún bolo de su compañero Roger Waters. Hablamos con él aprovechando su visita a Madrid para presentar The Pink Floyd Exhibition: Their Mortal Remains, una exposición inmersiva (hasta el 15 de septiembre) que recorre la historia de la banda a través de 300 objetos e interactuaciones como, por ejemplo, mezclar algunos de sus temas con unas mesas multipista.

Hace poco dijo que decidió montar su proyecto en solitario cuando ya estaba harto de esperar junto al teléfono a que Roger Waters le llamara para reunir a Pink Floyd.

Lo suelo decir en broma, como un chiste recurrente, aunque sí, hay un trasfondo de verdad en eso. Nunca que ocultado que yo volvería a unirme a Pink Floyd sin pensármelo dos veces, y que si la banda está disuelta no es por mí, en absoluto. Dicho esto, yo tengo una necesidad casi física de estar construyendo algo constantemente, y me refiero a la música. Si eres músico, no puedes tirarte mucho tiempo sin crear, o sin tocar, porque te anquilosas enseguida. Yo toco mucho peor cuando pasan meses entre un concierto y otro, eso es así. Por eso tengo la necesidad de seguir ahí, y si no es con Pink Floyd, pues monto mi propia banda, y listo. De todas formas, me llevo bien con Roger [Waters], e incluso he subido al escenario con él en alguna de sus giras en solitario.

También es piloto de carreras, y corre en la 24 Horas de Le Mans. ¿Eso compensa la experiencia adrenalítica de subir a un escenario?

En absoluto. Es otra cosa. 

Pink Floyd era, en los años setenta, una especie de laboratorio. Investigaban mucho y experimentaban con nuevos sonidos, pero eran procesos muy largos, porque probaban muchos instrumentos. Usted fue de los primeros en utilizar doble pedal de bombo, o en utilizar aquellos bucles sonoros artesanales que hoy se llaman 'loops', y para lo que basta dar un botón. En esta era digital, basta un clic de ratón para tener un montón de sonidos nuevos. ¿Ustedes y los de su época tenían más mérito?

El problema de que todo esté tan accesible es que pierdes la ilusión de buscar algo realmente nuevo y encontrarlo, porque ahora todos los sonidos están ahí, listos para ser usados y al alcance de cualquiera. Eso no tiene por qué suponer que va a salir una canción peor. Pero sí que, supongo, merma un poco e ansia por componer, por ir más allá, la parte más puramente creativa, que suele estar movida por la ilusión de dar con algo nuevo que, de alguna manera, es solo tuyo porque tú lo has descubierto.

Ustedes eran de los de dar siempre un par de vueltas de tuerca más...

Nosotros inventamos muchos nuevos sonidos, pero como siempre digo, muchas veces eran puros errores, no algo buscado. Metíamos instrumentos nuevos, o efectos de guitarra demasiado saturados, por ejemplo, donde no tocaba, por error, y entonces aparecía un sonido nuevo con el que no contábamos, y llegaba la magia.

Y ahora, ¿les faltaría esa magia?

¿Quieres que te diga lo peor de las nuevas tecnologías? No tiene tanto que ver con a creatividad. Uno puede ser muy creativo con ellas. Pero te da demasiadas opciones. Puedes tener ahora cientos de sonidos y pistas que puedes meter en una canción con solo pensarlo. ¿Y cómo filtras eso? ¿En qué momento dices: 'aquí paro'? Y te tiras más tiempo eligiendo y descartando que componiendo. No sé cómo habríamos gestionado esto si la banda surgiera ahora. En la exposición hemos puesto unas mesas de mezclas para que las usen los visitantes con algunos de nuestros temas. Podrán dar más protagonismo a las guitarras, o a la percusión, por ejemplo. Es una forma de compartir con ellos cómo era nuestro proceso creativo.

Si Pink Floyd naciera justo hoy, con el mismo afán de experimentación, no sería la mejor época. Se dice que ya está todo inventado en la música rock.

Tal vez una guitarra, un bajo y una batería nos parecerían cosas demasiado obvias a día de hoy. Y tiraríamos por otro lado.

¿Pink Floyd sería hoy una banda de electrónica?

No lo descarto.

L.M.

Usted participó en la composición de Echoes, una canción de unos 10 minutos, con un desarrollo complejísimo, como una espiral de ruidos subyugantes. Temas como este originaron la leyenda de que las bandas de rock progresivo y psicodelia de la época componían bajo los efectos de algunas drogas, porque si no sería imposible llegar a canciones así.

Hasta donde yo sé, nadie en Pink Floyd compuso, jamás, bajo los efectos de ninguna sustancia.

¿Y a la hora de tocar en directo?

Tampoco. Bueno, dimos tantos conciertos que tal vez en uno o dos se nos fue la mano. Pero esa leyenda de la que hablas es, por lo general, eso: leyenda. La música es algo demasiado complejo como para crearla, o ejecutarla, borracho o bajo los efectos de alguna droga. O al menos, para hacerlo decentemente. Es prácticamente imposible. Pink Floyd se hubiera ido al garete enseguida si hubiéramos hecho eso. Otra cosa es lo que hiciéramos fuera del estudio de grabación, o después de los conciertos, pero eso ya es otra historia.

Y les salió bien la jugada. Han vendido 250 millones de discos en todo el mundo. Eran una banda británica con vocación global. ¿Cómo está viviendo el proceso del Brexit?

Pues está siendo tan desastroso, que a veces tengo la esperanza de que no se lleve a cabo. En cualquier caso, la gente que votó a favor fue como una forma de protesta, igual que muchos de quieres votaron  Trump. Y estoy convencido de que muchos ni siquiera contaban con ese resultado, y lo hacían para dar un toque de atención, que se les fue de las manos. A los músicos ingleses no les va nada bien el Brexit. Mi país produce muchísima música a nivel internacional, pero no debemos olvidar que muchas de las bandas británicas que triunfan fuera de nuestras fronteras lo hacen gracias al efecto amplificador del continente europeo. Corremos el riesgo de ser un país aislado, de músicos que al final solo componen para sí mismos. Músicos ombliguistas: es lo peor que le puede pasar a la cultura de un país.