Una de las últimas cosas que el tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson hizo antes de su muerte fue introducir a su amigo, el también genio experimental Tim Hecker, en  el género japonés del gagaku, que se podría traducir por música elegante.

Se trata de una de las formas de música de corte más antiguas del mundo, un sonido vetusto y milenario que entronca con esa idea del minimalismo tan íntrinsecamente nipona. Pronto, el músico canadiense se vio sumergiéndose en esta particular madriguera, cada vez más fascinado por la idea del espacio negativo, o ma en japonés, un concepto fundamental de la estética oriental que se describe como “un vacío lleno de posibilidades, como una promesa aún por cumplir”.

 

Japón también existe

Después de idas y venidas a la cuna del gagaku, Tim Hecker empezó a reunir a una serie de músicos curtidos en el estilo para los que actuó como una especie de líder de orquesta extraoficial desde un templo budista tokiota. Así empezó un diálogo improvisatorio entre algunos de los instrumentos más antiguos del mundo y la tecnología digital del canadiense, en un nuevo ejercicio de recontextualización del material de partida. El año pasado, el fruto de ese intenso trabajo se materializó en el álbum Konoyo, probablemente una de las cumbres personales del maestro americano y también de la cosecha de 2018.

Konoyo le veía volver a su sello de toda la vida, Kranky, después de un disco publicado por un sello de mayor envergadura, 4AD. Aquel Love Streams, que cerraba su particular trilogía holandesa, supuso su trabajo más abierto, melódico y, digamos, maximalista hasta la fecha. Gustó, pero no cuajó del todo. Parecía como si Hecker fuese a recorrer un camino que le viese, a la vez, traicionando sus raíces serenas y minimalistas, siempre con referentes como Steve Reich y Philip Glass como faros indiscutibles de una obra que ya se extiende majestuosamente a lo largo de dos décadas.

 

Una secuela imprescindible

Este viernes, además, Tim Hecker lanza un álbum de acompañamiento para ese Konoyo, titulado Anoyo. Cabe señalar que el primero podría traducirse por “este mundo” o “el mundo de aquí”, mientras que el segundo representa “el mundo de ahí”, donde los espíritus residen. Es ese diálogo que tanto le fascina al canadiense, que aquí ofrece varias piezas complementarias que casi se escuchan como un negativo fotográfico.

Tim Hecker presentará las canciones de ambos trabajos en un fastuoso show en exclusiva española para el festival Primavera Sound, en el escenario auditorio. Para la ocasión, se traerá a algunos de los colaboradores del álbum, o sea, Kara-Lis Coverdale, además del conjunto de Gagaku que toca en él. Así que esperad mucho ruido digital, tambores taiko y ceremoniales ancestrales. Una cita sencillamente ineludible para los de oído inquieto.