La primera foto de comida de la que se tiene constancia fue realizada en 1827 por el científico y terrateniente francés Nicéphore Niépce, uno de los grandes pioneros del arte fotográfico. Niépce hizo uso de una innovadora cámara sin lente para, tras más de diez horas de exposición, conseguir captar la imagen de una mesa repleta de alimentos.

De eso hace ya casi un par de siglos, y la fértil relación entre fotografía y comida no ha dejado de evolucionar desde entonces. En la década de 1980 se produjo una primera edad de oro de la fotografía gastronómica con la irrupción de las cámaras digitales, pero hubo que esperar a nuestro siglo, con el espectacular crecimiento de internet y la aparición de redes sociales de fotografía amateur como Instagram, para que medio planeta se lanzase a la aventura de retratar lo que había en sus platos un instante antes de comérselo.

La periodista cultural Susan Bright es una verdadera experta en la historia de este peculiar subgénero fotográfico, al que ha dedicó su poco menos que imprescindible libro Feast for the Eye (Un festín para los ojos). Bright se remonta a los pioneros para llegar a artistas contemporáneos, como Irving Penn, Stephen Shore, Wolfgang Tillmans o Martin Parr, para los que la comida es objeto de reflexión y observación preferente. “Todos ellos me interesan por su capacidad para convertir la comida en símbolo de algo más”, nos cuenta la escritora, “del funcionamiento de las sociedades humanas, de los sueños y anelos del individuo...”.

Como resumen de sus  indagaciones en este campo, Bright elige para nosotros cinco de sus fotos gastronómicas preferidas, tomadas entre 1947 y 2008, y nos explica qué hace que, en su opinión al menos, resulten tan excepcionales.

 

1 Victor Keppler, (para una campaña publicitaria de la marca de manzanas Pyequick), 1947

Victor Keppler

“Keppler era un excepcional fotógrafo publicitario que trabajaba con colores muy básicos, de una luminosida caso irreal. Esta imagen en concreto viene a ser una audaz pero inmediatamente reconocible deconstrucción del pastel de manzana. Tiene un aire agresivamente estadounidense, incluso de un cierto chovinismo artístico, porque nada resultaba tan estadounidense en los 40 como el pastel de manzana. Además, es muy representativa de la estética norteamericano de los albores de la era atómica. Me parece genial. Una imagen sencilla, icónica y tan original que cortocircuita el cerebro”.

 

2 Harold Edgerton, Milk Drop Coronet, 1957

Harold Edgerton

“Una fotografía sencillamente fantástica. Edgerton era un científico interesado en retratar fenómenos naturales para contribuir a su estudio, Nunca se consideró un fotógrafo, pero es evidente que poseía una sensibilidad artísticas y una forma cien por cien fotográfica de captar la realidad. En esta imagen hay ciencia, hay arte y hay una evidente voluntad de sorprender y fascinar a quien la contemple. La habré miles de veces, pero sigue dejándome con la boca abierta. Algunas de las grandes innovaciones técnicas de la historia de la fotografía se produjeron en el campo de la ciencia y en el de la publicidad”.

 

3 Jo Ann Callis, Black Table Cloth, 1979

Jo Ann Callis

“Una imagen intrigante que, en primer lugar, nos hace preguntarnos dónde fue realizada. Se trata de un espacio aséptico, casi abstracto, que no parece un comedor ni ninguna otra habitación de un hogar convencional. Nos preguntamos qué demonios hacen allí esa mesa cubierta con un extraño mantel, esos platos y tazas y ese tazón lleno de leche y fresas. Hay algo sorprendente y muy cinematográfico en el trabajo de Callis, que pare casi siempre de una ambigua vocación narrativa y de un ambiente de tensión y obsesión. Su uso del color es también extraordinario”.

 

4 Martin Parr, fotografía sin título (popularmente conocida como Hot Dog Stand), 1983-1985

Martin Parr

“Hay mucho sentido del humor y una paradójica ternura en la manera que tiene Martin Parr de retratar el Reino Unido. La serie de retratos cotidianos The Last Resort tal vez sea su mejor obra. En ella parte de una serie de estereotipos genuinamente británicos para reafirmarlos y desmontarlos a la vez, partiendo siempre de la observación de rituales modernos, como las fiestas de cumpleaños, las vacaciones de verano o las comidas familiares en chiringuitos de comida rápida”.

 

5 Tim Walker, Self-Portrait with Eighty Cakes, 2008

Tim Walker

“Walker tiene una extraordinaria capacidad para hacernos conectar con el niño que todos llevamos dentro. Sus fotografías resultan inconfundibles por ese aire de irrealidad tan amable y cotidiano que nos hace plantearnos lo raro que es todo, extrañas que resultan incluso las vidas más anodinas y en apariencia normales. La comida es una presencia recurrente en su obra. Con frecuencia, pasteles y golosinas de colores muy vivos, que refuerzan así la dulzura y el extrañamiento que caracterizan su peculiar universo artístico”.