A Louis Garrel (París, 1983) la gran mayoría del público le conoció hace una década y media en Soñadores, una de las cumbres del último Bernardo Bertolucci. De aquel triángulo amoroso, que representó mejor que ningún otro el final de la inocencia, política y sexual, del siglo XX en Europa, ha pasado a dirigir sus propios filmes. Unas películas en las que lo cotidiano, el humor y la inteligencia se han hecho marca de la casa.

Hace una semana pasó por Madrid para presentar Un hombre fiel (estreno 17 de mayo), comedia protagonizada junto a su mujer Laetitia Casta y co-escrita al alimón con Jean-Claude Carrière, el mítico guionista de 87 años que firmó obras como Belle de Jour (1967), La vía láctea (1969) o El discreto encanto de la burguesía (1972); todas con Luis Buñuel.

Garrel sigue manteniendo ese aspecto de chico rebelde, buen mentón y pelazo, aunque esta vez se lo haya rapado. Le gusta hablar de todo, siempre con algo de ironía. En el encuentro que mantiene con Port, en el Instituto Francés de Madrid, bromea sobre sus antiguas conquistas, Notre Dame y los continuos atascos de París, la ciudad donde vive y que gobierna desde hace cinco años la alcaldesa de origen andaluz Anne Hidalgo. 

 

Un hombre fiel es su segunda película, una comedia de enredo en la que usted se ve en el centro de una relación con dos mujeres que le desean. ¿Cómo ha sido trabajar con su actual esposa, Laetitia Casta, y Lily-Rose Melody Depp, hija de Johnny Depp?

Es un lujo extraordinario. Uno casi siempre conoce a sus parejas en la intimidad. Sin embargo, nunca tenemos la posibilidad de verles o tratarles en sus trabajos. Yo he tenido la enorme suerte de hacerlo en esta película. Laetitia es una actriz impresionante, he tenido la oportunidad de conocerla en un plató y en la intimidad del hogar, algo que no puede decir todo el mundo. Si a esto le sumas la historia que protagonizamos, un juego amoroso entre los dos y Lily-Rose, solo puedo estar más que satisfecho. Nos poníamos una máscara en el rodaje y convertíamos nuestra relación real en un idilio de ficción.

Luis Meyer

¿Tenía claro desde el principio que debía ser ella la protagonista?

Sí, enseguida. Pero no solo ella. Los demás actores también estaban en mi cabeza. Yo mismo me veía en el centro de la trama entre las dos mujeres. Incluso la participación de Carrière, una institución en Francia por sus películas junto a Buñuel. Ha sido fantástico desarrollar la trama con todos ellos.

 

¿Cómo fue trabajar a cuatro manos con un clásico del cine francés? El guion lo tiene todo: agilidad, humor inteligente, hasta algo de suspense.

Siempre fue mi sueño trabajar con Jean-Claude Carrière. Te confieso que cuando me encontré con él, tenía algo de miedo escénico. A pesar de su experiencia, siempre uno quiere hacer algo original, diferente a lo que ya ha hecho. Y no poder conseguirlo me tenía algo inquieto. Pero el resultado ha sido magnífico. Jean-Claude me ha enseñado que debemos jugar con el espectador e intentar sorprenderle. Hemos intentado que cada escena fuera una sorpresa.

 

Los guiños a un cine francés de enredo, donde François Truffaut era un maestro, también son constantes. Otro cineasta que viene a la cabeza viendo Un hombre fiel es Woody Allen. 

Truffaut es uno de mis primeros amores de cinéfilo. Él hablaba de un sentido trágico, hasta violento de la vida, pero siempre de una forma lúdica y tierna. Todas sus películas tenían claro que ante todo el espectador debía disfrutar. Truffaut conseguía algo que muy pocos directores consiguen y es que el film sea un objeto de placer. En cuanto a Woody Allen, qué quieres que te diga: todos los actores siempre queremos hacer de Woody Allen, pero nunca nos atrevemos. Mi papel tiene algo de payaso, algo que puede recordar, como bien dices, a Allen. Digo cosas que la gente no se atrever a decir. Sin embargo, mi personaje tengo la impresión de que es algo más humano. Es decir, que su ingenuidad, cómo se deja dirigir por las mujeres, es algo que yo conozco, que yo siento. Y seguro que muchos hombres que vean el largometraje van a conocer esas sensaciones.

Noemí del Val

A todo ello ayuda un gesto tan contenido como el suyo. Recuerda mucho a un Buster Keaton moderno

Me agrada mucho que me digas eso, porque está muy pensado. Cuando golpean a mi personaje, por ejemplo, no se pone nervioso. No se impacienta. No se enfada. Si lo piensas, es una especie de estrategia militar. He visto ya a algunos hombres en mi vida y te puedo decir que muchos estamos sometidos a las mujeres. Pero, si lo vuelves a pensar un poco, todo puede ser una estrategia. Yo soy un poco así. Soy muy comprensivo con el otro. No siento rencor hacia la persona que ha roto conmigo.

 

¿Ha tenido muchas relaciones estables?

Creo que estoy en la media francesa (ríe).

 

¿Cómo es su vida en París, sigue siendo el rey de la noche?

Mucho menos… Me he dado cuenta de que había envejecido porque una noche quise ir a una discoteca y se había convertido en una panadería. Ahora cuando quiero salir no sé a dónde ir. Cuando tienes 20 años quedas con los amigos en un club. A los 35 te ves en cenas. Ahora soy un hombre de ir a restaurantes. 

Luis Meyer

¿Algún restaurante francés que pueda recomendarnos?

No lo tengo claro, porque cuando vives en París, siempre intentas escapar de la gastronomía francesa. Os recomendaría un modesto bistro especializado en comida china. Allí, un buen día, me encontré con Jodie Foster. Se llama Mirama (17 Rue Saint-Jacques) y es el mejor restaurante chino de la ciudad. Está al lado de Notre Dame, sí vais a visitar la catedral abrigaos, porque ahora hace frío en su interior (sonríe).

 

¿Le gusta París? ¿Valora el trabajo de estos últimos años de nuestra compatriota, la alcaldesa socialista Anne Hidalgo?

Pues te voy a decir que la ciudad siempre está en obras. Aguanto a la alcaldesa porque voy mucho en bici, pero cada vez me siento más aislado. Como es española y es posible que lea esta entrevista debo decirle: ‘Anne, las obras deben parar algún día’. Por lo demás, me parece una mujer estupenda. Me gusta mi alcaldesa.

Luis Meyer