El gaditano Jota Linares (1982) ya trazó un camino de éxito con multitud de cortos premiados, como Ratas (2012) o Rubita (2014), antes de lanzarse al formato largo con Animales sin collar, donde narraba el drama de la corrupción en España desde el punto de vista de la intimidad de una pareja. Ahora afianza su condición de director revelación con ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, para  Netflix, donde adapta su propia obra teatral coescrita con Paco Anaya, que retrata un drama generacional sobre cuatro jóvenes, dos chicos y dos chicas en la veintena, que comparten piso en Madrid, y en los que aflora el miedo el día antes de separarse para iniciar la inmersión definitiva en la vida adulta. 

 

¿Triunfar en Netflix es tener el éxito asegurado?

No, yo creo que el éxito no lo tienes asegurado nunca. O tal vez prefiero pensar que no. De ser así, todo sería muy fácil y artificial. Lo que sí es cierto, es que las plataformas como Netflix te dan visibilidad. Respetan y tratan con cariño el producto. Para mí y para la productora de la película, Bea Bodegas, ha sido un lujo. Y más con una película de autor, pequeñita, que huye del 'mainstream'. El éxito lo garantiza siempre el público.

 

Ahora su película no tiene fronteras, se puede ver en cualquier rincón del mundo. La sensación de no poder controlar lo que ocurra con ella puede dar un poco de vértigo...

Sí, además de forma abrumadora. Sobre todo al principio. Ahora que la película va por la tercera semana, parece que ya soy más consciente de alguna manera. Pero, sin duda, la primera semana me pilló por sorpresa todo. No pensaba que tendría la repercusión que iba a tener, verdaderamente creía que la vería algún amigo esa misma noche y poco más. María y Jaime, que habían hecho La casa de papel y Élite, nos avisaron de que eso podía pasar. Pero nunca lo creí. Mi sorpresa fue ver que pasadas menos de dos horas del estreno de la película, mi Twitter estaba colapsado. Las llamadas y mensajes por redes sociales y email empezaron a ser constantes. Inmediatamente me privaticé todas las cuentas de redes sociales. No quiero ese tipo de repercusión, que es un poco como un espejo falso. Quiero que la película guste y que llegue a cuanto más público, mejor.

Noemí del Val

 

Ahora las películas se estrenan directamente en plataformas en vez de en salas de cine, ¿qué piensa de este fenómeno?

Sin duda, estamos en una época de transición. Las cosas están cambiando. Aunque desde mi punto de vista, los dos modelos son compatibles. Yo voy al cine una o dos veces por semana y consumo también plataformas. Las plataformas están haciendo algo que antes el cine hacía y que ahora no puede hacer.  Si el primer fin de semana la peli no funciona, desaparece del cartel. Es así de triste. Las plataformas, en cambio, ofrecen la oportunidad de que películas como la mía encuentren a su público. 

 

Sí, pero a nivel personal, ¿le hubiese gustado estrenar ¿A quién te llevarías a una isla desierta? en salas de cine?

La verdad es que no lo sé. Desde el primer momento se planteó así. Netflix quiso que la obra de teatro pasara a ser una película. La película está ahí, la está viendo muchísima gente, y estoy seguro de que eso no hubiera pasado en una sala de cine. Y la verdad es que estoy encantado. No quiero pensar qué hubiera pasado de no ser así.

            

¿Qué quería transmitir con su película?

La esencia de la película es la supervivencia de mi generación. Volver a empezar siempre.

 

Las críticas profesionales han sido muy positivas, ¿lo esperaba?

Si te soy sincero, no. De hecho, todavía estoy un poco superado de la emoción. Las críticas profesionales han sido muy buenas, sí. Nunca había tenido una crítica tan unánime hacia algo que yo hubiese hecho. En este aspecto nunca te pones expectativas, no hay forma de saber cómo va a reaccionar la crítica con la película. Las expectativas generan mucha frustración si al final no resultan como uno espera. Así que lo mejor es no esperar nada. Una vez que las ves, y encima son positivas... Es que no hay palabras. Si a eso le sumas la reacción del público, que ha sido maravillosa, y que a mí particularmente en las redes sociales me llama mucho la atención, ya no hay duda de que la película funciona. Estamos recibiendo mucho amor.

Noemí del Val

 

Pero se dice que sin 'haters', no hay éxito...

Al parecer es así, y en mi caso no es diferente. Una vez que aparecen los haters, sabes que la película funciona.  La gente descarga odio, bilis y veneno allí. Es increíble. Lo curioso, en mi caso, es darse cuenta de que detrás de esos comentarios hay muchas adolescentes. Seguramente sus padres no sean conscientes de que a través de sus perfiles en redes sociales insultan a gente que hace su trabajo. Me parece que estamos ante un problema de educación gravísimo que se tendría que solucionar.  

 

Ya la había rodado en corto, pero adaptación de la obra de teatro al cine ha debido ser complicada…

Fue bastante más fácil de lo que parece. Lo que hicimos Paco, el coguionista, y yo, fue mirar a nuestro alrededor y ver qué está pasando con mi generación. Simplemente tuvimos que preguntarnos quiénes eran los chavales del corto, qué había pasado con ellos antes y qué pasaría después.

 

¿En qué se ha inspirado para rodar esta película? Se infieren unas cuantas referencias. 

He visto muchas pelis de entrada a la edad adulta que a mi me gusta mucho, tanto clásicas como actuales. Películas que me gustan mucho como Esplendor en la hierba, Las ventajas de ser un marginado, El camino de los ingleses, Y tu mamá también... Pero, intentando que la película siempre encontrara su propia personalidad. Luego, hay homenajes a películas como Una jornada particular con el momento de la terraza y la vecina. Además de homenajes a mi generación con la música de los Los Piratas, la canción de Insurrección o los bares de Malasaña donde voy con mis amigos. Mi vida y la de mis amigos se han ido colando en la peli.

Noemí del Val

El primer guión lo escribió hace 12 años. ¿En qué se inspiraba entonces?

Como dices, escribí el primer guión hace 12 años. Y como no lo conseguí poner en pie, lo que hicimos fue adaptarlo a la obra de teatro. La película, a su vez, es la adaptación de la obra. El guión original era muy diferente, estaba basado en la rabia, desgraciadamente. La perspectiva histórica ha demostrado que fue el peor año de la crisis, nadie a mi alrededor se dedicaba a lo que había estudiado, todos sobrevivíamos sin más. El futuro estaba horrible, a eso se le sumaron los recortes y la subida del 21% del IVA. Nos fijábamos en lo que nos estaba pasando y todo lo que nos pasaba era malo. De ahí, surgió lo de los cuatro chavales desubicados que no encuentran su lugar en el mundo.

 

 

En alguna ocasión ha comentado que los personajes han ido cambiando desde la versión original del guion, ¿por qué?

Los personajes han ido evolucionando a medida que lo he ido haciendo como persona. Era inevitable que fuese así. Es una película muy personal. Yo me fijaba en lo que pasaba a mi alrededor y lo que pasaba a mi alrededor evolucionaba. De ahí que la peli, a pesar de ser un drama, tenga un final mucho más esperanzador, mucho más luminoso que la obra de teatro. Así me parecía más justo. Hemos sobrevivido, nos hemos levantado y estamos consiguiendo al final nuestros sueños. Quería que a los personajes les pasara lo mismo.

 

Ha contado con cuatro actores muy jóvenes…

Ha sido una experiencia brutal trabajar con ellos. Jaime y María han cambiado de registro en cuanto a los papeles a los que nos tienen acostumbrados. Por otro lado, Pol Monen es una bestia de actor y Andrea Ros, pues siempre he querido trabajar con ella. Ella vio el estreno de la obra de teatro. Y mira, hoy da vida a Celeste en la película. 

 

Todos ellos tienen muchos fans, ¿cuesta más trabajar con gente así?

Al principio me daba un poco de miedo trabajar con ellos por el fenómeno fan. Pero, son personas y actores responsables y que muy a su pesar eran estrellas, ellos son actores de raza que quieren contar historia, que tienen ambición y no tienen miedo. Trabajar con ellos ha sido una gozada, de las mejores experiencias de mi vida. 

 

En la película parecen amigos de toda la vida, ¿cómo se consigue eso?

No es fácil. La química no se puede trabajar. La tienen o no la tienen. Es algo que tuvimos muy en cuenta en el casting. No solo buscábamos a los mejores, que también, sino a un grupo capaz de conectar. Y ellos lo hacían de maravilla. De todas formas, les sugerí que saliesen de fiesta juntos antes del rodaje para que se conocieran más. Y cuando llegaron a los ensayos, había un vínculo muy chulo entre ellos.

 

El personaje de Celeste ejemplifica a la perfección el fracaso de una generación marcada por la crisis. ¿Cómo ha marcado la crisis su vida?

Pues durante unos años lo pasé muy mal. Si pudiese regresar en el tiempo y eliminar la crisis lo haría sin pensarlo. Vi a mucha gente sufrir a mi alrededor. Pero, personalmente he sacado algo bueno. Me ha enseñado a ser positivo, intentar incluso de la mierda extraer algo bueno. Me ha hecho fuerte. Aunque me sigue indignando, que gente que tuvo mucha culpa de que mucha gente sufriera siga tan campante en la calle.

Noemí del Val

 

Nunca tiró la toalla…¿Alguna vez se planteó rendirse, dejarlo y dedicarse a otra cosa, como el personaje de Celeste?

No, tirar la toalla no. Pero, trabajar en otras cosas como Celeste sí. He tenido que trabajar de muchas cosas. De hecho, fui yo el que le enseñó a volcar la freidora para rodar una escena de la película en la que aparece trabajando en un restaurante de comida rápida... Yo sabía lo que era eso, había trabajado haciéndolo. Fue duro.

 

¿Qué le diría a todas esas personas que se han encontrado en algún momento en esa encrucijada?

Les diría que es temporal, que no se rindan. Incluso de eso, se puede sacar algo bueno. A lo mejor nunca hubiera escrito el final de la película, que a la gente le emociona muchísimo, si no hubiese trabajado en sitios así. De todas esas cosas que ocurren, muchas de ellas malas, se puede extraer algo positivo. Hay que seguir trabajando. Todo al final depende de eso, y lo digo por experiencia. Lo tenía todo en contra, yo vengo de una familia de agricultores. Mi madre era limpiadora de un pueblo de Cádiz. Y he hecho dos películas. Y hoy por hoy  puedo elegir mis proyectos. Al final todo te cambia por un golpe de suerte. El mío fue conocer a Bea Bodegas. Pero si ese golpe de suerte te pilla sin los deberes hechos el tren pasa así... [chasquea los dedos].

 

¿Cómo la conoció?

La conocí por una tontería. Un amigo en común nos presentó, pensó que nos íbamos a llevar bien. Me preguntó qué tienes y le di mi guión. Lo llevaba en mi mochila, lo había escrito en mis horas libres. Si solo hubiera tenido una idea, a lo mejor no hubiese funcionado.

 

¿Cree que la crisis económica trajo consigo una crisis de valores?

Por supuesto, y lo peor es que de la crisis económica se sale pero de la crisis de valores... Estamos hasta arriba del cuello. Me parece tan monstruoso lo que dijo Cayetana Álvarez de Toledo [la número 1 del PP por Barcelona], el otro día en el debate sobre el consentimiento de una agresión sexual... Ver en directo cómo una mujer estaba “legalizando”, por así decirlo, una agresión sexual. Es terrible. Y eso está pasando ahora. Yo en el año 2000, no concebía que alguien dijera eso en una televisión pública. Cuando una mujer dice no, es no. Y si no dice no, es porque está asustada y no puede decirlo. Eso forma parte de toda esta crisis de valores que estamos arrastrando. En España, hemos tenido un libro secuestrado, Fariña. Eso es muy heavy. A nosotros nos corresponde cambiarlo.

 

 ¿Cómo cree que habría que hace frente a esa crisis de valores?

Primero, el domingo. Votando. Después, nos corresponde a nosotros, los más jóvenes. ¿Cómo? Desde el periodismo, desde el cine, desde la cultura. ¿Por qué lo primero que se resiente cuando llega una dictadura, o algo similar, es la cultura? Pues porque la cultura te hace libre. Te permite pensar, reflexionar. Y eso da mucho miedo.

 

¿Vio el debate electoral de hace unos días?

 Sí. No se mencionó absolutamente nada sobre cultura. Aunque tampoco me sorprendió. En sí, me pareció vergonzoso. Se convirtió en una pelea de gallos. Tuve la sensación de que no les importamos. Hay problemas muy importantes de los que preocuparse pero... Ellos tienen suficiente con matarse entre ellos. 

            

Ha debutado tarde, en cuanto a largometrajes se refiere, pero ya contaba con varios éxitos: ‘Animales sin collar’(tu primer largometraje), cortometrajes como 3,2 (lo que hacen las novias), Ratas y Rubita. Todos premiados en festivales de cine de todo el mundo. ¿Ha sido duro el camino?

Sí, ha sido duro. Es una profesión inestable. Yo compartí piso con una estudiante de medicina. Y se reía cuando me enseñaba sus apuntes. Ella tuvo que machacarse a estudiar pero ahora tiene un puesto fijo... Yo no tenía tanto que estudiar... Sabía que mi profesión era inestable. No lo cambiaría por nada. Es una profesión cruel pero para mí es la mejor profesión del mundo.

 

De todas sus obras, ¿a cuál le guarda especial cariño?

Aunque esta siempre va a ser la película más especial que yo haya hecho, le guardo especial cariño al corto 3,2 (lo que hacen las novias) porque aunque nunca me planteé abandonar, sí que supuso un momento de reflexión sobre mi futuro. Si no funcionaba, si no tenía vida, me iba a plantear las cosas. Y de repente con diferencia abismal, es el corto que más premios tiene y que más repercusión tuvo. Fue como pedir una señal insistentemente y me la mandaron.

 

Cuando estaba empezando, ¿cómo llevaba a cabo sus proyectos?

Como podía. A mis alumnos les digo que nunca trabajen en una película sin cobrar, pero en cortos es diferente. Son nuestras prácticas. Trabajaba en lo que podía y con ese dinero me producía el corto. Poquito a poco empecé a tener cierto nombre... Y ya tuve el respaldo de productoras. Rubita fue el corto con más medios. Fue el último que hice. He vivido todos los procesos. Desde hacer un corto con 100 euros comiendo bocatas a un corto con todo en orden. Y después, a hacer mi primer largometraje.

 

¿Siempre ha tenido esa inquietud por el cine? 

Sí. Se pequeño, mis referentes eran un cine de verano y un videoclub. Con 11 años le pedía a mi madre, cuando podían, que me llevase al cine a Jerez de la Frontera o El Puerto de Santa María. Una vez al mes solíamos ir. Para mí, era magia. Siempre lo supe, no se por qué. Pero lo llevaba dentro.

 

¿Cómo se tomaron sus padres que se quisiera dedicar a ello?

Nunca me frenaron, al revés. Lo aceptaron aunque hubo un momento en el que lo que querían es que no sufriera. Pero, siempre han estado ahí. Están muy orgullosos. Nunca me pusieron barreras ni como artista, para que pusiera ser director de cine, ni como homosexual. Siempre me enseñaron a ser yo mismo. Estoy muy agradecido.

 

 ¿Cuáles son sus referentes en el cine? 

Stanley Kubrick y Pedro Almodóvar. Siempre fueron mis referentes y a día de hoy siguen siéndolo.

 

¿Por qué nadie se debe perder A quién te llevarías a una isla desierta?

Porque es una película hecha con el corazón y con cosas que nos pasan a todos.

 

Y usted,  ¿a quién se llevaría a una isla desierta? 

A nadie. Yo nunca me iría a una isla desierta. No sirvo para estar ahí.