En la película, presentada en el pasado Festival de Venecia, Guillaume Canet es un editor de éxito casado con Juliette Binoche que no tiene claro si publicar la última novela de un autor amigo. Entre unas dudas y otras, sí se decide a echar alguna canita al aire. Non-Fiction, el título internacional de Dobles vidas, la trigésima película de Olivier Asssayas (director, sin ir más lejos, de la magnífica Carlos), refleja que la ficción, a veces, no es en absoluto ficción.

En la película, este cruce entre lo real y lo ficticio se refiere a que el escritor al que publica el personaje de Guillaume Canet utiliza su propia vida- y no de forma disimulada- en los relatos de sus libros. Sin embargo, el título también parece referirse a la necesaria adaptación del mundo (aquí, específicamente editorial) a la incesante y creciente tecnología.

Guillaume Canet (nacido en Boulougne-Billancourt, muy cerca de París, el 10 de abril de 1973) habla de su personaje y de otras cosas que le inquietan con enorme simpatía, en un inglés con cierto acento francés y con mucho carisma.  Siempre sonriente- una sonrisa que por la expresión de su cara recuerda, un poco, a la de Robert de Niro-, conversó con PORT en el Festival de Venecia.

 

Lleva usted una temporada ocupadísimo.

Sí (ríe). Es cierto. En Cannes estuvimos con El gran baño, de Gilles Lelouche; aquí en Venecia con Dobles vidas, y, además,  he estado montando la secuela de la película que dirigí en 2010, Pequeñas mentiras sin importancia.

 

¿Y cómo consigue hacer tantas cosas a la vez?

Bueno, es cuestión de organización (ríe). Me organizo muy bien. Además, al mismo tiempo, participo en competiciones internacionales de hípica, de salto a caballo, y eso requiere mucho tiempo. Y mientras montaba la secuela de Pequeñas mentiras sin importancia, también he estado rodando otra película como actor…

 

Es usted muy eficaz con su tiempo…

Sí. ¡Odio perder el tiempo!

 

¿Y qué le produce mayor placer, montar a caballo o hacer cine?

Oh, ambas cosas por igual. A mí me gusta la adrenalina. Por eso creo que me gusta dirigir. Ser actor es estupendo, sí, pero las largas esperas… En realidad, solo sientes la adrenalina cuando actúas. La mayoría del tiempo estás esperando a que los técnicos preparen la toma, y les lleva una hora, dos horas… y luego tienes diez o quince minutos de verdadero placer, de interpretación. Y después, vuelta a esperar (ríe). Cuando eres director, lo eres todo el día todos los días. Pones tu pasión en todo el proyecto y estás concentrado en él las 24 horas del día. Y eso te produce mucha adrenalina.

 

Antes de hacer Dobles vidas, ¿conocía bien el mundo editorial?

No, en absoluto. Todo lo que sé lo he aprendido con la película y, al principio, me resultó muy sorprendente que Olivier (Assayas) me pidiera hacer este papel, ya que yo siempre había visualizado a un editor como un señor mayor con gafas... La verdad es que no me veía a mí mismo haciendo este papel. Olivier me convenció diciéndome que para él también era interesante ver con una persona joven podía cambiar una editorial y modernizarla. Así que recurrí a mi experiencia como director para intentar verme a mí mismo creíble dirigiendo a un grupo de personas en una empresa consolidada. También me sirvió para darme cuenta de que ya no soy tan joven (ríe), y de que podía ser creíble.

 

La película habla sobre la adaptación a los cambios. ¿Usted es bueno adaptándose a las nuevas situaciones y circunstancias?

Pues mire, creo que, de hecho, estoy exactamente en el mismo punto que mi personaje. En ciertos aspectos, damos la bienvenida a la tecnología y vemos sus beneficios, pero, por otro lado, también sientes ansiedad por cómo repercute en todo. Y cómo terminará todo esto. Yo me siento igual que él. Me da miedo que la gente termine viendo las películas en los móviles, cuando has trabajado en ellas tantas horas, tantos meses, y me provoca ansiedad oír que George Lucas dice que ahora ya no necesita a los actores y que puede hacer sus películas él solo, en su casa. Si George Lucas hace películas él solo y la gente ve las películas en sus casas, vamos a terminar en un mundo muy extraño.

 

Muy aislado.

Exacto. Muy aislado. Y creo que eso me da miedo. Para mí, las películas tienen que ser vistas en cines y compartidas con otras personas, riendo, llorando… Todas esas emociones hay que compartirlas.

 

Olivier Assayas dice que es muy interesante ver cómo la tecnología está cambiando nuestra vida privada y amorosa. ¿La tecnología cambia la vida amorosa, la naturaleza humana?

Hmm. No sé si específicamente el amor, pero probablemente sí la comunicación humana. Puedes ver cuánta gente se encuentra por la calle, y te dice: “Sí, ya te escribiré, vale”. Y tienes una conversación por mensajes escritos igual que la que podrías tener en la calle. Porque ambas personas hacen algo más al mismo tiempo. Uno está en el coche yendo al aeropuerto, y el otro está viendo una película, o comiendo… Pero tomarse el tiempo de estar hablando con alguien sin hacer algo más cada vez es más complicado. La gente intenta no malgastar ni un segundo.

 

Como usted.

En cuanto al amor y a las aventuras amorosas, es lo mismo. Todos sabemos cuántas parejas se han roto por culpa de lo digital. En ICloud están los mensajes que uno borra de su Iphone… Y tiene amigos que están “jodidos” por esto (ríe). Que intercambian mensajes con sus amantes en el IPhone mientras sus mujeres los ven en el IPad en casa. La tecnología puede ser muy peligrosa…

 

Por último, usted, Gilles Lelouche- que le dirigió en El gran baño-, François Cluzet… Todos trabajan juntos. Son como la pandillita de amigos del cine francés. ¿Por qué tienen tendencia a esta continuamente compartiendo proyectos entre ustedes?

Porque es maravilloso trabajar de nuevo con amigos, con gente a la que quieres. Y siempre es mejor trabajar con gente que te gusta a trabajar que con idiotas. Es gente en la que confías y con la que disfrutas. También es porque entras en temas que te gustan y te interesan. Y quizá estas personas también hacen cosas que a ti te gustan. No es tan fácil encontrar temas buenos que te resulten interesantes.