Ramsey Lewis se expresa con una elocuencia, una musicalidad y un tempo que tienen mucho que ver con su larga historia de amor con el jazz. Sencillamente, el veterano pianista se ha acostumbrado a modular su voz y adaptarla a la cadencia de la conversación como si, más que hablando, estuviese ejecutando una compleja partitura. Sus palabras suben, bajan, crecen y menguan con naturalidad, dándole a su discurso una irresistible tensión rítmica. Está claro que esta leyenda del jazz nacida en Chicago tiene, a sus 83 años, la garganta y la cabeza llena de notas musicales.

Este ganador de tres premios Grammy fue un pianista precoz, que ya era capaz de tocar con precisión piezas complejas antes de cumplir los cinco años. Sin embargo, hasta pasados los 11, no empezó a entender y apreciar la riqueza del jazz, una música que le parecía “menor” a la mayoría de sus maestros, de formación clásica. “Cuando empezó a tocar en mi primera banda de jazz, llamada los Cleffs, conocía muy pocos temas. El resto de músicos me apreciaban mucho por mi técnica, pero tenían que enseñarme casi todo el repertorio, porque el jazz me resultaba en gran medida algo ajeno”. Sin embargo, a los 15 años ya tenía claro que amaba aquella música densa, fluida y caótica y que, además, tocarla se le daba de perlas: “Sin ni siquiera darme cuenta, aquello creció dentro de mí, y no tardé en descubrir que había encontrado mi propio sonido”.

 

La magia del directo

Desde entonces, Lewis ha asistido a la transformación del jazz contemporáneo en algo muy distinto al sonido que le sedujo en su día. “El cambio más decepcionante”, nos cuenta, “es que cada vez se editan más discos pero se toca mucho menos jazz en directo que hace 20 años”. Y para él, la esencia del jazz sigue estando en el directo. En los últimos años, según reconoce, las continuas giras en las que se sigue embarcando empiezan a resultarse agotadoras. “Entiendo que hay que tomarse un largo respiro de vez en cuando para conservar la frescura”, concede. Sin embargo, su problema es que no puede mantenerse demasiado tiempo alejado del piano. “Yo nunca necesito un respiro”, cobncluye con una sonrisa, “pero si el cuerpo me los pde, tendré que hacele caso”.

Le pregunto qué es el jazz para él y Lewis se concede una larga pausa, también muy musical. Por un instante, parece como si su mente estuviese rebobinando los años dedicados al gospel y a la música clásica, su etapa de pianista de iglesia, su estudio en profundidad de Bach, Chopin y Brahms. “Es una forma de expresión muy seria y muy digna”, acaba respondiendo con simplicidad y capacidad de síntesis antes de explicarnos que, para él, el jazz supone también una liberación artística y una faceta de su personalidad musical. “Forma parte de mi esencia”, añade tras otra larga pausa, como si los sentimientos que evocan en su interior esas cuatro letras, jazz, fuesen algo que difícilmente puede expresarse con palabras.

Ramsey Lewis sigue en activo a sus 83 años e inaugurará su propia programación musical, RamseyFest, el próximo 31 de mayo en Highland Park, Illinois, como parte del Festival de Ravinia de música clásica.