La obra del artista italo-venezolano Manuel Scano Larrazábal es una exploración, a través del papel, la escultura o las imágenes en movimientos, de la intervención del azar en los procesos de creación artística, especialmente en el arte abstracto. Es también una obra con solido arraigo en la ciudad de Milán, en la que se instaló Scano en 2004, fecha de su ingreso en la célebre Academia de Bellas Artes de Brera.

Allí empezó a comparar su trabajo con el del resto de alumnos de la escuela y a sentirse partícipe de la vibrante escena local. Un poderoso estímulo que, tal y como nos reconoce con total franqueza, le llevó también a una profunda crisis de identidad artística de la que salió reforzado, pero tras un considerable sufrimiento. “No es fácil vivir en Milán”, nos cuenta, “es una ciudad muy exigente, pero esa exigencia forma parte también de lo que me gusta de ella”. Larrazábal ha aceptado compartir con nosotros sus rincones favoritos de la ciudad, aquellos en los que pasea, come, compra o trabaja.

 

La Ravioleria

“Está en via Sarpi, en el corazón del barrio chino milanés. Es uno de mis restaurantes de comida callejera preferidos. Sus crepes me parecen extraordinarias”.

 

Las casas iglú

“Las casas iglú de via Lepanto fueron diseñadas por el atquitecto Mario Cavalle en los años 40. Dar un paseo por este extraño entorno es una experiencia casi surrealista”.

Ilustración de Ashleigh Giesler

 

El canal de la Martesana

“Fue uno de los primeros lugares que me llamaron la atención cuando me instalé en la ciudad. Es una larguísima calle, casi interminable, que sigue el curso de un canal hasta conducirte a as afueras de Milán”.

 

Pissotti

“Esta deliciosa tienda de la puerta de Génova es perfecta para comprar cajas, platos, sobres, bolsas, detergente, papelería, muebles o todo lo que necesitas para montar una buena merienda infantil o una fiesta de cumpleaños. En resumen, casi cualquier cosa bonita y delicada que se te ocurra, disponible en todo tipo de formas, tamaños y colores. Mi problema con este lugar es que cuando entro me cesta horrores salir”.

 

El barrio de los periodistas

“Está entre Isola y Greco, detrás de la estación central. Se trata de una bonita área residencial que forma parte del barrio histórico de Maggiolina. Durante años tuve mi estudio en este vecindario tan auténtico, en el que se respira la atmósfera del vetusto Milán de siempre”.