Es el máximo exponente de la vanguardia europea. Su trabajo con la guitarra eléctrica, siempre en constante diálogo con la electrónica, le ha llevado a recorrer los lugares más insospechados. El vienés Christian Fennesz lleva desde los años 90 convertido en un maestro de las seis cuerdas, manipulándolas a su antojo, procesándolas con efectos de lo más diversos, siempre en busca de ese virtuosismo y preciosismo que pocos pueden igualar. Grandes de la música como Ryuichi Sakamoto, Mike Patton (Faith No More), Alva Noto y Jim O’Rourke ya han trabajado con él.

Esta vez, el músico austríaco ha encontrado un cómplice a su altura, la institución más venerable en materia de electrónica experimental en nuestro país o, como al propio Fennesz gusta describirlo “uno de los guitarristas de ambient más grandes del mundo”. Desde hace ya más de 40 años, Suso Saíz se ha erigido como un estudioso de la materia, volcándose en música de lo más diversa. Ya estaba haciendo new age antes siquiera de que empezase a usarse el término; fue uno de los grandes representantes del minimalismo americano en nuestras orillas; sentó cátedra en el ambient con proyectos como la Orquesta de las Nubes; y experimentó con la electroacústica antes que nadie en este país.

 

Un dúo insólito

Tres años después de su primer (y feliz) encuentro en Madrid, en los Veranos de la Villa, Fennesz y Saiz vuelven a encontrarse sobre un escenario. La cita será este viernes en CaixaForum Barcelona, en un concierto casi único enmarcado en el ciclo de conciertos DNIT.

“Sigo a Christian desde su primer disco en solitario”, recuerda el gaditano Suso Saiz. “Siempre me sentí, de alguna manera, muy cerca de su lenguaje aunque en apariencia tengamos planteamientos diferentes. Desde hace como diez años ha habido intentos de juntarnos y éstos se materializaron por vez primera en Madrid, y el concierto fue realmente emocionante. Los dos conocíamos nuestras músicas y sin apenas directrices, la fusión fue perfecta. Desde ese momento Christian y yo mantenemos una entrañable y profunda amistad. Compartimos incidencias, dudas y alegrías. Aunque hasta este nuevo concierto en Barcelona no ha sido posible volver a tocar juntos”.

El productor austríaco también guarda un gran recuerdo de aquel espectáculo. “A veces, simplemente, tengo la necesidad de salir ahí fuera y tocar con otra gente. Es lo que mantiene vivo el músico que llevo dentro. Pienso en un música de jazz, me lo tomo como un desafío musical y social”. En el concierto de Barcelona cabrá esperar, además de un diálogo entre dos grandes de la innovación musical, abundantes capas de melancolía y una improvisación acentuada. Y es que tanto Fennesz como Suso Saíz plantean sus directos “de una forma abierta, sujetos al momento”. Sin embargo, el español asegura que la improvisación guarda una enorme relación con el trabajo en el estudio. “Se alimenta de todo el trabajo, las pruebas y los hallazgos tímbricos y técnicos que surgen ahí”.

 

Una colaboración con recorrido

Ambos también se encontrarán en el nuevo disco de Suso Saíz, Nothing Is Objective, que Music From Memory editará el próximo 19 de abril y en el que Fennesz aporta su arte a la guitarra en el tema Dulce. Es ya su tercer trabajo largo para el sello holandés, que en 2016 lanzó su obra retrospectiva Odisea y el año pasado llevó a las tiendas Rainworks, su primer LP década. Está dedicado, por cierto, al artista new age mexicano Jorge Reyes, fallecido en 2009. “En un principio, dado el carácter subjetivo del álbum, no tenía claro que hubiese ninguna colaboración pero, obviamente, la primera opción era Christian. Cuando me dijo que estaría encantado de participar, mis dudas desaparecieron y lo acepté feliz, como símbolo de hermandad”. La hoja de colaboraciones del andaluz también es abrumadora - de Salif Keita a Javier Corcobado, de Gigi Masin a Carles Santos-, lo que evidencia una naturaleza colaborativa que compensa el espíritu del lobo solitario. “La experimentación y el tipo de música que Christian y yo hacemos conlleva largas horas de soledad y las colaboraciones con otros músicos, aparte de aliviar esa soledad que a veces es abrumadora, ensancha tu visión del mundo y de la música”.

Nothing Is Objective, dice Saíz, es un disco “muy importante”, gestado durante muchas horas en el estudio, probablemente el que más tiempo haya dedicado en toda su trayectoria. Algunas de las piezas aquí incluidas han estado en proceso desde hace casi una década. “Es un disco hecho desde una perspectiva totalmente subjetiva, de honestidad profunda, en el que he intentado  pulir y filtrar mi lenguaje para enseñarme tal cual soy: con mis defectos y virtudes. Trabajo cada día estudiando, probando nuevas estrategias, haciendo música durante horas todos los días y para mí es fundamental esa rutina; es lo que me mantiene ‘en forma’”.

En 2017 ya estuvo en MIRA Festival, que el año pasado trajo a otro referente patrio del new age como El sueño de Hyparco. Es uno de tantos ejemplos de las nuevas generaciones reivindicando (o redescubriendo) algunos de los pioneros de electrónica y vanguardia en este país. ¿Se siente a gusto en el actual contexto?

Agradezco este nuevo interés por músicas hechas hace tiempo, aunque en mi caso realmente cada día me siento un músico nuevo. Jamás miro al pasado. Me parece bien que los demás lo hagan. Pero escuchando mis discos ó asistiendo a mis conciertos nadie encontrará objetos de arqueología sonora.

 

Siempre se le ha valorado más fuera de aquí que en España. ¿Lo sigue sintiendo así?

Es un sentimiento que varía a lo largo del tiempo. La realidad es que en España, desgraciadamente, hay menos posibilidades para el desarrollo de músicas ajenas al “mainstream”.


Se le ha ligado estrechamente con la escuela minimalista neoyorquina. ¿Cómo entró en contacto con esa música y qué puentes se tendieron?

Fue en un curso de Técnicas de Composición Contemporánea impartido por Luis de Pablo cuando escuché por primera vez la música de los minimalistas norteamericanos y me impactó profundamente. Desde ese instante, mi relación con el minimalismo norteamericano es la de un fan incondicional y su influencia está presente en mi música, aunque no de una forma explicita, en la mayor parte de los casos.


También se conoce su labor como productor para Aute y Luz Casal. Hasta programó percusión para Rocío Jurado y estuvo muy involucrado en un disco de la concursante de 'Operación Triunfo' Beth. ¿Qué queda de todo eso? ¿Podría volver esta faceta en el futuro?

Beth se puso en contacto conmigo buscando, creo yo, hacer un disco honesto con una cierta sonoridad independiente. Para mí su honestidad fue lo suficientemente atractiva como para aceptar el proyecto y creo que todos disfrutamos haciendo ese disco. En este momento, y desde hace ya unos años, estoy totalmente dedicado a mi propia obra. Veo difícil mi vuelta al mundo de la producción. Aprendí mucho trabajando para otros artistas, de otros estilos e intereses muy diferentes a los míos y es un bagaje que llevo con gusto.


Un disco dedicado a un mudanza
Este viernes no solo se encuentran en el escenario, sino que sale el nuevo disco de Fennesz en un lustro. Agora, que edita Touch, es uno de esos álbumes con una atractiva historia detrás. El casero de Christian quería subirle exponencialmente el alquiler de su estudio y, al no podérselo permitir, tuvo que mover su equipo a una pequeña habitación de su piso. Ahí grabó el disco, prácticamente al completo con cascos, una situación “frustrante” inicialmente, pero que a la vez le trajo recuerdos de aquellos primeros LPs que creó en los 90. “Usé las herramientas justas, ni siquiera tuve el coraje de enchufar todo el equipo y los instrumentos que tenía a mi alcance. Usé simplemente lo que tenía a mano. Salí muy contento con la experiencia, pensé que sería una pesadilla pero, en realidad, me lo pasé muy bien haciéndolo”.

 

¿Hubo alguna chispa de inspiración para crear este disco? ¿Qué temáticas quería explorar en él?

Los temas principales no cambian. Solo puedo hacer lo que ya he hecho antes, así que vuelve a ser un álbum sobre el amor, la muerte, la pérdida y la euforia.

 

Más allá del hecho de que el disco esté hecho esencialmente con ordenador y guitarra, ¿de qué modo se puede oír ese sentimiento de limitación y restricción del que habla la nota de prensa?

No creo que necesariamente se tengan que escuchar estas limitaciones porque hoy en día cualquiera puede hacer un disco con un portátil. Las posibilidades son enormes. ¿No fue uno de los últimos discos de Radiohead compuesto así? Es posible. Solo se necesita un poco de disciplina y enfoque. Al final todo se reduce a la música.

 

El sonido filtrado y tratado de la guitarra eléctrica ha sido clave para su música experimental y preciosista. ¿Le permitió este proceso aprender algo nuevo de la guitarra, un instrumento con el que siempre se ha sentido vinculado?

La guitarra siempre ha sido mi instrumento principal. Es como un ancla. A veces necesito abandonarla y otras veces quiero que vuelva a mí. Aún compongo casi todo a partir de la guitarra. Es simplemente algo con lo que me siento cómodo. Creo que cuando tocas un instrumento siempre estás en una curva de aprendizaje. Pero solo hablo por mí mismo. Recientemente he disfrutado escuchando y practicando con los viejos discos de grandes del jazz como Jim Hall y Wes Montgomery. Son guitarristas muy basados en el sonido.

 

En tiempos de reivindicación de lo analógico, usted es un productor que siempre ha permitido a los sonidos digitales dialogar con la maquinaria analógica. ¿Cómo funcionó esta relación en 'Agora'?

En mi trayectoria siempre he usado un montón de cacharrería analógica. Es algo que siempre he hecho. Este disco en particular lo he creado a partir de equipos externos analógicos. Lo mezclo todo con mezcladoras y compresores API. Y tengo unos 20 pedales de guitarra.