La escritora sueco-estadounidense narra en su primera novela la historia de Echo, una veinteañera un tanto perdida que entra en estado de shock cuando su padre desaparece en la costa de Los Ángeles. No tiene amigos ni familia a la que acudir y su carrera como actriz no acaba de arrancar. Es entonces cuando conoce a una dominatriz llamada Orly y a su pareja, con los que descubre un nuevo mundo de erotismo y parafilias. Así arranca el debut de Saskia Vogel, Soy una pornógrafa (Alpha Decay).

Nos encontramos con la autora (que, a sus 37 años, también ejerce como traductora y forma parte del festival de cine finlandés Viva Erotica) en una conocida librería londinense, tras una intensa semana de promoción por toda Gran Bretaña. De locuaz conversación, la menuda escritora se instaló con su marido hace un par de años en Berlín, en concreto al “über” gentrificado barrio de Prenzlauer Berg, aunque asegura que aún no ha conocido de primera mano su inabarcable vida nocturna: nada de “Berghain” o “KitKatClub” para ella. “Me mudé para terminar la novela y no he tenido mucho tiempo desde entonces. Y lo cierto es que al moverme a Berlín, la fiesta no estaba entre mis prioridades. Habiendo vivido en Londres y Los Ángeles, esta ciudad es como una especie de retiro anticipado para jóvenes”, bromea la interesada.

El título de su debut ha cambiado bastante en las diferentes ediciones. El original en inglés se llama Permission, y en castellano, Soy una pornógrafa

Sí, y en sueco se va a llamar Los amantes, como el título del tercer capítulo. Como traductora veo cierto sentido a estos cambios de nombres, porque “Permission” en inglés tiene más connotaciones que en otros idiomas. “Soy una pornógrafa” también me gusta mucho y, además, enlaza con la cita de apertura del libro, de Camille Paglia.

Se suele decir que todo debut tiene parte de autobiográfico. ¿También es su caso?

En realidad el libro comenzó en 2004 como un proyecto de no ficción, mientras estudiaba un máster en la Universidad del Sur de California (USC). Un amigo mío alquilaba una habitación en una casa, y yo iba a visitarle con mucha frecuencia. Era una situación como de 'sitcom', con mucha gente entrando y saliendo de la vivienda. En los ambientes en los que me movía, la música electrónica estaba bastante influida por la escena gótica y las performances de estilo “kinky”. Yo formaba parte de esa subcultura y allí se hablaba muy abiertamente sobre deseo sexual y sobre cómo manejarse en relaciones sentimentales no heteronormativas. Por entonces ya escribía algunas piezas sueltas sobre lo que estaba viviendo, pero no sabía muy bien cómo encajar todo aquello. Tiempo después recordé cómo escalaba con mi padre cuando era una niña y el miedo que sentía de que se pudiera caer al vacío y morir allí mismo. También imaginaba cómo cambiaría mi vida si esa tragedia llegara a suceder. De pronto un día algo hizo “clic” en mi cabeza y vi que tenía el arranque para mi novela y una historia que contar.

¿Siempre quiso ser escritora?

Tengo muy mala memoria, pero recuerdo que incluso antes de saber escribir, le dictaba libros a mi madre para que ella lo hiciera por mí. Me acuerdo de una historia que me inventé con una momia y una isla desierta en Jamaica. Cuando era pequeña me encantaba Still Life With Woodpecker (1980), de Tom Robbins. También recuerdo ir a la librería del centro comercial y quedarme alucinada con las historias de vampiros. ¡Me encantaban! Creo que eso cambio mi idea de la escena gótica. Tendría 12 ó 13 años y eran libros que por mi edad no eran para mí. Recuerdo leer allí la primera de aquellas obras sin doblar ni una esquina de las páginas, para luego devolverla al estante correspondiente.

¿Diría que su novela es del género “coming of age” [crecimiento psicológico y moral de la juventud hasta la adultez]?

Echo es un personaje muy pasivo que siempre se ha estado escondiendo, incluso de sus propios sentimientos respecto a Ana, su amiga de la infancia. Solo cuando encuentra a esta pareja que practica juegos de dominación y sumisión, empieza a sentirse especial.

Suele decir que no es una obra erótica…

Sí, creo que trata más sobre la intimidad. Hay muchos padres que educan a sus hijos haciéndoles creer que ciertas energías y sentimientos no existen, cuando en realidad sí que están allí. Y según vas creciendo no puedes seguir ignorando eso. A muchas mujeres les han enseñado a ignorar sus pulsiones eróticas, a disociarse de ellas. Y en ellas se encuentran muchos valores y conocimientos. Estoy de acuerdo con Camille Paglia y sus tesis en contra de la prohibición de la pornografía.

Saskia Vogel | Nikolaus Kim

Precisamente, algunas reseñas han comparado su novela con las obras de Camille Paglia. No sé si le molesta…

No, no. Me gusta mucho. De hecho, cuando tenía 14 años o así, mi madre me dejó su libro Sexual Personae (1990) para que lo leyera. Mi madre es una gran lectora y bastante liberal en estos temas.

En el libro también explora diferentes tabúes y fantasías sexuales, como el universo BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo).

¿El BDSM es un tabú en España?

Bueno, no es algo de lo que hablarías en una comida de trabajo o en casa de tus padres…

Ya, entiendo. Supongo que eso se debe a las ideas equivocadas que tiene mucha gente al respecto, como si el BDSM fueran personas haciéndose daño unas a otras sin más. Muchos no comprenden que una relación consentida entre dos adultos puede basarse en un intercambio tanto de placer como de dolor, sin que eso pueda ser considerado un abuso. Al final todo tiene que ver también con los roles que nos asigna la sociedad según nuestro género. Y en el BDSM los roles siempre pueden ser negociados. Pero muchas veces, para quien está empezando en esto, puede resultar complicado explicar la diferencia entre una persona que es dominada respecto a otra que es dominante.

¿Cómo descubrió ese mundo?

Yo siempre he sido un poco gótica desde niña, aun cuando no sabía ni lo que era eso: me encantaba el terciopelo y teñirme el pelo de negro. Pero todo empezó en Gotemburgo, en Suecia, donde fui al instituto. Yo solía salir por una discoteca que era la única de la ciudad donde podías escuchar cosas como el Erotica (1992) de Madonna, o Depeche Mode o Soft Cell. Me encantaba bailar ese tipo de cosas, así que al final acabé descubriendo clubes fetichistas a causa de la música.

En su libro también aborda el tema de los abusos sexuales en Hollywood. ¿Cree que un movimiento como el #MeToo puede estallar en algún momento en el ámbito literario?

Es complicado, pero ya han empezado a salir algunos casos. La escena del libro en la que se muestran los abusos sexuales por parte de un representante a su actriz estaba escrita mucho antes del #MeToo. Cuando salió a la luz todo el tema, pensé: “Mira, esta escena puede ser verdaderamente relevante”.

Y ahora el #MeToo está en todos los sitios…

El problema que veo es que muchas veces una mala experiencia sexual no es necesariamente una agresión sexual. Es decir, por ejemplo estás en una fiesta, te vas con un tío, pero luego el sexo resulta ser una mierda. Eso no tiene porqué ser siempre una agresión sexual. Puedes tener muy malas experiencias sexuales, sin que eso signifique que hayas sufrido abusos. El sexo a veces puede ser muy confuso. Y además últimamente todo se está volviendo muy puritano.

Alpha Decay