“Todo lo que hay en la ciudad es parte de su historia”, solía decir la fotógrafa estadounidense Berenice Abbott. Y con arreglo a esa premisa, retrató Nueva York durante los años 30. Su mirada, vanguardista y audaz, constituye un extraordinario retrato de la modernidad del siglo XX.

Hasta el próximo 19 de mayo, la Fundación MAPFRE presenta en la Casa Garriga Nogués de Barcelona la exposición Berenice Abbott, Retratos de la modernidad, una antología dedicada a esta fotógrafa excepcional que unió los ámbitos culturales parisinos con Nueva York, a través de sus retratos de artistas e intelectuales franceses y la moderna arquitectura de Estados Unidos. Una muestra comisariada por Estrella de Diego que consta de cerca de 200 fotografías propias y que se exponen junto a otras 11 más de Eugène Atget, positivadas por la misma Berenice Abbott a finales de la década de los 50.

Seducción urbana

Nacida en Springfield, Ohio, en julio de 1898, Berenice Abbott fue conocida principalmente por sus retratos de artistas, intelectuales y mecenas, muchos de ellos de mujeres, en el Paris de los años 20. En la década siguiente, el objetivo de su cámara fueron las personalidades de la cultura y de  la arquitectura, así como las calles y la vida urbana de la ciudad de Nueva York. Por tanto, su seductora obra, una de las más importantes de la primera mitad del siglo pasado, significó un puente entre la vanguardia europea y el prometedor ambiente artístico neoyorquino en los años 30.

La fotógrafa estadounidense desarrolló a lo largo de su vida un proyecto basado principalmente en documentar el mundo que la rodeaba, de ahí que su obra pertenezca al género documental y formara parte del movimiento de fotografía directa. “La fotografía es, o debería ser, un documento significativo, una declaración penetrante”, dejó dicho Abbott. Sus imágenes de rascacielos y de otros edificios de la gran ciudad, en los que el ladrillo, el acero, el cristal o la madera se convierten en el escenario por el que se mueven hombres y mujeres que viven, sueñan, trabajan y sufren.

Una muestra de la enorme capacidad de Abbott para identificar y retratar los cambios que se suceden en su entorno. Sus fotografías constituyen un reflejo veraz y único de la modernidad por la que transitaba el nuevo siglo. Una visita a la exposición nos sitúa en ese momento y en ese lugar gracias al fiel documento de su fotografía.

 

CUATRO CLAVES PARA UNA OBRA PIONERA

1 – Modernidad: una idea que invade todo su trabajo, desde retratos de los artistas e intelectuales más vanguardistas del momento, pasando por su mirada de la ciudad de Nueva York, hasta sus fotografías de tema científico. Un reflejo de la propia modernidad de Abbott, de su carácter vanguardista y audaz.

2 – Paris: poco después de llegar a Nueva York, la fotógrafa viajó a Europa y se instaló la capital francesa, en donde empezó a trabajar en el estudio de Man Ray y allí tuvo su primer contacto con la fotografía. En esa época conoce a Eugène Atget, por quien siente una gran admiración. Durante décadas se dedicará a promocionarla y a alentar su coleccionismo en los Estados Unidos.

3 – Nueva York: cuando en 1929 Abbott regresa a la Gran Manzana se embarca en la producción del núcleo principal de su trabajo: la documentación fotográfica del crecimiento de Nueva York. Tras un inicio independiente del proyecto, en 1935 logra una financiación estatal. Sus imágenes, publicadas bajo el título de 'Changing New York' en 1939 reflejan su habilidad fotográfica para observar las posibilidades de la ciudad y de la modernidad.

4 – Documental: la fotografía de Abbott es puro documento aunque el resultado de su mirada es tan rica y diversa que va más allá de simple adjetivo documental. Y eso que ella misma siempre intentó huir de la artificiosidad del arte. Su fotografía científica, desarrollada desde finales de los 50 en colaboración con el Instituto de Tecnología de Massachusetts, son ejemplos, presentes en la muestra característicos de esa dualidad entre documento y arte.