“A los 17 años empecé a matarme de hambre / Pensé que el amor era una especie de vacío / Y, por lo menos, entendí entonces el hambre que sentía / Y no tuve que llamarlo soledad”. Así arranca Hunger, una de las mejores canciones de High As Hope, el nuevo disco de Florence + The Machine.

La diva ha trazado un arco personal en la última década que la ha visto consolidarse como una de las estrellas pop más aventureras, genuinas y singulares del panorama actual, cómoda a medio camino entre una Kate Bush y unos Fleetwood Mac. Este nuevo álbum, el cuarto de su carrera, podría describirse como el clásico trabajo de madurez, en la que la protagonista, Florence Welsh, se abre en canal para exorcizar sus demonios y expiar sus pecados. Es el habitual tormento en clave pop orquestal al que nos tienen acostumbrados los londinenses, que esta semana visitan Barcelona y Madrid, el miércoles y jueves, respectivamente.

 

Compartir experiencias

Sobre la revelación de esa canción, que relaciona el desorden alimentario que sufrió en la adolescencia con sus ansias por encontrar el amor verdadero, ya habló en su momento para el diario británico The Guardian: “Es la primera vez que he podido escribir algo así en un papel. Pero ahora me he dado cuenta que la inseguridad y la soledad son experiencias humanas. Los grandes asuntos están ahí sea como sea que los encares. Lo más extraño es que, por muy personal que lo sientas, una vez lo dices en voz alta otras personas dirán: ‘Yo también lo sentí”.

Y es que las letras de High As Hope hablan de ghosting en la era Tinder, el suicidio de su abuela, su ya superado alcoholismo, peleas con su hermana pequeña, y mucho más. Precisamente una de las canciones más lúcidas del álbum, Grace, se lee como una carta de amor reconciliadora dirigida a su hermana. Es el clásico tema de pop sofisticado marca de la casa Florence + The Machine en el que también han colaborado el productor estrella Emile Haynie, el también enamorado de los 70 Tobias Jesso Jr y el crooner electrónica Sampha. Por aquí y por ahí también aparecen el saxofonista jazz Kamasi Washington, Jamie xx y Josh Tillman (Father John Misty).

“Mi hermana pequeña Grace siempre ha sido esa persona que cuidaba de todos. Ya de pequeña era dura y feroz. Cuando yo era niña me daba miedo todo. Pensaba 100% que existían los vampiros, los fantasmas y los hombres lobo. Me metía en la cama en la cama con ella aunque ella fuese la pequeña. Así que esta dinámica ya existía cuando éramos crías, porque ya me cuidaba. Después de mis problemas con el alcohol y todo aquello ella siempre estaba ahí para ayudarme a recomponer. Pero cuando enderecé mi vida uno de mis mayores arrepentimientos no fue ser capaz de ser su hermana mayor. Así que estos últimos cuatro años he intentando convertirme en su hermana mayor”, explicaba a NPR.

 

Parar o morir

Se refiere a ese alcoholismo que dejó atrás hace ya cinco años. En estos términos hablaba de su enfermedad para la revista Rolling Stone. “Ser una bebedora extrema fue una enorme parte de mi identidad. La música y el alcohol fueron algo así como mis dos primeros amores. Cuando paré, me dio la sensación de que dejaba ir un fantasma de la historia del rock con el que ya no podía lidiar. Era monumental. No es que pensase que quería estar sana y cambiar mi ritmo. Fue más bien: ‘Me voy a morir. Necesito parar”.

Florence + The Machine ya agotaron hace días todas las entradas de su concierto en el Wizink Center madrileño, en Barcelona ya rozan el lleno y este verano se embarcarán en una gira mundial que coronarán en julio con un show multitudinario en su Londres natal, en el marco del festival BST Hyde Park. Les acompañarán amigos ilustres como The National, Blood Orange y Lykke Li.

Pero Welsh sigue sin explicarse cómo eso, que una mujer encabece un festival de tamaña magnitud, siga siendo noticia. En estos términos hablaba para Billboard. “Muchas personas -mayoritariamente, periodistas masculinos- me preguntan lo que se siente al ser una mujer en el rock de hoy, como si eso fuese de algún modo pertinente. ¿Cómo es que aún tenemos esta conversación? He hecho shows en estadios con Lizzo y St. Vincent. No es solo que vendamos las entradas, es que reventamos al público. Pero a la vez veo otros escenarios en los que no hay mujeres en la cabeza del cartel y me pregunto por qué. La gente se piensa que las estrellas de rock son las únicas que llenan estadios, y que son solo hombres. Quizá también pueden ser mujeres. Quizá las estrellas rock de hoy son estrellas pop. Quizá ya no son como la gente se piensa porque esa percepción es anticuada. Los tiempos están cambiando. Un cabeza de cartel del presente se parece a Adele, a Beyoncé. La rabia femenina es una de las cosas más terroríficas que te puedas imaginar”.