Una playa, con el mar bravo y la bandera roja, y un grupo de bañistas de clase media contemplando las olas desde la orilla. Es una de las imágenes más poéticas y, a la vez, más vulgares de Martin Parr (Epsom, Surrey, 1952), un brillante fotógrafo que retrata sin filtro y con sarcasmo las costumbres de la decadente humanidad contemporánea. Tal vez por eso, su libro definitivo se titula Only Human, porque ese ha sido siempre su objeto de estudio: la persona humana.

Desde que empezó su carrera en la década de los 80, Parr tuvo claro que quería fotografiar gente, capturar a desconocidos en acción, ya fuera en la playa, en la montaña, en un parque temático o en un restaurante de comida rápida. Su obra podría calificarse de costumbrista o de antropológica, pero Parr, que nunca ha tenido pelos en la lengua, prefiere decir que “soy un cotilla” y que “la fotografía me permite convertir este defecto en una virtud. Es la excusa perfecta para acercarme a la gente y husmear en sus vidas”.

Miembro de la agencia Magnum desde 1994 y galardonado con el Premio PhotoEspaña Baume & Mercier 2008, Martin Parr protagoniza ahora una exposición en la National Portrait Gallery de Londres, que podrá verse hasta el 27 de mayo. Una buena excusa para que la editorial Phaidon haya lanzado el libro definitivo sobre su obra reciente: Only Human, el estudio que Parr se merecía pero que nadie se atrevió, hasta ahora, a publicar, si bien existe un tocho homónimo que se ocupa de su trabajo anterior a 2002.

 

El arte de hacer que nos sintamos incómodos

A lo largo y ancho de sus 240 páginas, Only Human reproduce 220 fotografías sacadas por Parr durante los últimos veinte años que exploran la gran obsesión de este fotógrafo: la gente. Como bien dice la curator experta en fotografía Val Williams, “las imágenes de Martin Parr puede hacernos sentir muy incómodos. Él ha hecho una comedia sobre la comida que comemos, la ropa que nos ponemos, los lugares a los que vanos, diseccionando nuestro estilo de vida, exponiendo nuestras pequeñas vanidades con brillantes colores”.

Además, el libro presenta varios trabajos inéditos de Parr, como Britain at a time of Brexit, que refleja el espíritu de Gran Bretaña antes y después del referéndum del Brexit de 2016, mayormente a través de las manifestaciones de votantes a favor de la salida de su país de la Unión Europea. Como contrapunto, se añaden fotos de las élites británicas tomadas en su hábitat: clubes privados, universidades tipo Oxford o escuelas como Harrow. Y, como colofón, varios retratos inéditos de personajes tan célebres como Tracey Emin, Anna Wintour o Zadie Smith.

Martin Parr

Los textos de esta monografía son casi tan importantes como las imágenes, y aportan reveladores puntos de vista sobre el trabajo de Martin Parr. Destacan el prólogo de Nicholas Cullinan, director de la National Portrait Gallery, una introducción del artista Grayson Perry que contextualiza la obra del autor, tres ensayos del comisario de la exposición Phillip Prodger, y los textos complementarios de los fotógrafos Joachim Schmid y Dayanita Singh. En definitiva, el estudio resulta tan interesante para académicos como para simples aficionados a la fotografía.

 

Entre el arte contemporáneo y la foto documental

En la actualidad, Martin Parr es casi una institución dentro de la fotografía universal. Pero no siempre fue así. Durante los años ochenta, nadie se lo tomaba en serio. Nadie entendía sus fotos de turistas de clase obrera tragando comida basura y cerveza tibia. Le llamaron de todo, desde fascista a sensacionalista. En una época en la que mandaban el blanco y negro, el drama periodístico o la belleza formal, Parr apostó por los colorines, la cotidianidad y el feísmo irónico. Y ganó por goleada.

Hoy, a sus 66 años, con la autoridad que le otorgan sus galones y sus canas, Parr se puede permitir soltar en una entrevista que “la mayoría de mi trabajo es una mierda”, que “los fotógrafos de guerra son unos hipócritas” y que adora hacer reportajes de bodorrios: “Sin duda, las bodas están llenas de personajes alucinantes y de rituales locos. Cuando puedo, me cuelo en bodas ajenas y me pongo a sacar fotos”.

Martin Parr

Parr no tiene miedo de calificar su trabajo como un espectáculo “entretenido, accesible y un poco surrealista”. Parr no le tiene miedo a nada. Hace publicidad, periodismo, moda o arte con la misma alegría. Compagina exposiciones en la Tate Gallery con publicaciones en periódicos baratos. Le gusta retratar la realidad a pelo, sin Photoshop. Para él, la belleza está en el instante sin filtro: “Vivimos rodeados de fotos falsas. La comida real nunca se parece a la foto del paquete del súper. Yo muestro las cosas tal y como son”.

Pero en el fondo, el trabajo de Parr también es fotografía de denuncia, aunque él huya del sermón y se limite a ponernos un espejo delante: “Las nuevas clases medias y el impacto de su estilo de vida sobre el medio ambiente van a hacer más daño incluso que la guerra y el hambre. Tú y yo somos los primeros culpables, con nuestros coches y nuestras vacaciones”, sentencia. Esperemos que sus fotos sirvan, si no para cambiar el mundo, al menos para despertar conciencias.