“Para que una foto sea buena, basta con que la persona retratada sea famosa”, solía decir Andy Warhol. El de Pittsburgh, Nueva York, es uno de esos artistas que no necesitan presentaciones, y su fascinación un tanto frívola por la cultura de la celebridad es bien conocida.

En la recién inaugurada galería BASTIAN de Londres se exhibe estos días una selección de Polaroids de Warhol, muchas de ellas inéditas, que muestra a la alta aristocracia del glamour y la fama neoyorquinos, grandes iconos culturales de las décadas de los 60, los 70 y los 80, de Jane Fonda a David Hockney o Jean Michel-Basquiat. Todos captados con la naturalidad y la cercanía habitual en los retratos de Warhol, que nunca salía de casa sin su cámara Polaroid, con la que iba confeccionando lo que el llamaba su “diario visual”.

Fundada por Edwin Herbert Land en Cambridge, Massachusetts, en 1937, Polaroid es una de las compañías que más han contribuido al desarrollo de la fotografía instantánea. Artistas como Robert Mapplethorpe o Anselm ADams fueron incondicionales de estas cámaras ligeras dotadas de su propia película fotográfica y que hacían posible captar la realidad con una frescura y una inmediatez inéditas. Consciente de su impacto cultural, la compañía desarrolló ya en los 60 su propio programa de apoyo a artistas emergentes. Warhol fue uno de los beneficiarios del generoso mecenazgo de Polaroid, que le ofreció durante años película gratis y acceso libre a sus estudios de revelado a cambio de la donación puntual de alguna de sus obras.

Andy llevó su amor por las Polaroids un paso más allá al convertir alguno de estos retratos espontáneos en base para sus célebres serigrafías y cuadros. Enamorado del arte efímero y de las tecnologías que permitían captar el instante, Warhol consideraba que la peculiar estética de las Polaroids conectaba perfectamente con la esencia del arte pop orientado al consumo masivo. PORT tuvo la oportunidad de hablar con el Aeneas Bastian, director de la galería, sobre los retratos exhibidos y sobre lo que supuso para él ser retratado por el propio Warhol.

Andy Warhol (Bastia Gallery)

 

¿Por qué a Warhol le fascinaban hasta ese punto la cultura de la celebridad y la gente famosa?

Para él, retratar a gente famosa era una manera de profundizar en la cultura estadounidense y los mitos fundacionales del sueño americano. Le permitió crear imágenes icónicas manteniendo siempre la perspectiva del observador neutral. Por muy fascinado que estuviese por la fama, siempre trató de mostrar a los famosos tal cual eran, no con el glamour convencional con que suele retratarlos la gran maquinaria de consumo cultural moderno.

 

¿Por qué diría que estos retratos resultan tan impactantes?

Supongo que porque tienen una estética muy contemporánea. En aquella época era my poco habitual retratar a auténticos mitos de una manera tan directa y espontánea, pero las Polaroides de Warhol crearon escuela y las siguientes generaciones quisieron captar precisamente esa estética basada en la naturalidad sin filtros.

 

¿Fue Warhol un precursor de la obsesión moderna por autorretratarnos y retratar en tiempo real todo lo que nos rodea?

Sí, la moda de Instagram tiene en las Polaroids de Warhol un claro antecedente. Creo que esa pasión tan contemporánea por la fotografía amateur y esa necesidad compulsiva de retratar lo que vemos para compartirlo hubiese fascinado a Andy.

Andy Warhol

¿Qué valor artístico diría que tienen estos retratos, más allá de su indiscutible valor como documento de una época?

Creo que hay arte en la interacción entre el artista y sus modelos. Por ejemplo, me encanta el efecto espejo que se creó entre Warhol y David Hockney. Justo en el instante en que Warhol retrataba a Hockney, Hockney sacó su cámara y retrató a Warhol. Eso es arte.

 

¿Puede contarnos cómo usted mismo fue retratado por Warhol?

Ocurrió en 1982. Yo tenía seis o siete años y estaba visitando la Factory con mis padres. Recuerdo que estaban rodando algo y que por ahí andaban un actor disfrazado de Tío Sam y otro disfrazado de Mickey Mouse, pero yo era demasiado pequeño para distinguir con precisión al actor del personaje, así que de alguna manera creía que aquellos eran el Tío Sam y Mickey Mouse. Mientras yo les miraba a ellos, Warhol aprovechó para hacerme uno de sus retratos instantáneos.

Andy Warhol (Bastian Gallery)