Decálogo de los (falsos)
mitos del franquismo

Por Daniel G. Sastre

Decálogo de los (falsos) mitos del franquismo

Por Daniel G. Sastre

A las puertas del 50 aniversario de la muerte de Franco los alegatos a favor de la dictadura han alcanzado, por número y por apasionamiento, cotas impensables hace unos años. Tras escuchar a un diputado de Vox decir en el Congreso que “gracias a las redes sociales muchos jóvenes están descubriendo que la etapa posterior a la Guerra Civil no fue una etapa oscura, sino de progreso y reconciliación para lograr la unidad nacional”, y después de que haya crecido hasta casi el 20% el número de españoles entre 18 y 24 años que piensan que el franquismo fue “bueno o muy bueno”, instituciones y académicos han alzado la voz para refutar con datos esa condescendencia. Algunos son muy contundentes.

Los mitos sobre el régimen franquista se expresan a menudo con frases que habían dejado de circular y que han vuelto con fuerza en algunos ámbitos. Estas son algunas de ellas, y los argumentos y los números que ofrecen los expertos para contrarrestarlas.

ÍNDICE

· TRABAJO · VIVIENDA · SEGURIDAD · PRESTACIONES PÚBLICAS ·
·
INMIGRACIÓN · CORRUPCIÓN · GUERRA CIVIL · EDUCACIÓN ·
·
POLARIZACIÓN · INFRAESTRUCTURAS ·

A las puertas del 50 aniversario de la muerte de Franco los alegatos a favor de la dictadura han alcanzado, por número y por apasionamiento, cotas impensables hace unos años. Tras escuchar a un diputado de Vox decir en el Congreso que “gracias a las redes sociales muchos jóvenes están descubriendo que la etapa posterior a la Guerra Civil no fue una etapa oscura, sino de progreso y reconciliación para lograr la unidad nacional”, y después de que haya crecido hasta casi el 20% el número de españoles entre 18 y 24 años que piensan que el franquismo fue “bueno o muy bueno”, instituciones y académicos han alzado la voz para refutar con datos esa condescendencia. Algunos son muy contundentes.

Los mitos sobre el régimen franquista se expresan a menudo con frases que habían dejado de circular y que han vuelto con fuerza en algunos ámbitos. Estas son algunas de ellas, y los argumentos y los números que ofrecen los expertos para contrarrestarlas.

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“Con Franco todo el mundo tenía trabajo”

Fabrica de automóviles PSA de Vigo. Archivo

Fabrica de automóviles PSA de Vigo. Archivo

En la España de 1940 vivían unos 26 millones de personas, algo más de la mitad que ahora. Pero aún así el régimen estuvo muy lejos de poder dar un trabajo a todos los que lo requerían. Durante los casi 40 años de dictadura, se estima que tres millones de españoles tuvieron que irse al extranjero para subsistir. Casi cinco millones más se trasladaron del medio rural a las ciudades.

Durante los años 40 y 50 hubo altísimo desempleo y subempleo, especialmente en el campo. "Es todo pura fantasía", dice Martí Marín, profesor del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, acerca del mito de que en el franquismo todo el mundo tenía trabajo. Poco después de la guerra "había gobernadores civiles desesperados, se les moría la gente de hambre porque no tenía trabajo", añade.

En cuanto a las condiciones laborales, el régimen eliminó la libertad sindical y creó el Sindicato Vertical, controlado por el Estado y por la Falange. También prohibió las huelgas y la negociación colectiva. Las jornadas de 10, 12 o más horas eran habituales, y los salarios reales eran bajos: en los años 40, el salario medio industrial equivalía a menos del 40% del nivel de 1935.

Con el desarrollo económico y el fin de la etapa autárquica, a partir de 1960, mejoran las condiciones laborales, pero los salarios siguen muy por debajo (entre tres y cinco veces) de países como Alemania o Suiza, destino de cientos de miles de trabajadores españoles en esas décadas. Las libertades sindicales siguieron prohibidas.

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“Con Franco se construyeron muchas viviendas”

Después de la Guerra Civil, y hasta los años 60, predominan la escasez extrema y el déficit habitacional. En 1959 el ministro de Vivienda, José Luis Arrese, pronunció su famosa frase: "No queremos un país de proletarios sino de propietarios".

Placa franquista en la fachada de una casa de protección oficial. David Castro

Placa franquista en la fachada de una casa de protección oficial. David Castro

Es cierto que se inició entonces un 'boom' de la construcción, pero su presunto vigor tanto en número como en efectividad social tiene mucho de consigna propagandística. De las más de tres millones de viviendas protegidas que se alzaron durante todo la dictadura, menos de 750.000 se destinaron a personas con rentas bajas (es decir, ejercieron una labor social real). Además, eran en general de muy poca calidad y no terminaron con los problemas de hacinamiento en torno a las grandes ciudades.

"El franquismo hace mucha vivienda, es cierto, más que en ninguna otra época de la historia", dice el profesor Marín. "Empieza en 1957, cuando hay centenares de miles de personas viviendo en barracas en Barcelona, Madrid, Sevilla, Bilbao… Construyen tan mal que muchas veces hay problemas graves de inundaciones, con más muertos que en la dana de Valencia. Y pese a todo al final de la dictadura aún quedan barracas en Barcelona", añade.

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“Había seguridad y se podía salir tranquilo a la calle”

Los cuerpos de seguridad del régimen se posicionan ante una manifestación antifranquista en Barcelona en febrero de 1976. Agustí Carbonell

Los cuerpos de seguridad del régimen se posicionan ante una manifestación antifranquista en Barcelona en febrero de 1976. Agustí Carbonell

Los profesores universitarios Pedro Oliver Olmo (UCLM) y Julián Casanova (Universidad de Zaragoza) coinciden en calificar de "exterminio" la política represiva del franquismo tras la Guerra Civil. España fue esos años "el país que más ha practicado el ajusticiamiento en relación a cualquier otro del mundo homologable, fue una política de venganza", dice Oliver Olmo.

Hay consenso entre los historiadores en cuanto a que el régimen ejecutó a cerca de 50.000 personas, en su práctica totalidad opositores que habían hecho la guerra con la República, durante sus primeros años. Así que la paz social se compró, hasta 1960, con terror y con miseria.

Pero, a partir de que se relajara la represión y de la toma de medidas económicas para modernizar el régimen, en los 60, tampoco puede decirse que el franquismo fuera un remanso de paz. No en vano, en aquellos años se produjeron los primeros atentados de ETA, y poco después aparecieron también otros grupos terroristas como los GRAPO o el FRAP.

Las manifestaciones y las huelgas encubiertas, a menudo gestionadas a palos, fueron la tónica en los últimos años del régimen franquista.

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“Franco creó la Seguridad Social”

La Seguridad Social se desarrolló realmente durante la democracia, a partir de los años 70 y 80. Con Franco existían solo seguros laborales fragmentados y excluyentes: campesinos, mujeres, autónomos o trabajadores precarios quedaban fuera.

Francisco Franco, y su esposa, Carmen Polo, inauguran la residencia del Seguro de Enfermedad "Almirante Vierna" de Vigo en 1955. EFE/Miguel Cortés

Francisco Franco, y su esposa, Carmen Polo, inauguran la residencia del Seguro de Enfermedad "Almirante Vierna" de Vigo en 1955. EFE/Miguel Cortés

Y, además, la mayoría de esas prestaciones ya venían de mucho antes. "Las primeras iniciativas de crear algo así son de principios del siglo XX, con el Instituto de Reformas Sociales. La Segunda República da un paso más, pero la reforma fiscal que llevaba aparejada no se llegó a aplicar. Y el franquismo hace cositas, pero no superan ni siquiera lo que se había hecho ya con la monarquía de Alfonso XIII, y por descontado no son la Seguridad Social", sostiene Martí Marín.

En su libro 'Francofacts' (Pasado y Presente), el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Hernández Sánchez añade que, ni siquiera después de que en 1963 se reorganizara el "caótico" sistema de seguros sanitarios y asistenciales, se alcanzó la universalidad de las prestaciones.

"Los seguros cubrían solo a los trabajadores que habían cotizado y a sus familiares. Eso significaba, por ejemplo, que los parados tenían que pagarse ellos mismos sus medicamentos. Bajo la dictadura, el gasto social fue muy bajo. En 1967 ascendía al 6,7% de la riqueza nacional, llegando hasta el 11,6% en 1975", afirma. En comparación, el gasto social con respecto al PIB estará este 2025 en torno al 30%.

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“No había inmigración: todos vivían bien en España”

Salida de emigrantes hacia Bélgica. Archivo Carta de España

Salida de emigrantes hacia Bélgica. Archivo Carta de España

La inmigración preocupa a los ciudadanos. En el último barómetro del CIS, del mes de octubre, se mantiene como segundo problema en importancia global, solo por detrás del acceso a la vivienda. Pero hubo una época no tan lejana en la que eran los españoles quienes buscaban una vida mejor en otros países, hasta el punto de que en Francia se llegó a editar a finales de los 60 el libro 'Conchita et vous', que enseñaba a las señoras parisinas a tratar a las criadas españolas.

Evidentemente, España apenas recibió inmigrantes durante la dictadura. Antonio Izquierdo, catedrático emérito de Sociología, explica que “la inmigración es hija de la economía”, es decir, que actúa por motivos económicos, y la España franquista no ofrecía ningún incentivo en ese sentido.

De hecho, la falta de oportunidades empujó a cerca de tres millones de españoles a buscarlas en otros países. La emigración española tuvo principalmente dos fases. En la primera, las salidas inmediatamente posteriores a la Guerra Civil se produjeron mayoritariamente por motivos políticos, y países como Argentina, Venezuela o México (y también Francia, después de la Segunda Guerra Mundial) fueron los destinos preferidos. Se calcula que unas 350.000 personas, entre inmigrantes regulares y no registrados, salieron del país en esos años.

El 'boom' llegó curiosamente a partir de 1960, cuando la situación económica de España estaba mejorando. Y llegó precisamente porque toda la economía europea se había disparado. Entre salidas registradas e irregulares, más de 2,5 millones de personas fueron a trabajar principalmente a países como Alemania, Suiza, Francia o Bélgica.

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“Con Franco no había corrupción”

Una cosa es que, gracias a la censura y a la falta de prensa libre, pocos escándalos de corrupción trascendieran durante la dictadura. Y otra muy distinta es que no existieran.

"La corrupción era generalizada", explica el periodista y escritor Mariano Sánchez Soler, autor entre otras obras de 'La familia Franco S. A.' y 'Los ricos de Franco' (Roca Editorial). "El régimen tenía una relación estructural, orgánica, con la corrupción. Delitos como el tráfico de influencias no existían. Ni siquiera había leyes sobre ello entonces, les parecía bien [a los dirigentes del franquismo] por ejemplo tener información privilegiada de por dónde iba a ir una carretera para comprar los terrenos de alrededor; o ser ministro de Comercio y venir directamente de la presidencia de una multinacional de fertilizantes, y después volver a ella", dice.

El empresario Juan Vilá Reyes, que protagonizó en los años setenta el caso Matesa, el escándalo económico y político más sonado del franquismo. EFE/sm

El empresario Juan Vilá Reyes, que protagonizó en los años setenta el caso Matesa, el escándalo económico y político más sonado del franquismo. EFE/sm

Sánchez Soler ha investigado también el escandaloso enriquecimiento personal de Franco y su familia. Al respecto, Hernández Sánchez recoge en 'Francofacts' uno de los primeros episodios de corrupción del dictador: "En 1939, el dictador brasileño, Getulio Vargas, regaló a Franco 600 toneladas de café. Era uno de los productos que más escaseaban durante la posguerra y, por tanto, uno de los más demandados en los circuitos ilegales del mercado negro. El Caudillo las vendió a la Comisaría de Abastecimientos y Transportes para que se vendieran en todas las provincias. Los bancos provinciales a los que se transfería el beneficio obtenido con la venta tenían orden de reenviar esas cantidades al Banco de España, en Madrid, y allí se abonaban directamente en la cuenta personal del general Franco. Esta operación le proporcionó unas ganancias de 7,5 millones de pesetas, en torno a 105 millones de euros de 2025".

El enriquecimiento impúdico del bando vencedor había empezado incluso antes de terminar la guerra, con la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939 que, en palabras de Paul Preston, fue "en esencia un mecanismo para justificar la expropiación masiva de los vencidos".

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El golpe de Estado fue en 1934 y la guerra evitó una revolución comunista

Francisco Franco saluda durante la ceremonia oficial de la victoria del bando nacional en la Guerra Civil Española que se realizón en Burgos en 1939. Archivo

Francisco Franco saluda durante la ceremonia oficial de la victoria del bando nacional en la Guerra Civil Española que se realizón en Burgos en 1939. Archivo

El mismo día que se proclamó la República, el 14 de abril de 1931, mientras el entusiasmo popular se desbordaba en las calles, un grupo de disconformes con la caída de Alfonso XIII se reunían y proclamaban su objetivo de que el nuevo régimen durase el menor tiempo posible. Entre ellos estaban José Antonio Primo de Rivera o José Calvo Sotelo; ese encuentro es la prueba de que las conspiraciones para terminar con la República no nacieron por un desacuerdo con su acción política, sino que era muy anterior.

Así que la afirmación de que los episodios levantiscos de 1934, sobre todo en Asturias, fueron el golpe de Estado real, previo al de los militares en 1936, tiene poco recorrido y está desacreditada por todos los historiadores de prestigio. En todo caso, el episodio asturiano, según por ejemplo Paul Preston, fue "un error" de las izquierdas, pero no un intento organizado de derrocar el régimen.

Las tramas para abatir la República se sucedieron desde casi el principio. En 1932, el general Sanjurjo fracasó porque su asonada solo tuvo un tímido seguimiento en Sevilla. A partir de la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, los preparativos para el golpe eran un secreto a voces, y hay pruebas no solo de acuerdos para la compra de armamento, sino también de contactos diplomáticos con los fascismos europeos, previos al levantamiento del 18 de julio.

Entre otros movimientos, existió una carta remitida a Benito Mussolini y firmada entre otros por Calvo Sotelo y el exministro monárquico Antonio Goicoechea para pedir fondos para una insurrección. Fue en junio de 1936, antes del asesinato de Calvo Sotelo, que tuvo lugar el 13 de julio y que se esgrimió como pretexto para el golpe.

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“La educación era mejor y más disciplinada”

Clase de gimnasia en una escuela franquista en 1957. Archivo

Clase de gimnasia en una escuela franquista en 1957. Archivo

El sistema educativo era retrógrado, ideologizado y clasista. La enseñanza estaba controlada por la Iglesia y el Estado, se censuraba el pensamiento crítico y el acceso a la universidad era limitado y desigual. La educación franquista también fue profundamente sexista y jerárquica. Las niñas recibían una instrucción doméstica centrada en las labores del hogar y el "amor a la familia”, mientras los varones eran formados en la disciplina militar y el patriotismo.

La Ley de Enseñanza Primaria de 1945 consagró el dogma católico como base de toda instrucción. La historia, la biología, la literatura y la educación cívica se utilizaban para inculcar obediencia, nacionalcatolicismo y culto al Caudillo.

Una carta al director de EL PERIÓDICO resumía, en 2018, la experiencia en la escuela franquista de muchos niños de la dictadura: "A mí y a los de mi generación se nos adoctrinó con una asignatura llamada FEN (Formación del Espíritu Nacional), impartida la mayoría de veces por funcionarios adictos al régimen, la mayoría falangistas, y antes de entrar en clase se nos obligaba a cantar el 'Cara al Sol'".

En cuanto a la disciplina, la autoridad casi militar del maestro dentro del aula hacía que la obediencia se implantara a través del miedo, que en no pocas ocasiones dejó secuelas a los alumnos.

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“No había división política: todos eran patriotas”

Exaltación franquista en favor de los socios del FC Barcelona caídos en la Guerra civil. Angle Editorial

Exaltación franquista en favor de los socios del FC Barcelona caídos en la Guerra civil. Angle Editorial

En una entrevista en 2007, el exministro del PP Jaime Mayor Oreja subrayó la "extraordinaria placidez" en la que en su opinión se vivía bajo el régimen franquista. En días de polarización política extrema como el actual, no es extraño que algunos añoren tiempos plácidos, donde toda la sociedad remaba en la misma dirección.

El problema es que no existieron. La “unidad nacional” se imponía por la fuerza: partidos, sindicatos y asociaciones libres estaban prohibidos. Cualquier disidencia era perseguida por la Ley de Represión del Comunismo y la Masonería. Esa norma, aprobada en 1940, exigía a quienes habían sido masones o comunistas firmar una "declaración de retractación" y creó un tribunal especial para juzgar delitos ideológicos. Se calcula de 50.000 personas fueron ejecutadas por motivos políticos en los años 40.

Pero la persecución de quienes no compartieran el ideario del régimen no cesó. El último fusilado por delitos supuestamente cometidos durante la Guerra Civil fue el dirigente comunista Julián Grimau, condenado por un tribunal militar en 1963. Solo un año después de esa ejecución el régimen lanzaba la campaña "25 años de paz", pero existen innumerables citas de Franco que muestran que, a pesar de la propaganda, nunca tuvo interés por la reconciliación.

Por ejemplo la frase que pronunció en diciembre de 1963, recogida por su primo Francisco Franco Salgado-Araujo: "Borrón y cuenta nueva no puede hacerse, ello sería una traición a los miles de españoles que se sacrificaron por una España mejor".

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“Franco creó muchos pantanos”

Inauguración de un pantano por parte del dictador Francisco Franco. Archivo

Inauguración de un pantano por parte del dictador Francisco Franco. Archivo

Existe un mantra que presenta a Franco como impulsor de las obras públicas, con especial incidencia en los pantanos. Pero para el historiador Martí Marín se trata de "una mentira como un campanario". Según él y otros muchos autores, lo que hizo el régimen fue más bien continuar la obra que se había iniciado ya con la monarquía de Alfonso XIII y, sobre todo, con el republicano Plan Nacional de Obras Hidráulicas, de 1933.

Más de la mitad de los cerca de 200 pantanos que se construyeron durante el franquismo estaban ya proyectados en esas etapas previas o eran ampliaciones de planes anteriores. En los 50 años que han pasado desde la muerte del dictador, además, la capacidad de los embalses se ha más que doblado en España, y ahora supera los 50.000 hectómetros cúbicos.

En consecuencia, tampoco la electrificación del país es, según Marín, mérito de Franco: "Empieza con la monarquía, sigue con la dictadura de Primo de Rivera y la República, y la interrumpe la guerra. Y luego va mucho más lenta".

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Un reportaje de EL PERIÓDICO

Textos: Daniel G. Sastre
Diseño e infografías: David Jiménez
Coordinación: Rafa Julve y Ricard Gràcia