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Metamorfosis urbanística

La ampliación del Parlament arranca con las obras de la nueva pasarela y pendiente de la reubicación del párking

La futura conexión entre el Zoo y la calle de Wellington afectará al espacio donde aparcan unos 200 vehículos de diputados y personal de la Cámara catalana los días de pleno

Así será la ampliación del Parlament: un nuevo edificio, una pasarela y hasta las caballerizas de la Guardia Urbana

Vista exterior de la entrada del Parlament de Catalunya.

Vista exterior de la entrada del Parlament de Catalunya. / Zowy Voeten / EPC

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Gisela Boada

Gisela Boada

Barcelona
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Hasta 8.000 metros cuadrados más de superficie y un nuevo edificio anexo ubicado en las actuales caballerizas de la Guardia Urbana, a unos 300 metros del Palau del Parlament. Estas son las líneas maestras de la futura ampliación de la Cámara catalana, acordadas el pasado marzo entre el Parlament, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat tras más de dos décadas de debates sin avances sustanciales.

El protocolo de colaboración firmado este año por las tres partes busca, por fin, desencallar un proyecto considerado "necesario" para adaptar la institución a nuevas necesidades funcionales y de espacio. En las últimas semanas, las obras ya se han hecho visibles junto al Parlament, en la zona que toca con el Zoo, donde avanza la futura pasarela que debe conectar este entorno con la calle de Wellington. Sin embargo, más allá del consenso institucional, la hoja de ruta abre numerosos interrogantes y el primero de ellos será saber qué va a pasar con el parque de coches de diputados y personal de la Cámara que hay en la entrada del edificio, para los que, según los documentos del proyecto, habrá que buscar una alternativa en los próximos meses.

Mapa del nuevo paseo que se realizará en el parque de la Ciutadella
Descripción del mapa del nuevo paseo que se realizará en el parque de la Ciutadella.

Uno de los pocos hitos temporales concretos de la ampliación lo dio el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en la presentación del convenio. El edil dijo que en 2027 debería estar terminada la gran pasarela que conectará la entrada del Zoo con la calle Wellington, eje del futuro hub científico del antiguo 'Mercat del Peix'. Este nuevo paseo servirá también para articular la conexión entre el actual Parlament y su edificio anexo, en las caballerizas. Pero esta intervención urbanística comporta la desaparición del aparcamiento en las inmediaciones del Palau. Según los planes que maneja el consistorio, los vehículos que actualmente ocupan este espacio deberán reubicarse antes de que finalicen las obras del paseo.

Una opción de solución final

El protocolo contempla, como opción, la construcción de un aparcamiento subterráneo en el nuevo edificio anexo, que sumaría, según fuentes conocedoras, unos 2.000 metros cuadrados más. Sin embargo, esta solución no llegaría a tiempo para cubrir las necesidades a corto plazo de este nuevo paseo. Mientras tanto, el Parlament se compromete en el mismo documento sellado a "impulsar un plan de movilidad que reduzca la presencia de vehículos privados en el parque de la Ciutadella y fomente el uso del transporte público", una declaración de intenciones que ya Josep Rull alumbró cuando presentó el plan de acción climático del Parlament en 2024, pero que todavía no se ha traducido en acciones concretas.

La incógnita es cómo se gestionará la transición. En los alrededores del Parlament se concentran actualmente unos 200 vehículos, entre diputados y personal. Desde la Cámara catalana admiten que aún no se ha definido una alternativa, pese a que el calendario obliga, como mínimo, a plantear una solución provisional antes de 2027. No es un debate nuevo. Ya en el primer intento de ampliación, en 2006, se planteó la construcción de un aparcamiento subterráneo que acabó descartándose con la paralización del proyecto tras la crisis financiera.

Más allá de esta cuestión, que es la más inmediata, hay otras incógnitas por resolver:

Dos décadas despueses de plantear la necesidad de ampliar el Parlament todavía no hay una fecha clara para su inauguración. El acuerdo dibuja un horizonte de entre seis y ocho años, pero sin concretar plazos. El protocolo tiene una vigencia inicial de cuatro años -prorrogable a otros cuatro-, aunque evita fijar planificación temporal clara para la ejecución de las obras. Fuentes conocedoras del proyecto admiten que será difícil concretar un calendario hasta que no se liciten la redacción de los trabajos, el primer paso formal que deberá liderar el Parlament con la supervisión municipal. No será hasta entonces cuando pueda elaborarse una planificación detallada.

Además, el calendario de la ampliación está condicionado por otra gran actuación en marcha: la transformación del parque de la Ciutadella. El Ayuntamiento prevé culminar este proyecto -que aspira a convertir el entorno en un polo de ciencia e innovación bajo el paraguas de la 'Ciutadella del Coneixement'- en un plazo similar. En la práctica, ambas operaciones avanzan entrelazadas, lo que añade incertidumbre a los tiempos.

Otra de las dudas es cómo se articulará internamente la ampliación. Durante la presentación del convenio, Rull defendió la necesidad de ganar capacidad para dar respuesta a las nuevas demandas surgidas en las últimas dos décadas, pero evitó concretar qué dependencias se trasladarán al futuro edificio anexo. Lo único que sí dejó claro es que el hemiciclo -donde se celebran los plenos- permanecerá en el edificio actual, tanto por su "carga simbólica" como por la voluntad de dar continuidad al primer Parlament moderno constituido en 1932 en ese mismo espacio.

Más allá de esta premisa, el reparto de usos sigue en el aire. Fuentes parlamentarias señalan que no se tomará ninguna decisión hasta que no se haya adjudicado la redacción del proyecto arquitectónico, el primer paso previsto en la hoja de ruta. Será entonces cuando se pueda concretar cómo se reorganizarán los servicios y qué áreas se trasladarán al nuevo edificio.

Sí se mantiene, en cambio, la voluntad de transformar el edificio histórico para hacerlo más abierto a la ciudadanía. La idea es habilitar espacios accesibles con paneles expositivos e interactivos que permitan conocer la actividad parlamentaria, en una línea similar a la de otras instituciones europeas como el Parlamento Europeo o las cámaras de Flandes y Baden-Wurtemberg. En esta dirección, los presupuestos del Parlament para 2026 -que finalmente no han entrado en vigor por la falta de cuentas de la Generalitat, aunque podían ejecutarse vía remanentes- ya contemplaban una partida de 150.000 euros para reformar la planta baja del edificio actual, pero todavía no se ha traducido en acciones concretas.

Otro de los interrogantes clave es el encaje urbanístico del proyecto. La ampliación del Parlament no podrá ejecutarse sin antes modificar el planeamiento metropolitano vigente, un trámite necesario para adaptar los usos del espacio y otorgar al complejo la calificación adecuada dentro de un entorno especialmente protegido como el parque de la Ciutadella.

Según recoge el protocolo, las administraciones deberán impulsar esta modificación para reconocer la "singularidad patrimonial del edificio" y ajustar su relación con "los espacios adyacentes". Se trata de un proceso técnico y administrativo complejo, que incluye informes, exposición pública y la posibilidad de alegaciones, lo que podría alargar los plazos y obligar a introducir cambios en el diseño inicial, según fuentes conocedoras.

A estas incógnitas se suman otras cuestiones aún sin concretar, como el presupuesto definitivo. Tampoco está resuelto el traslado de las actuales caballerizas de la Guardia Urbana, que deberán reubicarse para liberar el espacio y que, de momento, solo se sabe que pasará a estar ubicado en la zona de Collserola.

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