20 aniversario de la norma
Los 'padres' del Estatut ven margen para desarrollarlo pese al "destrozo" del TC
José Montilla, Joan Ridao y Jaume Bosch reflexionan sobre las aportaciones y la vigencia del texto
El Govern de Illa aparca la "anomalía" del Estatut y se centra en exprimir el autogobierno

José Montilla, Joan Ridao y Jaume Bosch. / EL PERIÓDICO
"A partir de hoy, podemos afirmar que tenemos una nueva Constitución en Catalunya". Así celebró Pasqual Maragall la entrada en vigor del Estatut el 9 de agosto de 2006 desde Sant Jaume de Frontanyà, el municipio más pequeño de Catalunya. Sus palabras levantaron ampollas entre los detractores de la norma, empezando por el PP, pero el entonces president de la Generalitat trataba de ensalzar el margen de maniobra que suponía en materia de autogobierno un texto que había sido refrendado un mes y medio antes. Cuatro años después, llegaría el recorte del Tribunal Constitucional, con una sentencia que declaró nulos 14 artículos e interpretó otros 27.
El expresident de la Generalitat José Montilla, y los ponentes del Estatut Joan Ridao (ERC) y Jaume Bosch (ICV) analizan qué ha aportado la norma en estos 20 años, qué se podría haber desarrollado más y cómo debe afrontarse el hecho de que Catalunya sea la única autonomía en la que está en vigor un marco legal estatutario que no es el que votaron sus ciudadanos.

Pasqual Maragall, Josep-Lluís Carod-Rovira y Joan Saura en el Parlament, el día en que se aprobó el Estatut en 2005 / JULIO CARBÓ
El primer asunto a tratar es si, pese a la sentencia del TC, el Estatut ha sido una herramienta determinante para el blindaje del autogobierno de Catalunya. "Es substancialmente mejor que el de Sau, que con el paso del tiempo tenía lagunas", defiende Montilla, que enumera algunos de los avances más importantes que se han producido: desde el despliegue de los Mossos como policía integral hasta la creación de la Agència Tributària de Catalunya o de organismos como el Consell de Garanties Estatutàries. "Pese a que fue recortado, sería injusto no reconocer que ha aportado mejoras sustanciales", considera Bosch, que añade que el sistema de financiación vigente, aunque caducado, fue posible gracias al nuevo marco estatutario.
Pese a que fue recortado, sería injusto no reconocer que el Estatut ha aportado mejoras sustanciales
Ridao, actual letrado del Parlament y profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de Barcelona (UB), cita como uno de los principales avances "todo lo que tiene que ver con el funcionamiento de las instituciones de la Generalitat", un salto "potente" respecto al de Sau. Sin embargo, advierte de que el "destrozo" que ocasionó el Tribunal Constitucional (TC) al texto fue mayúsculo, por ejemplo, en la capacidad de Catalunya para tener competencias exclusivas. "Hoy el Estado puede entrar en el corazón de la competencia autonómica", lamenta. Su tesis es, en definitiva, que la búsqueda de un mayor federalismo acabó desembocando en una "recentralización muy bestia".
Montilla reivindica que en la legislatura en la que fue president, entre 2006 y 2010, se produjo un "gran despliegue" de leyes en materia de derechos civiles, socioeconómicos o de servicios sociales, un ritmo que se vio truncado con la sentencia del Tribunal Constitucional. "La acatamos, pero eso no quiere decir que la compartamos o que renunciemos a nada", sostiene el expresident. Pero también llegaron las consecuencias de la crisis de 2008 y las elecciones de 2010, que llevaron a Artur Mas a la presidencia. A partir de entonces, subraya, se frenaron los traspasos de competencias y durante 12 años no se produjo ninguno porque dejaron de reunirse las comisiones bilaterales y se puso el foco en el 'procés' como si el Estatut fuera una pantalla superada. "Se hizo evidente que el TC no aceptaba esta apuesta federalizante", considera Bosch, que señala también que ha faltado "voluntad política" para desarrollar algunos aspectos que sí sobrevivieron a la sentencia. Cita como ejemplo el traspaso de Salvament Marítim o la gestión de los paradores nacionales.
Se hizo evidente que el TC no aceptaba esta apuesta federalizante
Ridao prepara para otoño, precisamente, un libro sobre los 20 años de la sentencia del TC en el que dedica una parte muy amplia a proponer qué se podría hacer para desarrollar el texto y "ensanchar el autogobierno". Los ámbitos son variados. Cita, por ejemplo, que hay margen para desplegar cambios en la organización territorial -las veguerías siguen sin implementarse-, en el gobierno local y en materia de símbolos. También lo hay para el impulso de una nueva ley electoral y la mejora de la iniciativa legislativa popular. Otro caso es el Consell de Justícia de Catalunya, concebido para dar más poder decisorio a la Generalitat en el ámbito judicial.

José Montilla, Pasqual Maragall, Jordi Pujol y Ernest Benach, al frente de la manifestación contra la sentencia del Estatut en 2010 / DANNY CAMINAL
Montilla reconoce que tener un Estatut recortado por el TC es una "anomalía", aunque considera que hay que "aprovechar" el texto vigente para reforzar el autogobierno. No se trata, asegura, de "renunciar" a aquellos artículos que el tribunal tumbó, como el reconocimiento de Catalunya como nación o el catalán como lengua preferente. Pero sí, advierte, de ser conscientes de que no existen en estos momentos los consensos necesarios para intentar recuperarlos. "Hoy sería difícil un pacto para tener el Estatut que ahora tenemos", advierte, y pone como ejemplo las dificultades que hay para que Junts apoye la reforma de la financiación. En todo caso, aboga por que primero sean los distintos partidos catalanes los que trabajen para acordar cómo rescatar aspectos de la norma que podrían reforzar el autogobierno.
Hoy el Estado puede entrar en el corazón de la competencia autonómica
Aunque admite que el contexto no es el más propicio, Bosch sí que cree que debería aprovecharse la actual aritmética, si es que se mantiene en la próxima legislatura, para impulsar una ley orgánica en el Congreso que declare la plurinacionalidad del Estado y reconozca que Catalunya es una nación. Ridao, en cambio, descarta cualquier operación de este tipo por falta de "consenso". "Nadie está políticamente por hacer esto", concluye. Además, cree que Catalunya ha entrado en "la dinámica de los vascos": intentar negociar bilateralmente "soluciones particulares".

Zapatero con Artur Mas y Josep Antoni Duran i Lleida el 23 de enero de 2006, tras reunirse para pactar el Estatut / AGUSTÍN CATALÁN
En todo el periplo del Estatut, hay un episodio controvertido que aparece de forma recurrente en el imaginario colectivo: la reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas. Bosch recuerda la repercusión que tuvo aquella cita "secreta" que hizo añicos la promesa del presidente de que apoyaría el Estatut que fuera aprobado por el Parlament. "Esto nos descolocó mucho y provocó que ERC lo viviera como una traición", asegura el exdiputado, que acusa a Mas de haber actuado de forma partidista. El mismo reproche lanza Ridao: "El acuerdo Mas-Zapatero del 21 de enero laminó sustantivamente el texto". "Teníamos que contar con CiU. La reunión se sabía que se haría, el mismo Pasqual Maragall pidió a Zapatero que hablara con Mas", replica Montilla, aunque admite que su antecesor se "enfadó por el resultado" de ese encuentro. Para el expresident, la mayor dificultad fue que PSC, ERC, ICV y CiU se pusieran de acuerdo en el Parlament para consensuar el nuevo marco estatutario.
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