Los entresijos de la encuesta del GESOP
¿De dónde saldrían los 867.000 votos de Aliança Catalana? Ocho de cada 10 nuevos apoyos no provienen de Junts
La encuesta de EL PERIÓDICO sobre las elecciones en Catalunya, al completo: tablas, cruces y microdatos

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Si cogemos la calculadora y hacemos números con los trasvases de voto, la encuesta del GESOP que EL PERIÓDICO ha publicado esta semana pronosticaba que Aliança Catalana podría cosechar más de 867.000 votos en unas elecciones autonómicas. De esa cantidad, poco más de 112.000 serían votantes que ya eligieron esa papeleta hace dos años, y casi 167.000 serían le llegarían desde Junts, que representaría el 22% de sus nuevos votantes. El resto, un 78%, serían apoyos que el partido de la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, conseguiría captar a lo largo y ancho del espectro político catalán. A derecha, sí, pero también a izquierda. A independentistas, sí, pero no solamente. Y es que, por ahora, la marca ultra absorbe todo el 'voto protesta' contra los partidos tradicionales, a quienes los catalanes culpan principalmente del ascenso de la extrema derecha.
El sondeo permite trazar un perfil del votante potencial de Aliança que sería socialmente más transversal y políticamente más heterogéneo de lo que podría pensarse. A grandes rasgos, estaríamos hablando de un votante laboralmente activo, de entre 30 y 59 años, nacido en el interior de Catalunya, con estudios medios o superiores, residente sobre todo en municipios pequeños y situado entre el centro y la derecha. Se trata de un elector profundamente pesimista con la situación del país, muy crítico con el Govern de Salvador Illa y con predominio de la identidad catalana, pero en muchos casos compatible con la española.
Analicemos más detalladamente cada una de estas variables.
La principal fractura se produce por edad. Aliança Catalana obtiene entre un 16% y un 18% de intención directa de voto (el voto sin 'cocina') en todos los grupos menores de 60 años, pero cae al 6,6% entre los mayores de 60. De hecho, lidera el voto directo en la franja más joven (de 18 a 29 años) y es la segunda opción de los 30 a los 59 años. Eso significa que el 82% de sus potenciales votantes tienen menos de 60 años, frente al 64% del conjunto de la muestra (800 entrevistas). Más que un partido solo juvenil, parece un partido de edades laborales. La ocupación reproduce esta diferencia: el 80,6% de su electorado trabaja actualmente, mientras que los jubilados representan solo el 13,9%. La intención de voto alcanza el 17,1% entre las personas ocupadas y se queda en el 6,7% entre los pensionistas.
El 93,4% de los votantes de Orriols tienen estudios medios o superiores. Aliança obtiene un 17,1% de intención de voto entre quienes tienen formación profesional, un 14,9% entre quienes tienen máster o doctorado, un 13,2% entre graduados y licenciados, y solo un 6,5% entre quienes terminaron únicamente los estudios obligatorios. Esto no significa necesariamente que sea un electorado de renta elevada, aunque la encuesta no desglosa por ingresos.
Existe mayor inclinación a votar a Aliança entre los hombres, pero no se da una brecha extraordinaria: el 55,4% de su electorado son hombres y el 44,6%, mujeres. La intención de voto es del 15,1% entre los hombres y del 11,3% entre las mujeres. No se trata, pues, de un voto exclusivamente masculino.
Uno de los datos más llamativos de la encuesta es el de Lleida, donde la intención directa de voto a Aliança Catalana alcanza el 35,1%, un tercio de los votos de la provincia. Hay que tratar con cautela esta cifra por el inferior peso de Lleida en la muestra del sondeo, pero el dato confirma la tendencia que ya reflejaban, por ejemplo, los últimos barómetros del CEO: que Lleida será, junto con Girona, el gran campo de batalla entre Aliança y Junts. Ahora mismo, Lleida aporta el 14,6% de los votantes potenciales de Orriols, aunque, por su volumen demográfico, dos de cada tres apoyos residen en la provincia de Barcelona. En Girona, los ultras están empatados en segunda posición con el PSC (con ERC por delante) y en Tarragona son también segundos (a dos puntos del PSC), mientras que en Barcelona ya son terceros en voto directo.
Con Ripoll como punta de lanza de su proyecto, Orriols obtiene el 18,2% de voto directo en municipios de hasta 10.000 habitantes, un porcentaje que baja a alrededor del 12% en las localidades más grandes. Una cuarta parte de sus potenciales votantes viven en poblaciones pequeñas, pero no se puede considerar un partido exclusivamente rural porque, por ejemplo, es la segunda fuerza con más intención de voto en las ciudades de más de 500.000 habitantes, es decir, en Barcelona.
El electorado de Aliança está claramente escorado hacia la derecha: el 49% se define de centroderecha o derecha. Si se añade el centro, el porcentaje alcanza el 75,8%. Pero solo el 22,4% de sus votantes se identifican directamente como de derechas. Otro 26,8% se ubica en el centro y cerca de un 18% se define de izquierda o centroizquierda, lo que permite a Orriols pescar ese 'voto protesta' en espacios ideológicos más amplios que los de la derecha tradicional.
El 51,6% del electorado de Aliança se siente únicamente catalán o más catalán que español, pero el grupo individual más numeroso (41,9%) se siente tan catalán como español. Más obvio resulta que este porcentaje se hunda hasta el 2% entre quienes se sienten solo españoles. Esta es la principal diferencia entre el votante de Aliança y el de Vox, que, no obstante, comparten una parte significativa de electores potenciales.
El mayor contingente de voto procede de Junts, pero los trasvases le llegan de todos los partidos: Junts (24,5%), Vox (13%), PSC (9,2%), ERC (7,9%), PP (7,7%), CUP (3,3%) y Comuns (2,1%). A todo eso que hay que sumar que Aliança también es la primera opción entre quienes en 2024 se abstuvieron (14,9%), votaron en blanco (17,6%) y votaron nulo (10,6%), y que mantiene una fidelidad de voto del 94%, insólita en una encuesta. Todo ello indica que el malestar que alimenta a Orriols no está limitado al espacio tradicional de la derecha. Traducido en cifras, Aliança arrebataría unos 167.000 votos a Junts, más de 81.000 al PSC y más de 32.000 a ERC y a Vox, aparte de atraer a más de 383.000 abstencionistas.
En la valoración de líderes no hay tanta transversalidad, pues Orriols despierta simpatías solo en la derecha. Es conocida por prácticamente todo su electorado (98,9%) y obtiene una nota media de 8,9, la valoración más alta de todos los líderes entre sus propios votantes. También la aprueban, por la mínima, los simpatizantes de Vox y Junts, y quienes se abstuvieron o votaron en blanco en 2024. Por su parte, los electores de Aliança suspenden a todos sus rivales, pero solo uno alcanza el 4: Carles Puigdemont.
El pesimismo es uno de los elementos más distintivos del votante de Aliança. Tres de cada cuatro creen que la situación de Catalunya evolucionará negativamente durante los próximos dos años. También existe un fuerte componente de voto contra el Govern: el 63% califica su actuación de mala o muy mala, el doble que el conjunto de la población. En cambio, como parece lógico, solo el 20,4% se muestra preocupado por el crecimiento de los partidos de extrema derecha. ¿Y por qué se pasan a Aliança? Pues igual de obvio resulta que atribuyan este ascenso a la inseguridad, la inmigración, el coste de la vida, la pérdida de la identidad nacional y la desconfianza hacia los partidos tradicionales. Mientras el 77,1% de los catalanes culpan también a las redes sociales y los bulos, el porcentaje cae al 55,7% entre el electorado de Orriols.
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