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SUMAR

El salto de Yolanda Díaz a la OIT, su sexta salida política tras el campo de minas que quedó en IU, las mareas o Sumar

La dirigente marca un mismo patrón en su paso por Esquerra Unida, Altenariva Galega, las Mareas, Unidas Podemos o Sumar

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, el pasado martes.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, el pasado martes. / Jaime Luján Alarcón / Europa Press

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Ana Cabanillas

Ana Cabanillas

Madrid
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La trayectoria política de Yolanda Díaz puede leerse como una sucesión de proyectos a los que aterrizó en un momento de auge y que después abandonó sumidos en profundas crisis para, de nuevo, dar el salto a nuevos espacios. El último salto, el sexto, es su plan de lanzamiento como candidata a dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tras llegar a un acuerdo con Pedro Sánchez.

Díaz da este paso después de abandonar el liderazgo del espacio que fundó, hoy hundido en las encuestas. Durante todas sus etapas se aprecia una constante: su capacidad para tejer alianzas en una coyuntura concreta y las dificultades posteriores para mantener estos apoyos.

La dirigente lleva más de dos décadas en política, y ha ido enlazando cargos de uno a otro: concejal por IU en Ferrol (2003-2012), diputada por AGE en el Parlamento gallego (2012-2016), diputada en el Congreso de los Diputados por En Marea (2016-2019), ministra de Trabajo y vicepresidenta por Podemos (2019-2023) y después por Sumar (desde 2023).

Una carrera marcada por la política de tierra quemada que ha ido quedando a su paso. Una vez agotada su trayectoria en la arena nacional, tras anunciar su retirada en las próximas generales, Díaz se lanza al plano internacional. La próxima meta, ser la directora general de la OIT, el organismo laboral de la ONU.

Inicios: concejal de IU en Ferrol

El inicio político de Díaz hay que situarlo en el Ayuntamiento de Ferrol, donde fue elegida concejal en 2003 para ser en 2005 la coordinadora nacional de Esquerda Unida. Mantuvo su cargo municipal en 2005, cuando fue candidata de EU y se enfrentó por primera vez a Manuel Fraga en las elecciones autonómicas.

No logró escaño entonces y tampoco en 2009, cuando volvió a intentarlo. El partido quedó de nuevo sin representación. Hasta entonces Díaz no había salido de los márgenes de su formación. Poco antes, en 2008 entró en la ejecutiva nacional de Izquierda Unida tras apoyar la candidatura de Cayo Lara.

Segunda etapa, AGE: diputada gallega

Poco después, con el clima aún agitado por las movilizaciones del 15M de 2011, Díaz condujo a Esquerra Unida a integrarse en Alternativa Galega de Esquerda (AGE), y pasó a codirigir -junto al galleguista Xose Manuel Beiras- el que sería su segundo proyecto político tras IU: una coalición de izquierdas de Esquerra Unida con Anova -partido de Beirás, y Equo.

En las elecciones gallegas de 2012, Díaz hizo campaña por la candidatura de Beirás, y AGE consiguió 9 diputados, llegando a ser tercera fuerza del Parlamento gallego. Pero aquella alianza no llegó a consolidarse. Díaz logró un escaño, que mantuvo hasta su siguiente salto político. Las tensiones entre Beiras, que optaba por ser una fuerza más galleguista y Díaz, que aspiraba a tejer alianzas a nivel nacional, llevaron al deterioro de la alianza.

El resultado fue que AGE acabó diluyéndose y sus componentes siguieron caminos distintos. Y una vez disuelta aquella experiencia piloto, Yolanda Díaz dio el salto en 2016 a la política estatal con En Marea, su tercer proyecto político en poco más de una década.

Tercera parada: al Congreso con en Marea

Lo hizo de la mano de Pablo Iglesias, que en 2012 había acudido como asesor de comunicación de IU a la campaña gallega para asistir a Díaz. En esas semanas forjaron cierta amistad. AGE había sido una coalición piloto que más tarde inspiró al líder de Podemos a la hora de diseñar su partido.

Aunque la coalición gallega no había fraguado, el impulso del 15M sí llegó con fuerza a la política municipal, con la oleada de ayuntamientos del cambio que salieron de las municipales de 2015. Marea Atlántica (A Coruña), Compostela Aberta (Santiago) o Ferrol en Común fueron proyectos nacidos al albur de la indignación social que dieron la campanada en las alcaldías, en paralelo al lanzamiento de Podemos a nivel estatal.

Por entonces, Díaz se presentó ante Iglesias como el perfil idóneo para llevar esos movimientos gallegos al Congreso de los Diputados. La dirigente aterrizó así en las listas para las generales de 2015 de la mano de En Marea, una coalición formada por Esquerra Unida, Anova y Podemos para la cita electoral. El acuerdo se selló en noviembre de ese año, pese a la posición en contra de gran parte de la militancia de Esquerda Unida. Díaz concurrió a las generales como número dos de A Coruña, resultando elegida. Desde entonces ha mantenido escaño en el Congreso.

Una vez asentada en la arena nacional, Díaz dejó de ser coordinadora de Esquerra Unida en verano de 2017. El trampolín gallego por el que había llegado al Congreso pasó a ser secundario mientras ganó fuerza en la política estatal, de la mano de Podemos.

En Marea también desapareció por los mismos motivos que AGE, por las tensiones entre el sector más autonomista representado por Anova, que quería mantener la autonomía respecto a proyectos nacionales, y los sectores más cercanos a Podemos, donde se encontraba Yolanda Díaz.

Beiras, quien fuera tándem político de la gallega, criticó duramente la deriva de la dirigente. "Yolanda Díaz utilizó En Marea para hacer su carrera en Madrid", ha sido una de las críticas recurrentes del nacionalista gallego en los últimos años.

Cuarto salto: al Gobierno con Podemos

Tras saltar al Congreso de la mano de Iglesias, comenzó su cuarto salto político. Díaz se mantuvo fiel al líder de Podemos. Cuando los morados vivieron una guerra intestina y la ruptura con Iñigo Errejón en Vistalegre 2, en 2017, la ahora vicepresidenta siempre se mantuvo junto a Iglesias.

La gallega renunció a su militancia en Izquierda Unida y sólo mantuvo el carnet del Partido Comunista de España, mientras crecía su sintonía con el partido morado. Esta lealtad demostrada por Díaz le valió no sólo estar en las listas de las generales de 2019, sino que le llevó a ser propuesta por Iglesias como ministra de Trabajo en el primer Gobierno de coalición con Pedro Sánchez, donde Unidas Podemos era el socio minoritario del Gobierno.

La salida de Pablo Iglesias del Gobierno en 2020 y la designación de Díaz como sucesora del liderazgo condujo después a una ruptura del espacio político. Una vez tomadas las riendas, la ya vicepresidenta segunda del Gobierno dio muestras de no atender el mandato para el que había sido designada, y comenzó una carrera propia que buscó detrás atrás el lastre de Podemos.

Sumar, quinto salto

Lo que empezó como una guerra fría con Podemos terminó por convertirse en una guerra abierta a partir de noviembre de 2021, cuando Díaz escenificó su proyecto de alianzas en un acto en Valencia con Ada Colau, Mónica Oltra y Mónica García, al que Podemos no fue invitado, tal como reveló en su día este medio. Era su quinto salto político hacia el germen de Sumar.

Al albur de las generales de 2023 y en plena ola de popularidad en la izquierda, Díaz lanzó oficialmente Sumar, un proyecto ideado como una plataforma de partidos que se registró también como una formación política para presentarse a los comicios.

Las negociaciones para las listas fueron especialmente duras con Podemos, tras la decisión de orillar a la exministra de Igualdad Irene Montero, extremadamente desgastada por el escándalo de la ley del sí es sí, que rebajó la pena a miles de agresores sexuales condenados. Después de hacer unas listas a medida, la fractura política se hizo evidente con el partido morado, que abandonó el grupo parlamentario de Sumar poco después de conformarse el Congreso para pasar al Grupo Mixto.

En marzo de 2024, Díaz fue elegida como líder de Movimiento Sumar, el partido que ella misma había fundado. El plan era integrar al resto de partidos aliados -IU, Más Madrid, Comuns o Equo- dentro del organigrama. Pero las decisiones personalistas de la gallega en la carrera hacia las elecciones europeas, con la elección unilateral de la candidata y el polémico diseño de las listas, dinamitó la relación con el resto de fuerzas, que rechazaron integrarse en Movimiento Sumar.

Fin de Sumar y OIT

El fiasco de las europeas en junio de 2024 llevó a Yolanda Díaz a dimitir del partido que le había elegido sólo unos meses antes. El objetivo era mantener su liderazgo en el Gobierno y preservar su figura de Gobierno para poder repetir como candidata. Sin embargo, la sucesión de escándalos, con la dimisión de Iñigo Errejón acusado de acoso sexual, sucesivas crisis internas, o el pulso abierto con otros actores de la coalición como IU, que le pedía un paso a un lado para las próximas generales, terminó llevando a su renuncia a seguir liderando el espacio.

Esta decisión le llevó desentenderse del todo del partido que ella misma había fundado, Movimiento Sumar, que estaba sumido en una profunda crisis con denuncias cruzadas y cascada de dimisiones, que culminó con el portazo de la excoordinadora Lara Hernández, que había llegado al puesto impulsada por la propia Díaz. La gallega se desentendió también del liderazgo moral que ocupaba en el espacio. Esos días no atendió las llamadas de los suyos, en un momento de desconcierto y la crisis total.

Una vez acabada su perspectiva de continuar en la política nacional y desembarazándose de cualquier lastre, Díaz se centró rápidamente en su siguiente salto, su sexto proyecto político: la dirección general de la OIT. Semanas antes de anunciar su renuncia al liderazgo, Díaz ya había iniciado una serie de viajes oficiales, en calidad de miembro del Gobierno de España, orientados a sondear apoyos internacionales.

Críticas por la OIT

Desde enero, la dirigente ha mantenido decenas de reuniones con miembros de ejecutivos extranjeros en su búsqueda de apoyos clave en la votación, que será en noviembre. Una renuncia a su liderazgo dentro del Gobierno que ha dejado a Sumar en serios apuros frente al PSOE: completamente desdibujado y sin capacidad de marcar posición en una de las mayores crisis por los numerosos casos de corrupción.

La falta de críticas y la ausencia de exigencia de responsabilidades al PSOE, coincidiendo con su acuerdo con Sánchez para lanzar su candidatura internacional, ha despertado suspicacias a uno y otro lado del arco parlamentario. Desde PP hasta Podemos han criticado que el nuevo puesto, remunerado en 480.000 euros anuales -entre sueldo y dietas-, es un "premio por los servicios prestados" o un "pago por el silencio".

En caso de resultar elegida en la votación de noviembre, Díaz podría quedar como miembro del Gobierno, puesto que la toma de posesión es en octubre de 2027, una vez pasadas las generales, de manera que la dirigente podría agotar la legislatura como vicepresidenta segunda del Gobierno. De esta forma volvería a encadenar, como hizo en las cinco anteriores ocasiones, fiascos pasados con nuevos proyectos. Y todo ello, en una perfecta sincronía temporal.

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