Nuevo curso político
Todos los retos que deberá afrontar Puigdemont si regresa: del pulso con Aliança Catalana a los pactos en Madrid
La relación entre Junts y el PSOE: nueve meses de negociación indirecta con la vista puesta en el regreso de Puigdemont

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo. / Glòria Sánchez - Europa Press

No será inmediato (ni fácil), pero el espaldarazo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) a la ley de amnistía ha inoculado una dosis de optimismo en Junts, que ahora ve más cerca el regreso de su líder, Carles Puigdemont. Nadie se atreve a dar ningún calendario por bueno, pero el fallo de la justicia europea fue más positivo de lo esperado inicialmente por los posconvergentes. Esto ha permitido calmar un poco los ánimos de la formación, alterados las últimas semanas por los malos resultados de las encuestas y por episodios como las primarias de Barcelona. También ha reactivado a Puigdemont. La agenda pública del expresident sigue vacía, no comparece desde enero, pero en la última semana ha aumentado la frecuencia de sus intervenciones por redes, y también ha subido el tono.
Sin embargo, si finalmente consigue volver durante el próximo curso político, Puigdemont se encontrará con varias carpetas sobre la mesa.
El partido vive desde hace dos años en 'stand-by', esperando el regreso de su líder. Ni Albert Batet primero, ni Mònica Sales después, han querido ostentar el puesto de jefe de la oposición en el Parlament. Y, de momento, no está claro qué querrá hacer Puigdemont con esta posición, aunque será la carpeta más urgente que tendrá sobre la mesa. Si bien es cierto que durante la campaña electoral de 2024 dijo que si no era president de la Generalitat dejaría el escaño en el Parlament, la imposibilidad de regresar hizo que decidiera mantenerse como diputado. Su silla, igual que la del exconseller Lluís Puig, sigue vacía y luciendo un lazo amarillo a cada pleno.
Volver al Parlament le daría un altavoz mayor para confrontar con Salvador Illa, ya que sería él quien intervendría en las sesiones de control al president, y también le permitiría rebatir a la líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols. "Tiene que volver de una vez y sentarse en su escaño", defiende uno de sus afines. Pero, por contra, el día a día parlamentario también podría desgastarle.
Ocupe o no su puesto en la Cámara catalana, Puigdemont deberá decidir cómo actuar frente a Orriols. El gran dilema es si se opta por ignorarla o por plantarle cara. Dentro de la formación han ido ganando peso los partidarios de un choque mucho más medido apelando al decoro parlamentario y cuidando mucho no lanzar mensajes a los que pueda aferrarse la extrema derecha en forma de victimismo. Esta es, por ejemplo, la tónica empleada por Josep Rull cuando ordena el debate parlamentario como president. La filosofía es ignorarla y entrar en el cuerpo a cuerpo solo con el PSC, aunque también hay quien apuesta por plantarle cara: "No son de los nuestros, son todo lo contrario. Tenemos que hacerle oposición".
Según el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), si hoy se celebrasen elecciones en el Parlament, los posconvergentes serían cuarta fuerza -por detrás de PSC, ERC y Aliança Catalana- y pasarían de 35 diputados a tener solo entre 16 y 18 escaños. La formación de extrema derecha llegaría a entre 23 y 25 parlamentarios (ahora tiene 2), a costa de dejar a Junts con la mitad de su representación.
Si el auge de Aliança que pronostican las encuestas se convierte (o no) en una realidad se verá en mayo de 2027. Las elecciones municipales serán la primera prueba de fuego para la formación de Sílvia Orriols, y también para Junts. Esto explica la inquietud de algunos de los líderes locales de los posconvergentes. Una parte de ellos considera que para intentar remontar en las encuestas se debe pasar página de 2017 y recuperar el perfil político que marcó la antigua Convergència.
Después de años de tabú y de renuncia a la herencia del 'pujolismo', aquellos que lo denostaron están restituyendo el legado del expresident. Este sábado se cumplen 12 años de la confesión. Otros consideran que lo que necesita el partido es que regrese su líder y atribuyen los malos datos de las encuestas a que Junts "no juega en igualdad de condiciones" al no poder contar con su presencia.
El debate se hizo evidente durante el proceso de elección del candidato en Barcelona. La votación se interpretó como una batalla entre el ala más convergente de la formación y la generación que entró en política de la mano del expresident después de 2017, y acabó con el primer toque de atención a Puigdemont desde que creó el partido en 2020. De cara a las próximas elecciones catalanas, previstas para 2028, la discusión podría volver a aflorar.
Puigdemont deberá decidir si quiere volver a liderar la candidatura o no. Antes de tomar ninguna decisión, el expresident quiere hacer una gira por toda Catalunya para recuperar el pulso del territorio. Si renuncia, la batalla interna para el puesto será más cruda.
Finalmente, también deberá decidir qué papel quiere tener en el Congreso. Junts rompió con los socialistas en octubre de 2025 tras considerar que el Gobierno no había cumplido con los compromisos adoptados con su partido para la investidura de Pedro Sánchez. El PSOE aún confía en que la relación con los posconvergentes pueda cambiar si finalmente se materializa la amnistía para el líder de la formación. No obstante, las elecciones generales deben celebrarse como tarde en septiembre de 2027, y la aritmética posterior puede ser muy diferente a la actual.
Durante los últimos tres años, a pesar de pactar con Sánchez, Junts ha votado varias cuestiones sectoriales junto a PP y Vox. Si los escaños de Junts siguen siendo determinantes después de volver a pasar por las urnas, Puigdemont deberá decidir a quién da sus votos y a cambio de qué.
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