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ACUERDO

Pedro Sánchez entierra la Verja a los pies del Peñón: "Las fronteras son cicatrices de la historia; hoy cerramos una herida abierta"

El presidente reivindica ante el Peñón, pero sin pisar su suelo, el acuerdo que elimina los controles ordinarios en la frontera terrestre y promete una nueva etapa de convivencia, movilidad y prosperidad para los más de 300.000 vecinos del Campo de Gibraltar

Sánchez: el fin de la Verja con Gibraltar abre una nueva era y cierra una herida

EFE

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Patricia Godino

La Línea de la Concepción
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"Hoy miramos las columnas de Hércules como las puertas de un nuevo horizonte". El discurso de Pedro Sánchez a los pies del Peñón de Gibraltar ha tenido el eco de las grandes citas. Lo ha pronunciado en la primera mañana sin controles en la frontera con Gibraltar, en las primeras horas de la nueva etapa que se inauguró, con aire festivo y previa goleadora, la noche anterior con la ceremonia protagonizada por Fabián Picardo y Juan Franco. Este miércoles ha tocado el turno de la visita del presidente del Gobierno en la que ha sido la escenificación del papel que ha tenido el Ejecutivo central en la consecución de este histórico acuerdo entre Reino Unido y la Unión Europea sobre la colonia británica.

Un acto de una enorme carga simbólica a los pies del Monte Calpe pero que, sobre el terreno, se ha desarrollado en suelo español. No ha hablado en ningún momento de soberanía, pero ha rodeado la idea: "Es un acuerdo justo que protege nuestros intereses". El diseño de la secuencia y el protocolo de este acto se ha trabajado al milímetro con un supuesto de partida: Sánchez no pisaría suelo gibraltareño. "Sería un error", terciaba a la prensa un alcalde de la comarca en los minutos previos al acto institucional en el que todas las adminstraciones han estado presentes, incluida la Junta de Andalucia, pero con un perfil muy bajo, el subdelegado del Gobierno de la Junta en la comarca, Javier Ros.

En un discurso cargado de referencias históricas, el presidente arrancó con un recuerdo a las víctimas del incendio de Los Gallardos, sus familias y los profesionales que combaten el fuego, antes de situar la jornada en otra escala: "Estamos haciendo historia de la buena". Frente al monte de Gibraltar, acompañado por el ministro principal, Fabián Picardo, el alcalde de La Línea, Juan Franco, el resto de alcaldes de la comarca, representantes institucionales y miembros del Gobierno, Sánchez defendió que "cae el único muro de Europa continental" y se abre una era de convivencia, cooperación y prosperidad compartida para una comarca de más de 300.000 andaluces.

El presidente tiró de memoria y geografía para reivindicar el Campo de Gibraltar como "puerta" y no como límite. Recordó que los antiguos situaron aquí las columnas de Hércules, la frontera del mundo conocido, pero también el lugar desde el que se abrieron caminos al océano, al comercio, a las culturas y a los continentes. En ese marco, Sánchez presentó el acuerdo sobre Gibraltar como una respuesta política a una herida histórica: "Las fronteras son las cicatrices de la historia; un muro es la decisión consciente de mantener una herida abierta". La Verja, sostuvo, ha sido durante décadas una herida abierta para trabajadores, familias y generaciones enteras que vivieron pendientes de un paso fronterizo sin saber cuánto tardarían en llegar al trabajo o volver a casa. Para el presidente, la lección de este acuerdo es que los conflictos enquistados no están condenados a seguir siéndolo cuando hay voluntad política, perseverancia y capacidad de negociar sin renunciar a los principios.

Sánchez defendió que el tratado cumple los objetivos marcados por España: libre circulación de personas, controles Schengen en puerto y aeropuerto bajo responsabilidad española, unión aduanera, libre circulación de mercancías, convergencia fiscal indirecta, apertura del aeropuerto al tráfico civil con gestión compartida y protección específica para los trabajadores transfronterizos. Y subrayó además la creación de un fondo social para promover la cohesión entre Gibraltar y el Campo, financiado por la Unión Europea y Reino Unido, y agradeció el trabajo de la Comisión Europea, de Maroš Šefčovič. La idea final fue la de una reconciliación con la propia historia: el Campo de Gibraltar deja de mirarse como frontera para volver a reconocerse como puente. O, en palabras del propio Sánchez, se trata de transformar la separación en prosperidad compartida.

Más allá de las palabras, está la imagen que queda y la fotografía de este miércoles ha tenido su miga: saludo del presidente del Gobierno al embajador británico ante el Reino de España y saludo a los alcaldes de la comarca -Juan Franco, alcalde de La Línea encabezando la comitiva- para asistir a un momento de esos que se quedan en la retina y que no se han querido perder un buen puñado de nombres de dirigentes, políticos y activistas sociales que, de un modo u otro, ha empujado a favor de este acuerdo: además del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ante uno de los retos más complicados de su gabinete, al acto han acudido históricos socialistas de la provincia Rafael Román y Salvador de la Encina, los representantes del Grupo Transfronterizo Manuel Triano y Darren Cerrisola, el histórico presidente de la Asociación de Trabajadores Transfronterizos en Gibraltar, Salvador Molina, los activistas de la comarca Paco Mena, los periodistas Jorge Bezares, Juan José Téllez. También acudió como invitada la ex ministra de Hacienda y secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero. El éxito tiene muchos padres y el fracaso es huérfano, reza el refrán. La de esta mañana es, más allá de todos los flecos pendientes, la imagen de un éxito compartido.

Con las explicaciones previas de Jesús Casas, el presidente de Tragsa, la empresa pública que se ha encargado de la obra de demolición de la Verja, la pluma de una grúa ha arrancado la garita de la Policía Nacional, el punto de contro de documentación durante décadas en el paso fronterizo. Enfrente, como un espejo, las autoridades gibraltareñas encabezadas por Fabián Picardo, ministro principal de la Roca. Esa es estampa que ha quedado para la posteridad en la primera visita de Sánchez a esta zoan en calidad de presidente. Luego ha tocado el turno de las palabras. Desde atril y sin preguntas, horas después de conocerse la condena a su hermano, Sánchez ha protagonizado un modesto acto desarrollado a los pies del Peñón y frente al ya desmantelado puesto de Aduanas, que ya es historia.