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Apuntes políticos de la semana

Sánchez no deja caer a nadie más; Feijóo compra el lío de Vox

El presidente del Gobierno se atrinchera mientras el jefe de la oposición desperdicia parte de su ventaja

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Pilar Santos

Pilar Santos

Madrid
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En el comité federal de la semana pasada, Pedro Sánchez ordenó a los suyos resistir ante los múltiples casos de corrupción que rodean al Gobierno y al PSOE. Prometió “limpiar lo que haya que limpiar” para seguir en el Ejecutivo y poder desde ahí responder “a la involución” que, aseguró, supondría un país gobernado por el PP y Vox.  

La cuestión es que este pasado jueves se han sumado dos nuevos cargos imputados de su Gobierno: la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y el teniente general Manuel Llamas, actual director adjunto operativo (DAO) del instituto armado. El juez Santiago Pedraz investiga una red presuntamente impulsada por la exmilitante socialista Leire Díez para desestabilizar a los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que estaban investigando causas que afectaban al Ejecutivo, al partido socialista y a la familia de Sánchez. La respuesta de Sánchez y del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dista mucho de esa promesa de “limpiar lo que haya que limpiar” y ha sido que mantienen “la confianza en la directora general”. Por ahora, ella y su número dos siguen en sus puestos.

Recuerdan mucho estos días en la Guardia Civil las prisas que sí tuvo González por dejar su puesto como directora general en 2023, cuando Sánchez de manera sorpresiva adelantó las elecciones generales al mes de julio. Todas las encuestas daban por hecho que Alberto Núñez Feijóo alcanzaría la Moncloa y el presidente y líder del PSOE elaboró unas listas refugio para que todos sus fieles tuvieran al menos un escaño tras los comicios. Por esa razón, González, amiga del presidente ya desde los tiempos del Ayuntamiento de la capital, renunció al cargo el instituto armado y entró en la lista por Madrid.

Esa relación personal y confianza mutua pesan en un momento en el que parece que Sánchez no puede dejar caer a nadie más tras haber expulsado por corrupción a José Luis Ábalos y Santos Cerdán, sus números dos en el PSOE como secretarios de organización (el primero, condenado ya, y el segundo, a la espera de juicio). 

De José Luis Rodríguez Zapatero, Sánchez no ha marcado ni una mínima distancia. Sigue engarzado al expresidente y sus joyas, que se han convertido en el símbolo de la presunta corrupción cometida por el que hasta ahora era faro moral de la izquierda. Zapatero aseguró ante el juez, el pasado 17 de junio, que estaría en disposición de dar información sobre el origen de esos objetos en, como máximo, “una semana o diez días”. El exlíder socialista sigue callado, un silencio espeso que empieza a incomodar a algunos ministros del Ejecutivo de coalición, también del ala socialista. Zapatero tiene que dar explicaciones al juez, a los españoles y también podría entregarlas a Patrimonio Nacional y engrosar esa lista de 500 regalos que sí dejó en la administración pública cuando abandonó el cargo de presidente. 

A Mariano Rajoy los humoristas le solían dibujar con un gran puro, una muestra de su indolencia para afrontar los problemas. Algunos en el PP echan de menos que Alberto Núñez Feijóo no sepa quedarse fuera de escena y se meta en charcos innecesarios. Consideran que esta semana cometió un error grave al sumarse al bulo lanzado por Vox para sembrar dudas sobre el proceso de nacionalizaciones que permite la ley de memoria democrática desde 2022. Empezó la semana diciendo que Sánchez está haciendo “ingeniería electoral”, para dar un pucherazo en las próximas generales. La acusación es muy grave en términos democráticos y contradictoria con el propio Feijóo --que apoyó las nacionalizaciones-- y con Rajoy y Manuel Fraga. Siempre los dirigentes del PP han viajado a Latinoamérica a recordar a los descendientes de los exiliados sus raíces españolas y pedirles el voto.

Feijóo ha acabado comprando ese "lío" de Vox, igual que Juanma Moreno en Andalucía, donde el líder autonómico ha llegado a un pacto con los ultras pese a todo lo que había renegado de ellos. Los de Santiago Abascal están satisfechos: han cerrado el ciclo electoral que el PP propició obligándoles a asumir buena parte de su marco ideológico. Además, creen que Feijóo acabará dándoles la razón tras el verano y presentará una moción de censura aunque Junts y PNV no le adelanten el 'sí. “Tendrá que intentarlo y mostrarse proactivo, que los nacionalistas hagan el ridículo apoyando a Sánchez y nosotros [Vox y PP] podremos acercar posiciones y demostrar que nos podemos entender”, explica un asesor de Abascal.

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