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Lengua

Bárbara, chilena en Catalunya: "Me siento discriminada cuando no me hablan en catalán; hay una idea de respeto mal entendida"

Illa reivindica Catalunya como "tierra de acogida": "No ponéis en riesgo la identidad catalana, la hacéis mejor"

El Pacte Nacional per la Llengua, un año después: ¿qué se ha cumplido y qué sigue pendiente para defender el catalán?

Barbara Chaibun, estudiante de catalán

Barbara Chaibun, estudiante de catalán / Raquel Perez

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Carlota Camps

Carlota Camps

Barcelona
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Hace cuatro años que Bárbara se estableció en Barcelona. Antes de dejar su país de origen, Chile, ya tenía claro que quería estudiar catalán: "Decidí que esta sería mi casa y no quería ser extranjera, quería ser de aquí". Por este motivo, se apuntó a los cursos de catalán que ofrece el Consorci per a la Normalització Lingüística. A pesar de no necesitar el idioma para el trabajo, ya que actualmente está en una tecnológica donde se usa mayoritariamente el inglés, considera que aprender catalán es imprescindible para tener "un sentimiento de pertenencia".

Sin embargo, relata a EL PERIÓDICO los problemas que tiene para que se comuniquen con ella en catalán y advierte de que hay "una idea de respeto mal entendida": "Es todo lo contrario, yo me siento discriminada cuando no me hablan en catalán", denuncia.

El caso de Bárbara es solo un ejemplo de las miles de historias que se esconden detrás de las casi 150.000 plazas que ofrece el Consorcio. El de Qin es otro. Hace solo seis meses que se apuntó a un curso de catalán y ya es capaz de mantener una conversación fluida en este idioma. Sus motivos para aprenderlo sí son laborales. Qin dejó China y se trasladó a Madrid para estudiar la carrera de Jazz. Y, tras ocho años en la ciudad, su profesor le recomendó que fuera a Barcelona para seguir con su formación en el Conservatori del Liceu.

Si quieres vivir aquí, el catalán es como el carnet de conducir; cuanto antes te lo saques mejor

Mianjing Qin, China

Ahora quiere establecerse en la capital catalana y explica que si quiere dar "un paso más" en su vida laboral, necesita el catalán. "Para ser profesor en una escuela de música municipal piden el C1, aún no lo tengo pero ahí voy", afirma entusiasmado con su progreso. "Si quieres vivir aquí, el catalán es como el carnet de conducir; cuanto antes te lo saques mejor", añade.

Mianjing Qin, estudiante de catalán

Mianjing Qin, estudiante de catalán / Raquel Perez

Bárbara y Qin, además de sus clases en el Consorci, están inscritos en los programas de pareja lingüística, que junta personas que quieren aprender la lengua con voluntarios dispuestos a enseñarla. Una experiencia que, según explica Qin, resulta beneficiosa para ambas partes: "Me he encontrado con personas que gracias a este programa de voluntariado se han dado cuenta de que hay muchos inmigrantes con un nivel educativo muy alto, que hay abogados, músicos, ingenieros...".

Bárbara coincide con su compañero y también explica que es una manera de acabar con los "estereotipos". "Es verdad que hay gente que no está interesada y que no quiere aprender catalán, pero también hay mucha gente que sí lo está. Conservar la lengua depende del esfuerzo de ambas partes", sostiene.

Me cuesta mucho que me hablen catalán, y es muy frustrante. Muchos dejan la formación porque no encuentran donde usar la lengua

Bárbara Chaibun, Chile

"Me cuesta mucho que me hablen catalán, y es muy frustrante. Para alguien que no tiene vínculos con catalanohablantes es casi imposible practicar. Mucha gente deja la formación porque no encuentran un sitio donde hablar o usar la lengua y, entonces, parece que aprenderlo no es necesario, pero no es verdad. Si no hablas la lengua dejas de participar en la comunidad y esto es grave. Así es como se empieza a dividirse la sociedad", concluye.

Fátima también está de acuerdo con Bárbara. "Cuando hablamos catalán, nos sentimos integrados", explica esta vecina de Santa Coloma de Gramenet que ya hace 18 años que llegó de Marruecos. Fátima, que ya había estudiado catalán anteriormente, regenta un taller de tapicería y quiere poder responder en catalán a los clientes catalanohablantes. Además, conocer el idioma también le ayuda con el colegio de sus hijas y para poder seguir las reuniones de padres y comunicarse con los profesores en la lengua vehicular de la enseñanza.

Cuando hablamos catalán, nos sentimos integrados

Fatima el Hadyoud, Marruecos

Delwar, en cambio, es de Bangladesh y hace solo dos años y medio que vive en Catalunya, por lo que aún no tiene el permiso de residencia. Justamente, se apuntó a los cursos del Consorci porque son una vía que tienen los migrantes para poder regularizar su situación, pero tiene claro que seguirá estudiando para poder comunicarse en catalán. Sobre todo fuera de Barcelona, donde siente que lo ha necesitado más.

Regularización administrativa

El conocimiento de catalán es uno de los criterios que la Generalitat tiene en cuenta a la hora de emitir los informes de arraigo social en Catalunya. Los técnicos encargados de esta tarea valoran, para hacer sus informes, si los solicitantes colaboran en entidades sociales, si han tenido hijos en el territorio o si tienen conocimientos de catalán. Este último punto se demuestra habiendo superado por lo menos un curso de 45 horas, o con un test que hacen los técnicos, que también entrevistan al interesado y a su entorno.

Se trata, por tanto, de una de las principales vías para legalizar a personas migrantes, dado que para muchos es prácticamente imposible conseguir un contrato a jornada completa durante un año o acceder a la universidad, que serían otras formas de regularizar su situación en España. De hecho, el 73% de los trabajadores extracomunitarios ha usado los informes de arraigo social para legalizar su estatus administrativo.

Fátima, Delwar y Qin, con el conseller de Política Lingüística, Francesc Xavier Vila

Fátima, Delwar y Qin, con el conseller de Política Lingüística, Francesc Xavier Vila / Raquel Perez

Bárbara, Qin, Fátima y Delwar participaron en la fiesta de fin de curso que el Consorci per a la Normalització Lingüística organizó este jueves en el Palau de Pedralbes. En ella, el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el conseller de Política Lingüística, Francesc Xavier Vila, aprovecharon para lanzar un mensaje contra la extrema derecha, pero también quisieron agradecer el "esfuerzo" de los estudiantes y se comprometieron a seguir aumentando las plazas y los cursos subvencionados.

En el último año, el Govern ya ha puesto en marcha un plan de choque para reducir las listas de espera, que se han disminuido un 47% respecto al curso 2024/2025, con 6.000 cursos nuevos, un 18% más que el año anterior. Además, han aumentado principalmente los inscritos en los niveles más básicos, los necesarios para los informes de arraigo, aunque también ha subido un 25% el número de inscritos en los niveles intermedios.

El objetivo del Govern es mejorar los datos de la última encuesta sobre usos lingüísticos, que dio algunos datos reveladores. Uno de ellos es que el catalán ganó 267.600 nuevos conocedores entre 2018 y 2023. La cifra en frío puede resultar positiva para la lengua, pero hay que añadirle contexto: durante el mismo periodo de cinco años, la población residente en Catalunya aumentó en 398.500 personas. Un crecimiento desigual que, en la práctica, se traduce en una pérdida de peso del catalán entre la población.

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