De la política, ¿se sale? (XXIV)
Ada Colau: "No me planteé dejar la alcaldía ni un solo día, sentía una responsabilidad histórica"
EL PERIÓDICO entrevista a políticos que han dejado la primera línea para descubrir a qué se dedican y cómo se han reinventado
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La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau en la plaça Catalunya 15 años después del 15-M / MANU MITRU

El 15 de abril de 2011, a Ada Colau le cambió la vida "para siempre". Ese día nació su hijo Luca. Una revolución vital que, justo un mes después, el 15 de mayo, se aceleró a lomos de la primera gran manifestación del movimiento de los indignados. Con el 'sí se puede' como lema impugnatorio de la crisis económica, la corrupción política y el sistema bipartidista, su rostro empezó a quedar grabado en las retinas de los ciudadanos. Han pasado 15 años y tres vidas: la de Colau activista, la de Colau alcaldesa de Barcelona y la de Colau fuera de las instituciones, pero manteniendo el liderazgo moral de su partido, los Comuns. "En esencia, me siento la misma persona", resume a escasos metros de donde, entonces sin saberlo, empezó a cocerse su salto institucional: la plaza de Catalunya de Barcelona.
"Lo que significa el 15-M no ha acabado
Lejos de hablar en pasado o de dar ese ciclo por acabado, deja claro que, pese a que el contexto es distinto, "lo que significa el 15-M no ha acabado". Su legado, asegura, es palpable porque la agenda política ha incorporado luchas como el feminismo, el derecho a la vivienda, contra el cambio climático y el racismo y, también, contra la extrema derecha. De hecho, es precisamente por el cuestionamiento de los poderes fácticos por lo que considera que "los oligarcas" se han rebelado de forma "cruel y descarnada" para tratar de frenarlo: "La ola reaccionaria que vivimos es, precisamente, por todo el poder que estábamos acumulando en este ciclo de movilizaciones. No llega solo por TikTok o por el algoritmo".

Ada Colau, durante la entrevista con EL PERIÓDICO / MANU MITRU
Admite que, precisamente por ello, sus ocho años de alcaldía no fueron fáciles. "Yo era la primera mujer alcaldesa de Barcelona y hubo muchos ataques machistas, pero más sustantivo que eso fueron las querellas por tocar intereses y privilegios de los lobis de la ciudad", asegura, tras constatar que a Jaume Collboni no le está sucediendo lo mismo porque él "no confronta" con esos poderes. El coste no era solo político, sino que admite que también lo fue personal. "Mirando atrás, ahora soy consciente de la parte de sacrificio que supuso, pero sin victimismo, porque no me arrepiento de lo que hicimos", sentencia. Es más, asegura que "ni un solo día" de esos ocho años se planteó irse por más que las "campañas de desprestigio y las 'fake news'" fueron duras para ella y para su familia. "Sentía una responsabilidad histórica", resume.
De la pacificación de calles y las 'superilles' a los edificios cooperativos de vivienda y la unidad antidesahucios, la exlíder de los Comuns reivindica su herencia en la capital catalana, pero también el historial de "aciertos y errores" de la experiencia municipalista, que considera que deben ser tomados como un aprendizaje de futuro para la izquierda: "Seguro que hubiéramos querido hacer más cosas de las que hicimos, pero hicimos muchas que nos decían que eran imposibles". Una de las conclusiones que extrae es que con la gestión del día a día, que es "muy exigente", "no es suficiente"; ni tampoco con los partidos, sino que hay que estar siempre conectado con la calle para no perder la capacidad de transformar.
Tomar distancia de las instituciones
Si su hijo mayor nació al calor del 15-M, el menor, Gael, lo hizo en 2017, el año del referéndum en plena ebullición del 'procés'. Colau teje y entrelaza su maternidad con la política porque ella entiende la vida como un todo en lo que lo personal, los derechos, hay que lucharlos. "He hecho y haré política toda la vida", reconoce. Pero eso no significa que quiera volver a la primera línea. Su nombre no ha caído en ningún momento del candelero porque, en realidad, nunca se ha ido y porque en los Comuns existe el convencimiento de que su liderazgo no tiene parangón en el espacio. Pudo ir a Madrid y pudo repetir como alcaldable, pero lo rechazó. "Estoy dispuesta a ayudar, pero no hace falta que sea candidata". De hecho, argumenta que necesitaba "tomar distancia de las instituciones".
Estoy dispuesta a ayudar, pero no hace falta que sea candidata
También volver al activismo enrolándose en la Flotilla para llevar ayuda humanitaria a Gaza, una misión que acabó interceptada y con la detención de sus miembros por parte de Israel. Si no ha vuelto a subirse a uno de esos barcos es por el sufrimiento que supuso para su familia que se sumara a una iniciativa en la que se jugaba el pellejo. Pero si algo tiene claro Colau es que su espacio político debe "organizarse" con los movimientos sociales para "abrir un nuevo ciclo de movilizaciones" que pronostica que no tardará en irrumpir.

Ada Colau, en el centro de Barcelona junto a la plaza Catalunya / MANU MITRU
Como presidenta de la Fundació Sentit Comú, el 'think tank' de los Comuns, cavila sobre el cómo. "Sé que es difícil ser optimista en tiempos de Trump, Netanyahu y Milei destruyendo el mundo, pero yo ya viví con la PAH que la mayoría social, cuando se organiza, es capaz de conseguir cosas increíbles. Objetivamente, dan miedo, pero ellos son minoría y nosotros mayoría", asegura. Se trata, insiste, de que la izquierda no empiece cada vez de cero.
Unidad y más de una cara visible
La "receta mágica" para afrontar las próximas elecciones generales y tratar de frenar a la extrema derecha, reconoce que no la tiene. Pero sí algunas nociones claras de lo que hay que hacer no solo con vocación de "resistir" como el actual Gobierno de Pedro Sánchez, sino de "transformar" para atraer a los que están desilusionados: unidad de la izquierda, que no es "simplemente una suma de siglas", sino un espacio menos centralista en el que se respete la pluralidad -algo que considera que no siempre ha sucedido-, y haya coralidad y no una sola cara visible. También una estrategia y objetivos compartidos no solo entre partidos, sino "trabajados" con los movimientos sociales, ya sea el educativo, por el derecho a la vivienda o a favor de Palestina.
"Que los partidos se pongan de acuerdo no será suficiente", advierte. Según ella, a estas alturas todas las formaciones a la izquierda del PSOE, desde Sumar hasta Podemos, tienen claro el diagnóstico de que "no se puede perder ni un solo voto" y que, por lo tanto, no se pueden permitir ir cada uno a la suya. "Solo hay dos salidas: o autoritarismo o una mayor democracia", concluye.
Que los partidos se pongan de acuerdo no será suficiente
Así que en esto está ahora Colau, hablando con movimientos y partidos, pero habiendo recuperado su agenda Quo Vadis, sinónimo de la recuperación de su "intimidad y libertad". Porque esta agenda en papel es la que solo ella ve, mientras que durante la alcaldía era digital y hasta un centenar de personas la supervisaban cada día. Ha vuelto a conquistar tiempo para pasar con la familia, para leer más allá de las noticias y para "bailar con las amigas". Y sí, aunque hiciera mella y aunque crea que todo ha valido la pena, lo que más le repiten por la calle es: "Ada, haces mejor cara".
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