Análisis electoral
Andalucía castiga al poder y marca un nuevo rumbo: ¿acertaron las predicciones de EL PERIÓDICO y Predilect?
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Las elecciones andaluzas dejan una paradoja clara. La derecha puede gobernar, pero sale más débil: el PP pierde cinco escaños y la mayoría absoluta, mientras Vox apenas crece. Y en la izquierda ocurre algo parecido: el bloque progresista mejora en conjunto, pero el PSOE marca su peor resultado y Por Andalucía, la coalición de Sumar, IU y Podemos se deja un punto. Los únicos que avanzan con claridad son las fuerzas que se presentan como outsiders de la política: Vox por la derecha y Adelante Andalucía por la izquierda.
Es incontrovertible: los partidos con cuota de poder en San Telmo o en La Moncloa pierden. Y sus fuerzas más antagónicas avanzan. Vox sigue creciendo, aunque modestamente, en el feudo donde emergió en 2018. También lo ha hecho en cada una de las anteriores elecciones a las que se ha presentado. Adelante Andalucía, la formación andalucista que dirige José Ignacio García y que no participa de la coalición estatal de izquierdas, dobla su voto respecto a 2022 hasta el 9,6% sumando ocho diputados, seis más que entonces. Un crecimiento que rima con el creciente auge de otras izquierdas renovadas, soberanistas y con liderazgos jóvenes que no están atrapados en la responsabilidad de gobernar (la Chunta Aragonesista en Aragón, Unidas por Extremadura en Extremadura, o el BNG en Galicia).
Dos respuestas a un mismo hartazgo
Cuando en 2014 nació Ciudadanos, no pocos analistas lo llamaron "el Podemos de la derecha". La etiqueta era simplista, pero señalaba algo real: ambos partidos respondían al mismo agotamiento de la época (corrupción, desconexión institucional, final del bipartidismo) desde lecturas ideológicas opuestas. El malestar era el mismo. El diagnóstico, distinto.
Doce años después, se repite el patrón. La indignación de 2014 era política. La de 2026 es de seguridad vital protagonizada por una crisis de la vivienda y generaciones jóvenes que ya no esperan mejorar la vida que recibieron. Y frente a ese malestar vuelven a aparecer dos respuestas ideológicamente contrarias que comparten una apelación al arraigo territorial. Vox canaliza el descontento hacia el nativismo excluyente. Adelante (y fuerzas análogas) lo canalizan hacia una izquierda soberanista con discursos antagónicos con la centralidad de Madrid.
Lo que Predilect leyó (y lo que no)
Los cambios de rumbo electorales suelen pillar por sorpresa a quienes hacemos predicciones, y este no ha sido la excepción. La sorpresa principal de la jornada ha sido la magnitud del avance de Adelante. Las encuestas la situaban entre el 5,9% y el 9,0% en sus últimas lecturas, con Predilect cerrando su seguimiento en el 7,0%. El resultado final, 9,58%, ha quedado claramente por encima de prácticamente todo el espectro demoscópico (la única excepción es SocioMétrica, que la situó en el 9,0% en sus últimos sondeos).
Por lo demás, la lectura agregada de Predilect ha funcionado. El bloque progresista quedó a apenas cuatro centésimas del resultado final (38,8% real frente al 38,78% predicho): la lectura más ajustada del equilibrio izquierda-derecha entre todos los institutos demoscópicos que publicaron antes del cierre de campaña. En error medio agregado sobre voto, escaños y bloques, Predilect quedó tercero entre catorce institutos, solo superado por GAD3 y 40dB.
Un gobierno de PP con Vox (¿en coalición o minoría?)
A diferencia de las encuestas convencionales, Predilect tiene una ventaja por diseño: además de porcentaje de voto y escaños, asigna probabilidades a los distintos escenarios de gobierno. Y aquí está la lectura más interesante.
Durante la mayor parte de la campaña, aunque por márgenes muy estrechos, la probabilidad conjunta de los escenarios sin mayoría absoluta del PP (PP en minoría más PP con Vox) se ha mantenido por encima del escenario de mayoría absoluta. Según la media de la última semana, Predilect daba un 50,5% a la suma 'Moreno necesita a Vox o gobierna en minoría', frente al 45,7% a la mayoría absoluta.
Dentro de esos escenarios sin mayoría, la probabilidad mayor se ha desplazado claramente hacia el pacto con Vox. La media de la última semana arroja un 33,6% para un Gobierno de coalición o apoyo estable PP-Vox, frente a solo un 16,8% para un Ejecutivo del PP en minoría apoyado puntualmente. La lectura del mercado es coherente con lo que hemos visto en Aragón y Extremadura: cuando el PP se queda sin mayoría absoluta prevalecen los acuerdos de gobierno con Vox.
Hay una diferencia importante con esos otros casos. En Andalucía, Juanma Moreno necesita solo dos diputados para gobernar (no los cinco que en su día necesitó Jorge Azcón en Aragón, ni los más de diez que requirió María Guardiola en Extremadura). El coste político de un pacto formal con Vox es, por tanto, alto en proporción a lo que aporta. A pesar de eso, nuestras predicciones apuntan al acuerdo más que al Gobierno en solitario. Si así fuera, sería una victoria simbólica de primer orden para Vox: aportando un número pequeño de escaños obtendría visibilidad y peso institucional comparables a los que tiene en Extremadura o Aragón con un grupo parlamentario mucho mayor.
No todo es tan fácil para los partidos nuevos
Tampoco para los partidos que se aprovechan del deterioro bipartidista por la derecha y por la izquierda está todo el camino allanado. Por la derecha, junto a Vox ha emergido Se Acabó la Fiesta, la formación de Alvise Pérez, con un 2%. Aunque ha quedado fuera del Parlamento andaluz, Vox podría haber sumado hasta dos escaños más de haber contado con sus votos. En unas elecciones generales, donde el reparto provincial es bastante más despiadado con las terceras y cuartas formaciones, ese efecto se podría multiplicar.
Para la izquierda, el reto es todavía más visible. El panorama parte ya muy fragmentado: PSOE Sumar, IU y Podemos, a los que se suman las formaciones soberanistas de izquierda territorio a territorio (Adelante en Andalucía, Compromís en la Comunitat Valenciana, etcétera). Por mucho que crezcan estos espacios, en circunscripciones pequeñas el reparto de escaños castiga la dispersión con dureza. Lo que en autonómicas se convierte en diputados, en generales puede acabar siendo voto desperdiciado.
Lo que viene
Si no se adelantan las elecciones generales ni se repite la convocatoria andaluza, viene una pausa electoral antes de un 2027 cargado: municipales, autonómicas en buena parte del país y, previsiblemente, generales en el mismo año. Tiempo, por tanto, para que los partidos hagan números.
El PP de Moreno tendrá que decidir si Vox entra en su Gobierno o lo apoya desde fuera. El PSOE, si su modelo de candidatura ligada al Ejecutivo central sigue siendo viable o si toca renovar perfiles y discurso. La izquierda alternativa, si el modelo andaluz (dos formaciones diferenciadas, una más andalucista y otra más estatal, no enfrentadas) es replicable en otros territorios o si toca buscar otra fórmula que no penalice tanto en generales. Y Vox, si su crecimiento sostenido puede mantenerse con Se Acabó la Fiesta haciendo presión por el flanco y gobiernos en coalición con el partido al que impugnan.
Andalucía ha marcado los grandes cambios de ciclo de la política española: la entrada de Vox en 2018, la mayoría absoluta del PP en 2022 y ahora, en 2026, el primer aviso de que el bipartidismo, también en su versión por bloques, se enfrentan a una nueva crisis de desafección política. Los votantes han hablado en Andalucía. Ahora toca a los partidos decidir cómo llegan al siguiente año.
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