Movimiento de los indignados
15 años del 15-M: el voto de cabreo cambia de bando tras el fracaso de la "nueva política"
Tres lustros después de la ruptura del bipartidismo, el sistema político se reordena y el malestar se canaliza ahora a través de la reacción de Vox
Del paro a la vivienda: los datos del malestar ciudadano 15 años después del 15-M
Juan Carlos Monedero: "Detrás del auge de la extrema derecha hay un fracaso de la izquierda transformadora"

Movimiento 15-M en la Puerta del Sol. Carteles de los manifestantes junto a comercios de la plaza, en una imagen de archivo del 24 de mayo de 2011. / JOSE LUIS ROCA

La canalización política del 15-M, con sus demandas y el latente malestar social, no fue instantánea. El “no nos representan” que se entonó en las plazas del Estado hace ahora quince años se abrió paso primero como un movimiento social transversal y luego se fue ramificando en las llamadas mareas ciudadanas (sanitaria, educativa o por el agua pública), imponiendo una nueva agenda y politizando a amplias capas sociales de la población. Un “momento destituyente”, como lo define el profesor de Ciencias Políticas y cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, que más tarde se transformaría en un “momento constituyente”. Con la eclosión de la formación morada, principalmente, y el auge de Ciudadanos que compartía los valores de regeneración política.
El principal efecto en el sistema político fue el paso del bipartidismo imperfecto, apoyado generalmente en los nacionalismos periféricos, al multipartidismo. Antes del estallido del movimiento de los indignados, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reportaba una suma del 77,2% en intención de voto para PSOE y PP. Las otras dos formaciones estatales con representación, Izquierda Unida y UPyD, se situaban en un residual 5,2% y 3,5%, respectivamente. Algo más de tres años después, en noviembre de 2014, Podemos era según el CIS la primera fuerza en intención directa de voto y las alcaldías de grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o A Coruña habían sido conquistadas por movimientos municipalistas con “motor” Podemos. Su entrada en el Gobierno bajo la presidencia de Pedro Sánchez, el primero de coalición desde la vuelta de la democracia, no vendría hasta finales de 2019 y tras resistir a una repetición electoral.
La fragmentación del sistema de partidos imperante no se produce por el 15-M, según el politólogo de la Universidad Carlos III Pablo Simón, sino que es consecuencia de las causas compartidas con este movimiento social. Esto es, la crisis económica, la corrupción o el malestar con el sistema bipartidista. De aquel “PP, PSOE, la misma mierda es” y los asuntos que colocó en la agenda de demandas y preocupaciones, como los desahucios, la connivencia entre el poder político y el económico, la reforma del sistema electoral o la regeneración democrática a través de las instituciones.
Con un movimiento social que había generado nuevos cuadros y liderazgos y un malestar que continuaba sangrando, recuerda Simón, es cuando surge lo que se llamó “nueva política”. “Recogen muchas de esas demandas porque son hijos de ese malestar. Tanto Podemos como Ciudadanos son herederos de muchas de esas medidas”, apunta el profesor de Ciencias Políticas. Uno desde un polo populista, añade, con un planteamiento frente a la “casta” y de escuchar al pueblo, de abajo a arriba, y otro “tecnocrático”, que encarnó Ciudadanos. El que abogaba por salir de la crisis con reformas institucionales y avaladas por técnicos, “para que los políticos no puedan hacer lo que quieran cuando están en el poder”. Hoy, ambas expresiones políticas del movimiento de los indignados “han muerto”, concluye.
El CIS y encuestas como la del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para Prensa Ibérica vuelven a situar a PP y PSOE en porcentajes de intención de voto mayoritarios. Del multipartidismo se habría pasado a lo que César Calderón, director de la consultora política Red Lines, llama “tripartidismo asimétrico”. Un escenario, señala, con una sola suma viable, la de PP más Vox. “La izquierda carece de suma propia, y los dos partidos obligados a gobernar juntos se disputan a la vez el mismo electorado. Una sola puerta de salida, una sola llave y dos condenados a pelearse por ella”, resume. Su tesis es provocativa: “Vox es el último hijo vivo del 15-M”.
Descendientes e hijos bastardos
“El 15-M no tenía ideología coherente, de hecho no tenía ideología, simplemente tenía gramática: antielitista, antimedios, antipartidos, horizontal, viral, emocional”, continúa este consultor político. Esa gramática habría migrado. “Las plazas se vaciaron, pero el rencor se quedó. El objetivo eran los bancos, hoy es la élite cultural, Bruselas, la ‘Agenda 2030’. La sintaxis es idéntica: el pueblo real contra ellos. Vox lo ha entendido. El PSOE y el PP no, Sumar menos. Podemos ni hablemos”, remata.

Albert Rivera y Pablo Iglesias en una foto de archivo. / Emilio Naranjo
Simón refuta esta descendencia de Vox, al entender que “son hijos diferentes en momentos distintos”, si bien concede que la formación de ultraderecha sí es refugio hoy en día del malestar. Un malestar pendular, ahora vehiculado por la formación que lidera Santiago Abascal. Un péndulo que quince años después del movimiento de los indignados ha venido acompañado de cambios en la dinámica del país, mucho más europea al permear asuntos de debate globales como la inmigración, frente a otros propios como por ejemplo el ‘procés’. Asimismo, este politólogo apunta al cambio durante estos años en la “infraestructura de la comunicación”, con un mejor control por parte de Vox.
Para Juan Carlos Monedero, autocrítico con el devenir de Podemos al no haberse transformado en partido-movimiento, “los fallos de los partidos son la antesala de su derrota”. Algo que analiza en su último libro 'Menos realidades y más promesas. El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento' (Fondo de Cultura Económica).
Derrotas y aprendizajes
“Todas las vacunas que puso Podemos para no ser un partido clásico ya no existen”, lamenta el cofundador y exdirigente morado. De ahí el surgimiento de un “elemento conservador reaccionario que intenta desmantelar todo lo construido”. No significa esto que desaparezca el malestar, pero sí que “tenga menos posibilidades de capturarlo la izquierda”. “Cuando una fuerza política con rasgos revolucionarios para cambiar las estructuras profundas de un país” no logra su objetivo, abunda, “la reacción está servida”. Por tanto, concluye que detrás del auge de la extrema derecha “hay un fracaso de la izquierda transformadora”.
Lo cierto es que si alguna formación política recoge hoy al electorado antiestablishment es Vox. Según Calderón por haber sido más eficiente “a la hora de construir el relato del agravio y el cabreo”. La incapacidad de la izquierda la explica con una metáfora: “PSOE y Sumar están vendiendo vinilos en plena era Spotify, y encima creen que el problema es la portada del disco”.
Si la actual canalización del voto de cabreo tiene unas características opuestas a las del movimiento 15-M, en buena medida por un fracaso de las expectativas depositadas en la ‘nueva política’, el caldo de cultivo que lo hizo surgir sigue ahí. De las derrotas surgen aprendizajes y uno de los protagonistas, tanto del 15-M como de su conversión en “herramienta” institucional, Juan Carlos Monedero, quiere pensar que dejó un poso. “Como politólogo sé que esto no desaparece. Terminará emergiendo. Habrá que ayudarlo y harán falta caras nuevas y atrevernos a buscar cómo es un partido político en el siglo XXI”, receta. Citando al catedrático y militante antifranquista, Jesús Ibáñez, concluye: “La antesala de toda revolución es una gran conversación”.
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