Análisis de las predicciones electorales
Elecciones en Andalucía: ¿El primer gran pinchazo de Vox?
¿Ganará el PP por mayoría absoluta las elecciones en Andalucía 2026? Así están las predicciones más allá de las encuestas
Encuestas de las elecciones en Andalucía 2026: así están los sondeos

El candidato de Vox a la Junta de Andalucía, Manuel Gavira, y el presidente del partido, Santiago Abascal. / Joaquín Corchero / Europa Press

Andalucía marca los cambios de ciclo de la política española. Aquí Vox saltó por primera vez al tablero institucional en 2018, con doce escaños que sorprendieron a casi todos los analistas y abrieron una nueva fase para todo el país. Aquí, en 2022, el PP de Juanma Moreno alcanzó la primera mayoría absoluta de la derecha clásica andaluza, reordenando las expectativas del ciclo siguiente. La primera semana de estimaciones de Predilect para las andaluzas de 2026 sugieren que estamos otra vez en el inicio de algo.
Aunque Predilect sitúa a Vox todavía por encima de su resultado de 2022 (13,5% y 14 escaños), la tendencia de las dos últimas semanas apunta en dirección opuesta, algo insólito para un partido que hasta hace poco solía crecerse en campaña. La intención de voto pasa del 15,6% al 14,9%, y por el camino el partido se ha dejado un escaño firme y otro que oscila, de los 18 iniciales a 16 o 17 dependiendo del día.
A ese desgaste se le suma otro todavía más significativo: la probabilidad de que Vox forme parte del próximo Gobierno andaluz no ha hecho otra cosa que caer. Los escenarios de coalición o apoyo PP-Vox han pasado del 22% al 11% en el mismo periodo, mientras la mayoría absoluta del PP en solitario sube del 49% al 60%. El mercado anticipa, además de un peor desempeño electoral, que el apoyo de Vox acabe siendo innecesario para que Moreno repita en San Telmo.
Que Vox pinche en Andalucía tiene una lectura doble. La primera, evidente: pierde fuelle en el territorio donde emergió. La segunda, más profunda: pierde frente a un PP moderado que ha gobernado con sus propias políticas, distanciadas del programa de la ultraderecha. Es lo contrario de lo que ocurre en otras comunidades, donde el PP copia el marco discursivo de Vox y compite con él en los mismos temas.
Esto puede parecer sorprendente, tiene toda su lógica según la investigación científica sobre los condicionantes del éxito de la ultraderecha. Lo vemos en todas partes: cuando la derecha clásica se distancia de la ultraderecha, las fugas paran. Esto es porque un partido conservador rinde mejor cuando se muestra competente en los temas en los que sus propios votantes le reconocen autoridad ("la gestión", en el caso de Moreno) que cuando pone todas sus cartas en aquellos en los que la ultraderecha siempre será más creíble (la inmigración, la guerra cultural). Moreno ha hecho lo primero, y le está funcionando.
Quién diría hace menos de una década que toda la atención de unas elecciones andaluzas se la llevaría la derecha. La razón es que el PSOE no consigue levantar cabeza, anclado en torno al 24% y 28 escaños. Y las razones son tanto internas como externas. Internas, porque la candidatura socialista parte de un perfil poco competitivo, muy anclado a la acción del Gobierno central. Externas, porque un PP con tropiezos importantes en temas tradicionalmente de izquierda (la sanidad pública es el más visible) sigue siendo percibido como moderado, y no cabrea lo suficiente al votante socialista como para empujarle a movilizarse o cambiar el sentido de su voto.
Los movimientos más interesantes del bloque progresista se producen a la izquierda del PSOE. Adelante Andalucía pasa del 5,0% y dos escaños iniciales al 5,7% y tres escaños actuales, con la particularidad de que el voto ganado parece venir directamente de Por Andalucía, su vecino más próximo, que cae del 9,1% al 8,5% en el mismo periodo. La izquierda andalucista le come terreno a la izquierda estatal en las provincias donde tiene músculo (y que reparten más diputados autonómicos): Sevilla, Cádiz y Málaga.
Este hallazgo dibuja una tendencia ya vista en otras regiones. La izquierda gubernamental sufre males crónicos que se repiten en cada cita: uniones in extremis entre partidos que se repelen, asedio del PSOE nacional que acapara la marca "Gobierno", y dificultad para distinguirse en una conversación pública dominada por la cuestión de quién manda. Frente a eso, un partido cohesionado, con libertad para criticar a los gobiernos de Andalucía y de Madrid sin contradicciones, gana fuelle. Adelante encaja en ese perfil con la ventaja añadida de su componente andalucista, que le da una identidad propia que ni Sumar ni Por Andalucía pueden replicar.
Toda elección responde a una sola pregunta: ¿hay que cambiar a quien gobierna? Entre los partidos de la oposición gana quien responda que sí de manera creíble. ¿Es creíble que Vox sea hoy una alternativa antagónica cuando ha pactado PP recientemente en Aragón o Extremadura? ¿Es creíble que el PSOE andaluz represente el cambio cuando la mayoría los percibe responsables del status quo? ¿Lo es Por Andalucía, parte del ejecutivo central a través de Sumar? ¿Lo es Adelante Andalucía? Quedan debates, promesas, mítines en lugares importantes y, casi siempre, algún evento inesperado. Faltan pocos días para el final de campaña, y para el inicio de un nuevo ciclo electoral.
Alberto López Ortega es politólogo y profesor de la Vrije Universiteit Amsterdam.
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