Análisis
El hombre que sabía demasiado
La importancia de llamarse Manuel Morocho: "El comisario José Luis Olivera, mi jefe en la UDEF, me dice que le ha mandado el fax donde se descubre que L. B. es Bárcenas a María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, y que ella lo tiene guardado en una caja de seguridad", declaró este miércoles en el juicio de Kitchen, la "operación de Estado" de Interior y Policía Nacional bajo el Gobierno de Rajoy

El inspector jefe Manuel Morocho, a la salida de la Audiencia Nacional. / José Luis Roca

"Sé demasiado. Ese es mi problema. Ese es el problema de todos nosotros y de todo el programa: sabemos demasiado. Demasiado sobre los demás; demasiado sobre nosotros mismos".
'El hombre que sabía demasiado'
G. K. Chesterton, novela, 1922.
No fue uno de los suyos, es decir, uno de la cúpula del Cuerpo Nacional de Policía y del Ministerio del Interior, primero en el caso Gürtel y después en Kitchen. Y ese fue su pecado. El inspector de policía de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), Manuel Morocho, que actuó en calidad de policía judicial con los jueces de la Audiencia Nacional, es el hombre que sabía demasiado. Su jefe de aquella época, José Luis Olivera, lo "supervisaba" y filtró información a María Dolores de Cospedal sobre las investigaciones judiciales y, más tarde, desde otro puesto, trató de seguir recibiendo informes antes de que los enviase al juez y, finalmente, intentó quitárselo de en medio.
¿Cómo? Con una oferta que el ministro Jorge Fernández Díaz y el comisario Olivera —en aquel momento jefe del CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado)— creían que Morocho no podría rechazar: un puesto en Lisboa o… Pekín, en la embajada que quisiera, mucho mejor remunerado. Morocho rechazó esa oferta. Según ya dijo en instrucción el inspector, mientras Olivera le formulaba la propuesta, sonó su teléfono móvil y el comisario dijo: "Sí, ministro, estoy con él". Esto es, según Morocho, Olivera quería dar jerarquía a la oferta, y así se lo manifestó.
Y, según dijo este miércoles en el juicio, nunca le envió ningún papel a Olivera, es decir, al CITCO.
Por algo sería. Y así había sido.
Porque cuando era su jefe en la UDEF, Olivera, nada más recibirse una información secreta, se la transmitió a María Dolores de Cospedal.
Eso ocurrió cuando, en una primera fase de la investigación de Gürtel, se descubrió la identidad de una persona sobre la que se estaba indagando. En un fax secreto de una operación de la trama, la sigla L. B. era identificada en un correo como Luis Bárcenas, el tesorero nacional del Partido Popular.
Olivera fue informado en la UDEF sobre ello y envió el fax a Cospedal, quien, por otra parte, mantenía una línea de contacto permanente con el comisario José Manuel Villarejo desde 2009, un hecho probado.
Fue el propio Olivera quien se lo dijo, para la perplejidad de su entonces subordinado, el inspector Morocho: "Se lo he enviado a Cospedal y lo guarda en una caja de seguridad", manifestó Olivera.
Cospedal queda como lo que fue: una lideresa en Gürtel y Kitchen. No como la persona que ella interpretó, con dotes de actriz, la semana pasada en el juicio.
Morocho explicó quién supervisaba cada uno de sus informes, según supo por el sucesor de Olivera en la UDEF, el comisario Manuel Vázquez: "El policía Andrés Gómez Gordo visa tus informes", le dijo un día Vázquez.

Morocho se dio cuenta de que había una operación sobre Barcenas cuando le enviaron un documento genérico que los comisarios de la banda colgaron -para cubrirse- en el GATI ( Grupo de Análisis de Información de la Policía Nacional). De allí se cursó automáticamente al UCIC (Unidad Central de Inteligencia Criminal), y de esta entidad se lo mandaron a Morocho en agosto de 2015. Esto es a posteriori de los hechos. Una coartada.
'Cospedín' o 'Andy'. Así llamaban en la banda Gürtel-Kitchen al inspector Andrés Gómez Gordo, quien, a partir de 2011, había solicitado una excedencia en la Policía para ir a trabajar con Cospedal en la Presidencia de la Junta de Castilla-La Mancha. Pero desde allí, precisamente, bajo el mando directo de Cospedal, participaba en Gürtel y en Kitchen, dos operaciones gemelas. 'Cospedín' intentó que Morocho admitiera en su equipo a un colaborador suyo, es decir, introducir un espía.

Grupo de Análisis y Tratamiento de la Información de la Policía Nacional / GATI
Sería, precisamente, lo que le tocó hacer en Kitchen: captar a Sergio Ríos, que carecía de empleo, para hacer de chófer de Luis Bárcenas y de su familia, con cargo a 2.000 euros mensuales pagados de fondos reservados; pagos al confidente que el coronel Diego Pérez de los Cobos, según su testimonio de este martes pasado en el juicio, no recuerda.
Morocho narró cómo, además de coaccionarle a él, los gerifaltes de la Policía —no "cloacas" o parapoliciales, como dice el mantra— toreaban a los jueces de la Audiencia Nacional. El informe sobre Jesús Sepúlveda y Ana Mato, ministra de Sanidad del Gobierno de Rajoy, estuvo terminado en diciembre de 2011, pero no se envió al juez Pablo Ruz hasta abril de 2013.
Morocho fue el superviviente de Gürtel y Kitchen, porque el PP decidió acabar con el instructor en diciembre de 2013. Pablo Ruz, que, ante la negativa del PP a cumplimentar los requerimientos de información sobre las obras de rehabilitación de la sede de Génova, envió allí una comisión judicial la noche del 19 de diciembre de 2013. Después de catorce horas, se llevaron ingente documentación.
Los entonces ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, diseñaron en julio de 2013 la operación "acabar con Ruz", con el argumento de que estaba en comisión de servicios en la Audiencia Nacional y que era pertinente hacer hueco a una nueva camada de jueces.
Morocho está en activo en una comisaría de Madrid como asesor jurídico (su profesión es la de economista) y Ruz sigue en un juzgado de Móstoles, tras serle cancelada su comisión de servicios en la Audiencia Nacional.
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