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¿Se puede ser ecologista y de derechas?

Dos economistas españoles afincados en Londres reclaman que las formaciones conservadoras combatan el cambio climático y no cedan la bandera verde en exclusiva a la izquierda

Emergencia climática: "Todos los indicadores del planeta están en alerta roja"

Un joven lleva globo terrestre en llamas durante una manifestación celebrada en Valencia por la emergencia climática y la lucha para que se tomen medidas urgentes para evitar el cambio climático.

Un joven lleva globo terrestre en llamas durante una manifestación celebrada en Valencia por la emergencia climática y la lucha para que se tomen medidas urgentes para evitar el cambio climático. / EFE/Kai Försterling

Juan Fernández

Juan Fernández

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Pocos asuntos inquietan a la sociedad de una manera más transversal y persistente que el medioambiente. Todos los estudios demoscópicos coinciden en señalar que alrededor del 80% de los españoles se declaran "bastante preocupados" o "muy preocupados" por el cambio climático, una sensación de amenaza que comparten por igual todos los espectros sociales, económicos, geográficos y políticos del país, sean del norte o del sur, jóvenes o mayores, ricos o pobres, progresistas o conservadores.

Sin embargo, la ecologista es percibida por buena parte la población como una causa adscrita a la izquierda, que tradicionalmente ha sabido darle más relevancia en su agenda política, aunque el planeta que se aspira a salvar lo habitan personas de todo tipo de sensibilidades y el desasosiego por su futuro lo sienten también los votantes de derechas.

A los economistas Toni Timoner (Palma de Mallorca, 1980) y Luis Quiroga (Oviedo, 1978), ambos de amplia trayectoria internacional –desde hace años trabajan para instituciones financieras y fondos de inversión en Londres–, les ha llamado siempre la atención esa descompensación que hay entre la plural preocupación medioambiental y el acento marcadamente progresista que suelen tener las medidas planteadas para atajarla.

Para identificar sus causas, en 2022 crearon desde la capital británica Oikos, el primer 'think tank' en español que aspira a abordar la urgencia climática desde una perspectiva liberal y conservadora. Los hallazgos que han hecho sobre esta materia en estos años los han resumido y expuesto en el ensayo 'El ecologista de derechas' (Deusto), donde proponen "soluciones azules para un planeta verde" y abogan abiertamente por acabar con la "apropiación" que la izquierda ha hecho de la bandera climática.

Desequilibrio político

Por encima del interés político –ninguno disimula sus simpatías–, les mueve, aseguran, la preocupación medioambiental, que también comparten, y el convencimiento de que el "desequilibrio político" que actualmente tiene el debate climático está haciendo un flaco favor a la causa ecologista. "El acento excesivamente progresista de la mayoría de los análisis que se hacen del calentamiento global y de los remedios que se pueden plantear para afrontarlo ha acabado generando desafección en buena parte de la población, que los ve excesivamente sesgados", explica Timoner.

Los analistas afean a la izquierda haber "contaminado" la agenda medioambiental de cuestiones que nada tienen que ver con el cuidado del planeta. "A menudo mezclan el ecologismo con el feminismo, el anticolonialismo o la justicia social, y esto ha acabado provocando rechazo en mucha gente que no comparte esas demandas políticas", diagnostica el economista, que señala sin ambages al gran pecado original que, en su opinión, han cometido las formaciones progresistas en el abordaje de este problema: "Han aprovechado la crisis climática para colar un discurso anticapitalista que aboga por el decrecimiento económico, y el resultado está siendo contraproducente. El objetivo debería ser descarbonizar el planeta, y eso no se logra con menos capitalismo, sino con más", advierte.

También critican que las medidas sugeridas desde la izquierda para hacer frente al desafío climático han puesto demasiado énfasis en prohibir y muy poco en incentivar. "La mayoría de las propuestas tienen un espíritu intervencionista y mucha gente ha acabado asociando el cuidado del planeta al pago de nuevas tasas y a limitaciones a su libertad", se queja Timoner, que pone como ejemplo de buena práctica el sistema de envases retornables que funciona en Alemania, donde hay máquinas que devuelven dinero a los consumidores que entregan latas o botellas vacías. "Se trata de convertir a los ciudadanos en cómplices de esta lucha, no en mártires de una causa que cada vez ven más difícil y ajena", apunta el economista.

El ecologista de derechas. Portada

El ecologista de derechas. Portada / EPC

¿Lo verde es sexy?

Los investigadores también tienen reproches para las filas conservadoras, que en su opinión no han sabido explicar a su electorado el calibre de la amenaza climática a la que nos enfrentamos y los beneficios que pueden obtener si se aplican medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. "La derecha se ha limitado a hacer un análisis frío de los datos, pero no ha conseguido venderles a sus votantes la lucha contra el cambio climático como algo sexy, no ha explotado políticamente este tema, mientras la izquierda sí lo ha hecho, y con gran éxito", señala Toni Timoner.

Atentos al devenir que la cuestión medioambiental tiene en Europa, los analistas subrayan que el absentismo conservador en este debate resulta particularmente llamativo en el caso español. "En Alemania, Merkel impulsó muchas medidas de corte ecologista. En tiempos de Cameron, los 'tories' eran, en la práctica, el partido verde de Reino Unido. Sin embargo, la derecha española nunca ha sabido poner en valor que el primer ministerio de Medioambiente, la primera oficina de cambio climático y la primera ley de transición ecológica de este país tienen su firma", advierte el economista, quien reconoce un "triste círculo vicioso" en esta estrategia: "La derecha no se atreve a hablar de cambio climático porque cree que su electorado considera este asunto propio de la izquierda, pero las encuestas revelan que esos votantes están deseando que les hablen de estos temas desde postulados familiares y cercanos".

A fin de cuentas, ¿cuáles son esos postulados? ¿Es posible una agenda ecologista de derechas? "Por supuesto que sí. Consiste en ser más rigurosos que la izquierda a la hora de analizar este reto, evitar los discursos alarmistas que ahuyentan a la gente y poner el acento en las ventajas que obtendríamos si apostáramos por una agenda verde útil y eficiente. No solo ventajas medioambientales, también económicas, que es algo que la izquierda rehuye", responde Timoner, y añade: "Si la derecha logra articular un discurso ecologista que atraiga a sus votantes, al final ganaremos todos, porque habrá más ciudadanos apoyando esta causa".

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