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Tras derrota Orban

La irrupción de Magyar reconfigura las fuerzas en la derecha e incentiva a Abascal a reconstruir puentes con Meloni

El triunfo de Peter Magyar en Hungría, que sucederá a Orbán, altera el equilibrio político en España, especialmente para el Partido Popular y Vox, que ahora reajustan sus estrategias

Péter Magyar, líder de la oposición húngara

Péter Magyar, líder de la oposición húngara / BOGLARKA BODNAR / EFE

Mariano Alonso Freire

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Madrid
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La irrupción en escena de Peter Magyar, el hombre de 45 años que tras su arrollador triunfo en las elecciones en Hungría del pasado domingo sucederá a Viktor Orbán como primer ministro de aquel país, no es un acontecimiento cualquiera. Ni en su país, que deja atrás una de sus etapas más importantes políticamente, tras dieciséis años ininterrumpidos del líder de Fidesz en el poder, ni en la Unión Europea (UE), que deja de tener el escollo de un gobernante cada vez más cercano al presidente ruso, Vladimir Putin, y por ello igualmente reacio al apoyo a Ucrania en la guerra. Ni, tampoco, en España, donde no es ningún secreto que ha tenido en el presidente de Vox, Santiago Abascal, a uno de sus principales aliados.

El cambio de guardia en ese país del este de Europa altera de alguna manera el equilibrio en la derecha española. El Partido Popular (PP) no tardó en sacar pecho esta semana por la victoria de uno de los suyos, aun cuando Magyar no sea aún miembro del Partido Popular Europeo (PPE), cosa que no tardará en ocurrir, y aun cuando su triunfo se deba al sustento político que le ha dado una plataforma transversal, unida por su oposición a Orbán, lo que ha diluido, al menos momentáneamente, las diferencias ideológicas en el seno de la misma. "Es algo más que la victoria de una ideología. Es algo más profundo. Es también la derrota de una forma de entender la política y de una forma de entender el ejercicio del poder", verbalizó el presidente del PP.

Alberto Núñez Feijóo, en su discurso del pasado martes ante los diputados y senadores del PP, ironizó sobre la desaparición de la izquierda húngara del Parlamento y sobre el hecho de que, al mismo tiempo, la izquierda española, empezando por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, haya celebrado el resultado de las elecciones en Hungría. Una euforia compartida entre el PP y el PSOE que, huelga, decir, Vox no ha dudado en aprovechar a beneficio de inventario, para volver a denunciar la supuesta connivencia de fondo entre los dos grandes partidos españoles.

Los de Abascal, por lo demás, lanzaron una última salva por Orbán y su política antiinmigración, destacando que, en contra de algunos pronósticos, el líder de Fidesz aceptó con total normalidad democrática su derrota, y alertando de una gran campaña internacional para provocar el cambio de Gobierno en Budapest. Maniobra en la que habrían participado líderes como el expresidente demócrata de Estados Unidos, Barack Obama, o el ínclito financiero húngaro George Soros, que en unos meses cumplirá 96 años y sobre el que Abascal ha preguntado una y otra vez a Pedro Sánchez por sus vínculos con él.

Por su parte, la vicesecretaria del PP, Alma Ezcurra, resumió que "el partido de Feijóo gana un primer ministro y Patriotas pierde uno", en referencia a la familia política europea que desde 2024 preside el propio Abascal y que además de Fidesz cuanta entre sus filas con el partido de la líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen.

De la necesidad virtud

Sin embargo, y entre bambalinas, hay quien en el mundo conservador, y no lejos de los centros de poder del mismo, cree posible hacer de la necesidad virtud. O dicho de otro modo: se observa con cierto alivio lo sucedido, por cuanto supone, derrotado Orbán, el reforzamiento de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, como la gran figura de referencia de la internacional derechista en Bruselas. La misma que ya gobierna en coalición con la derecha tradicional de Forza Italia y con la otra derecha radical o populista, la de La Liga de Matteo Salvini, y la misma que ha podido incluso levantar la voz ante Donald Trump a cuenta de la guerra en Irán. Algo que contrasta con un Orbán por el que hizo campaña in situ el mismísimo vicepresidente norteamericano, JD Vance.

Todas estas consideraciones, de cara al entendimiento entre el PP y Vox que se antoja imprescindible si el bloque de la derecha aspira a desalojar en 2027 a Sánchez de la Moncloa, no parecen una mala noticia. Por supuesto para Génova, pero pasado el luto por el aliado ex primer ministro de Hungría, tampoco en Bambú, donde el acuerdo en Extremadura para investir de nuevo presidenta de la Junta a María Guardiola, que tendrá al líder autonómico de Vox, Óscar Fernández, como vicepresidente, renueva el perfil institucional del partido, tras la salida abrupta de todas las coaliciones en 2024.

Con Orbán fuera de la ecuación, Abascal tiene menos incentivos para alinearse, como hasta ahora, con Fidesz. Y sí muchos para volver a potenciar su relación con Meloni, nunca deteriorada pese a optar por Patriotas y no por los reformistas, donde se ubica la primera ministra de Italia, en Europa. Algo no especialmente difícil en el plano personal, pues de entre los muchos e importantes dirigentes internacionales que nutren su agenda (varios primeros ministros como los citados, o el presidente de Argentina, Javier Milei) con pocos como Meloni, una dirigente que habla un perfecto castellano, ha trabado el líder de Vox una relación tan personal.

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